Llegar al Salar de Uyuni no es tarea fácil. Primero hay que coger el tren desde Potosí para poder llegar a Uyuni. Una vez allí, la tarea es encontrar una buena agencia de viajes que le permita hacer el recorrido (3 días por regla general) en un todoterreno por un precio aceptable. Se va acompañado por un guía y una cocinera, pues es peligroso ir solos. Lo mejor es comparar y regatear un poco los precios antes de escoger.

Para no pasarlo mal en el viaje, es aconsejable la ropa de abrigo, pues las temperaturas por las noches descienden hasta los 20ºC bajo cero y los alojamientos no están equipados con calefacción ni agua caliente en las ducha.

Qué ver en el Salar

La primera parada de la excursión es el cementerio de trenes, un lugar fascinante. Contrastando con el paraje desierto en que se encuentra, un conjunto de hierros y locomotoras antiguas se convierten en una de las atracciones turísticas favoritas. Es un buen lugar para tomar interesantes fotografías de estos trenes, que fueron de los primeros de Bolivia.

Una vez se deja atrás, ya nos adentramos en el Salar. Tiene una superficie de 10.582 km² y una reserva de nueve millones de toneladas de litio, además de potasio, boro y magnesio. Lo único que se ve es un desierto blanquecino que rompe su homogeneidad por las montañas de sal que se acumulan. Según los especialistas, el Salar es lo que queda del antiguo lago Tauca, que se secó hace unos 10.000 años. La siguiente parada es el Hotel de Sal, que esta edificado únicamente con ladrillos del mineral. Las paredes, las mesas, las sillas, la decoración y todo lo de este hotel esta hecho de sal, y es una aventura interesante pasar unas noches aquí.

Muy cerca se encuentra un lugar sorprendente:la isla del Pescado o Inka Wasi. Es una superficie de tierra en medio del salar en el que crecen cactus y vegetación variada. Se puede pasear en por la isla y aprovechar para subir hasta la cima, donde se tiene una excelente panorámica y se pueden hacer fotos increíbles.

Reserva Nacional de Fauna Altoandina Eduardo Avaroa

Esta Reserva Nacional, a una altitud de entre 4.000 y 6.000 m, es una región con extensas planicies y mesetas rodeada por la Cordillera Occidental.

Uno de los lugares naturales más importantes de la región es la Laguna Colorada. Lo que más destaca de ella es el color rojizo que tiene, que varia su tonalidad según la luz del día. El color se debe a unos microorganismos que habitan en la laguna y la hacen muy especial. Las orillas son blancas y, pese a la temperatura de entre 10º y 10º bajo cero, esta poblada de cientos de flamencos rosas. Es una visita muy bonita y para los aficionados a la fotografía es una delicia, aunque hay que ir preparado para un frío extremos y instalaciones muy sencillas.

Muy cerca se encuentra el Árbol de piedra, una forma rocosa que se asemeja a un árbol gigante. Es curioso ver en esta zona las formas que adoptan las piedras. Hay auténticos bosques con piedras de todos tipos, algunas muy curiosas.

Otra de las visitas que merecen la pena en la Reserva es la Laguna Verde. Es una laguna espectacular, de color verde esmeralda, que tiene como telón de fondo el volcán Lincacabur, que marca la frontera con Chile. En esta ocasión, la coloración del agua responde al alto contenido en magnesio que posee. A diferencia de las otras lagunas de alrededor, en esta no hay ningún tipo de vida.

Para finalizar la visita al Salar de Uyuni, a primera hora de la mañana se suele ir a visitar los géisers naturales que abundan en la zona. Con un olor nauseabundo debido al azufre y una atmósfera cargada de humo, son también un lugar increíble para finalizar el viaje.