Esta dificultad se presenta cuando se manifiesta inapetencia para mantener relaciones sexuales. Cuando esta falta de interés se produce de una forma continuada en el tiempo, es cuando se denomina deseo sexual inhibido, o bajo deseo sexual.

Algunas personas no desean mantener relaciones sexuales porque tienen miedo, o porque se sienten mal sólo con pensar en ellas, por lo que evitan todos, o casi todos, los contactos genitales con la pareja sexual, denominándose a este tipo de comportamiento aversión hacia las relaciones sexuales

Asimetría en la frecuencia de la relación sexual

La persona que tiene más interés en mantener relaciones sexuales tiende a iniciar los contactos sexuales con mayor frecuencia de lo que desea el otro.

A su vez, el que tiene menos interés sexual percibirá a su pareja cómo muy agobiante y para evitar la relación sexual desarrollará una conducta de evitación, rehuyendo el contacto físico con su compañero y, al mismo tiempo, restringirá todo tipo de caricias o besos, para disuadirle de cualquier deseo sexual.

Por tanto, el que desea mantener relaciones sexuales, se siente rechazado y no querido. La pareja sufre un declive importante en su relación, debido a este desajuste sexual, dando lugar a un sufrimiento emocional, al no sentirse comprendidos ninguno de los dos.

El deseo sexual inhibido, es el problema más frecuente de la primera fase de la respuesta sexual humana que es el deseo. La frecuencia en mujeres se sitúa entre el 1 y el 35%, mientras que en hombres la frecuencia está entre el 1 y el 15% de la población general.

También son importantes de destacar los datos aportados por Frank y Col, que encontraron que el 2% de las mujeres de nivel socioeconómico alto no mantenían relaciones sexuales con sus maridos y que en un 8% de ellas la frecuencia era menor de una vez al mes.

Diferencia entre deseo sexual inhibido primario y secundario

Cuando las personas nunca han experimentado deseo sexual a lo largo de sus vidas, se denomina primario. Pero si el deseo ha empezado a disminuir poco a poco a partir de un determinado momento, después de haber tenido un deseo sexual normal anteriormente, se considera deseo sexual inhibido secundario.

La frecuencia de mujeres que acuden a la consulta debido a su bajo deseo sexual está alrededor de un 51% del total de los casos, mientras que en hombres sólo se da en un 10%. Es decir, este tipo de problemas es más común en mujeres que en hombres.

Explicación a través de factores orgánicos y psicológicos

Entre los factores de tipo orgánico se pueden considerar los trastornos endocrinos y la insuficiencia renal. Según los datos de los estudios realizados de Schwartz y Bauman (1.981), entre un 10 y un 20% de los hombres que padecen bajo deseo sexual tienen tumores en la hipófisis, lo que les hace producir grandes cantidades de prolactina, que inhibe la producción de la testosterona y genera, además de un bajo deseo sexual, en algunos casos, disfunción eréctil.

También se ha demostrado que el alcohol y otras drogas, cuando se consumen en exceso, pueden producir disminución del deseo sexual.

La mayor parte de los problemas sexuales son psicológicos

Se ha comprobado que cuando una persona sufre una disfunción sexual puede terminar padeciendo bajo deseo, aunque no suele ser lo normal dentro de los problemas del deseo sexual inhibido.

Un importante factor psicológico que está involucrado en el bajo deseo sexual es la ansiedad que se experimenta por el hecho de mantener relaciones sexuales.

Esta ansiedad se puede haber generado por culpa de una educación muy represiva. Es frecuente, asimismo, la ansiedad anticipatoria ante el hecho de tener que mantener una relación sexual. También hay personas que tienen miedo a mostrarse en la intimidad.

Tener ansiedad no significa tener dificultades sexuales

No obstante, no todo el que padece ansiedad tienen necesariamente dificultades en sus relaciones sexuales y, al contrario, el bajo deseo sexual se puede dar en personas que nunca han manifestado síntomas de ansiedad, aunque sí pueden tener falta de vitalidad e, incluso, depresión.

El percibir una imagen negativa de uno mismo, sentirse sin atractivo y, en general, los sentimientos negativos, favorecen la posibilidad del bajo deseo sexual. Cuando la persona no se siente atractiva, se incrementa la inseguridad personal y surge la ansiedad.

La rutina en las relaciones sexuales

Otro factor importante que contribuye al bajo deseo sexual es la pérdida de la magia, puesto que, al mantener relaciones monótonas y mecánicas, con el paso del tiempo el interés sexual se va perdiendo, poco a poco, y se llega a padecer el temido deseo sexual inhibido.

El deseo sexual inhibido y la falta de fantasías sexuales

En la mayoría de los casos, el deseo sexual inhibido se debe a la ausencia de fantasías sexuales, de deseos de actividad sexual y a la falta de erótica.

Las fantasías en las relaciones sexuales son fundamentales. Cuantas más fantasías tenga una persona a la hora de mantener una relación sexual, más enriquecedora, placentera y satisfactoria será ésta.

No es imprescindible escenificar las fantasías, ni mucho menos, ya que son mentales y, como tal, cada uno tiene las suyas. Tampoco hace falta hablar de ellas, ni compartirlas; lo importante es que funcionen para disfrutar de la relación.

Por tanto, la buena noticia es que, si se quiere, el deseo se puede reconstruir.