Una servilleta caída por la ventana de un apartamento puede esperar a ser recogida, medie el tiempo que sea; la reparación de un aparato de aire acondicionado, aún en pleno verano no es motivo para que el técnico altere su parsimoniosa ruta de trabajo; la natural y lógica cola en cualquier tienda no se inmuta porque el comerciante dialogue, sin prisa alguna, con quien le apetezca acerca de la crisis mundial o las últimas peripecias del "Sálvame diario"; la consulta médica no se alborota un ápice porque el doctor esté viendo la corrida de toros, en la plaza naturalmente, ¡faltaría más!, si estamos en la Feria de Agosto de Málaga y todo el mundo lo sabe y lo reconoce y, por ello, los pacientes no con resignación, sino con una espontánea naturalidad, se llevan para "matar el rato" un libro, electrónico o no, una videoconsola y muchas señoras los útiles necesarios para realizar sus labores de punto o ganchillo porque ya llegará el invierno y, de momento, el espectáculo taurino tardará dos horas largas.

Así es Málaga y de esta manera se vive en Málaga

Tranquila, pausadamente. Nadie tiene por qué prepararse en el autobús antes de llegar a su parada. Ya se detendrá y entonces nos levantaremos del asiento y nos dispondremos a salir para bajar con casi total quietud, ¡para qué tanta "bulla"!

En Málaga se vive; en modo alguno se sufre con las prisas o el nerviosismo y lo bueno, sin duda lo mejor, es que semejante actitud es generalizada o congénita, según informes de entendidos en la materia, ya que se ha mantenido a lo largo de los años conservando invariable su vigencia para orgullo y satisfacción de todos los que han nacido en tan bella capital.

El cambio temporal de vida es la mejor terapia

Sin duda, un alto en el camino, siempre es beneficioso para el cuerpo y si, además, aspiramos a la felicidad en todo momento, nuestro interior sabrá agradecerlo. De ahí, la importancia de modificar nuestros hábitos cada cierto tiempo, huyendo de la pertinaz monotonía impuesta por el trabajo, las costumbres y el lugar de residencia. Es el fundamento de las vacaciones y de su necesidad, pero seamos consecuentes teniendo especial cuidado no en cambiar el tipo de los problemas veraniegos, sino en eliminarlos.

De poco vale trasladarse de una a otra ciudad donde lo fundamental es similar y en consecuencia el ansiado y benefactor cambio no existe. Si en verdad queremos descansar en todos los sentidos, elegiremos Málaga, la bonita capital del sur, aunque al principio nos desconcierte la idiosincrasia del malagueño.

Llegar a Málaga es despertar a una nueva realidad

Se achaca a Málaga la indolencia de sus habitantes pero no se reconoce, casi nunca, la inefable conducta de los mismos. Al solicitar información acerca de una calle o un edificio, el malagueño preguntado no sólo nos contestará con su gracejo especial sino que nos acompañará solícito hasta el lugar indicado, aunque insistamos en que no es necesario; la sonrisa a nuestro agradecimiento, sin duda, es la mejor gratificación a su espontáneo ofrecimiento.

En efecto, como en su mayoría estas personas son así, es justo reconocerlo, divulgarlo y por supuesto tenerlo en cuenta en la programación anual de nuestras vacaciones.

En Málaga no hay prisa para nada

Todo lo que razonablemente no puede terminarse esperará a mañana, parece ser la mentalidad de los malagueños y puede que estén en lo cierto, pues aunque los demás también merecen respeto, nunca se ha escrito nada bueno referente al estado de tensión proporcionado por la inquietud y el desasosiego. Hoy más que nunca se está sometido de continuo a presiones exacerbadas en todos los sentidos y frentes de nuestra vida que, en ocasiones, la hacen desesperante cuando no enfermiza.

Aplausos, pues, a todos los que saben romper con tales lacras, aún a costa de parecer un poco pusilánimes ante una sociedad generalizada, que sólo piensa en rentabilizar a cualquier precio lo más sagrado de la vida que es nuestra propia existencia.

Elegir barrio en la gran ciudad y Málaga para descansar

No siempre al vivir en una ciudad grande, como Madrid, se puede elegir un barrio preferido, un lugar donde vivir sano y bien como puede ser el barrio de Moratalaz. Circunstancias obvias pueden impedirlo y se ha de soportar, con resignación, las molestias e incomodidades que conlleva la aglomeración.

Es cierto que también se cuenta con los innumerables beneficios que aporta en todo momento la gran ciudad y, en esa compensación, discurre año tras año nuestra labor y vida familiar. Ahora bien, cuando sí está a nuestro alcance elegir el destino vacacional, para muchos españoles y foráneos las estadísticas avaladas por las visitas anuales, dan como lugar preferente Málaga por todas las circunstancias expuestas que, como colofón, puede resumirse que "Málaga cantaora", como escribiera Manuel Machado en su poema, tiene además la gran virtud de enseñar a vivir.