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Día del Padre, reconocimiento al papá mexicano

Padres comprometidos - Patrik Hägglund
Padres comprometidos - Patrik Hägglund
El Día del Padre es un momento para destacar a aquellos que han roto los estereotipos que rodean la paternidad mexicana.

Entre las versiones que relatan el origen de este día destaca la estadounidense, cuando Sonora Smart Dodd tuvo la idea de reconocer al hombre que le dio la vida y cuidó de ella y sus cinco hermanos cuando enviudó; la propuesta fue bien recibida y el 19 de junio de 1910, día del cumpleaños de Henry Jackson Smart, se celebró por primera vez el Día del Padre en Sopkane, Washington.

Aunque la celebración comenzó a hacerse extensiva en todo el país, fue hasta 1924 con el presidente Calvin Coolidge que se proclamó fiesta nacional, y en 1966 Lyndon Jonhson estableció el tercer domingo de junio como día oficial.

En algunos países católicos este se ha ligado a la festividad de San José, el padre de Jesús, y se celebra el 19 de marzo, pero tanto en México como en otros países latinoamericanos es tradición celebrarlo durante el mes de junio.

El padre en un país machista

Mientras la historia de este día se relaciona con hombres dedicados y amorosos, en la sociedad mexicana el concepto de padre ha sido cambiante e incluso apunta al otro extremo: al descuido y a la falta de interés. En un país cuyas prácticas continúan siendo inherentes al término “machista”, el lugar que tiene el hombre en el hogar y las repercusiones en la vida familiar no siempre son consideradas trascendentes comparado con el éxito de logros profesionales y económicos.

México es un país cuyos hogares están cimentados en un matriarcado, pues a pesar de la importancia que durante décadas tuvo el hombre en el sustento de la familia, ha sido la mujer la encargada de mantener un orden y correcto funcionamiento en el hogar. Actualmente esta se ha insertado en la vida laboral por razones económicas y de desarrollo personal, pero sigue presente en el trabajo doméstico.

La figura materna es tan importante que continúa presente en el transcurso de la vida de sus hijos, vista como el pilar y refugio de estos mientras al padre muchas veces se le relaciona con mano dura, exigencias, temor y ausencias.

El padre ausente

Los años han transformado el concepto de familia: las madres solteras se han incrementado y es común escuchar de hogares donde la madre es jefa de familia y responsable tanto económica como emocionalmente de sus hijos. El incremento en el número de divorcios, que según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía fue de 81.851 en 2008 , también ha propiciado la figura del padre ausente.

Este fenómeno no siempre es consecuencia de una ausencia física, pues la salida a los trabajos y las largas jornadas mantienen a los padres alejados de la dinámica familiar. Marina Castañeda plantea en su libro Machismo invisible que “el padre involucrado, informado y participativo ha cedido el lugar al padre despistado, arbitrario y agotado. Ya no es un ejemplo vivo para sus hijos, sino una simple referencia que no acaba de llegar a casa”.

Esto trae repercusiones tanto en la dinámica de pareja como en el desarrollo emocional de los hijos, pues requieren del afecto, atención y ejemplo de su padre como identificación y reforzador de valores y autoestima.

La realidad del padre actual

Sin embargo, desde hace varios años la figura del padre autoritario y rígido se ha ido desvaneciendo con la adopción de nuevas formas de educar y relacionarse con sus hijos al involucrarse y superar las barreras de género, es decir, la creencia de que esta tarea corresponde únicamente a las mujeres. También algunos estudios han aportado y destacado la importancia no solo de la presencia, sino del compromiso, comunicación y muestras de afecto por parte del padre, superando la idea que subraya que los hombres no deben demostrar cariño.

Con las nuevas tendencias de la paternidad, es momento de dar un voto de confianza y reconocer a aquellos padres que han apostado por ser parte tanto de la educación como del cuidado de los hijos e incluso de las tareas del hogar; situación que poco a poco ha tomado terreno México, cuya sociedad día a día lucha por una equidad al deslindarse del velo machista que nubla el camino.

Actualmente se habla de hombres que cambian pañales, se despiertan a media noche, llevan a los niños a la escuela, son cariñosos, tiernos, juegan y escuchan. Son padres que también se han tenido que enfrentar a ejercer este papel en soltería, 841.000, según cifras del Consejo Nacional de Población, mientras otros se encuentran en busca de una custodia compartida o completa sin el apoyo que tienen las mujeres.

Los hombres han desafiado estereotipos y se han comprometido más con sus hijos, pero no se pueden dejar atrás a aquellos que años antes cuidaron, proveyeron, educaron y aconsejaron a sus hijos, pues a pesar de los diferentes contextos y cambios en la sociedad siempre han existido aquellos que privilegiaron el amor.

Ser padre no es una condición actual, se trata de un compromiso que se adquiere desde la decisión de formar una familia, y es responsabilidad tanto del hombre como de la mujer permitir que se involucre en las labores pertinentes; ceder y relegar tareas es un paso importante, así como reconocer la importancia de la figura masculina en la vida de los hijos: un niño que sienta el cariño, respeto e interés de su padre, tendrá mayores herramientas para enfrentar la vida.

Es momento de dejar las distinciones y ataques y reconocer que tanto madres como padres tienen una influencia, trascendencia y valía para sus hijos.

Marisela, Victor Fuentes y Raymundo Cuevas

Marisela Valencia Tapia - Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Autónoma Metropolitana en México, pero apasionada de la ...

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