La hormona recién descubierta se llama irisina y se segrega al practicar actividad física. Entre sus propiedades, ayuda a quemar calorías con eficiencia incluso cuando ya se ha acabado de hacer ejercicio.

La hormona aclara por qué la actividad física mejora la salud de personas con diabetes u obesidad y, administrada como fármaco, podría mejorar el tratamiento de estos pacientes.

Los investigadores que la han descubierto, de la Escuela de Medicina de Harvard (EE.UU.), han creado una compañía que desarrollará un fármaco a partir de la hormona.

Mensajera de los beneficios de la actividad física al organismo

Los expertos en salud afirman que bastan 30 minutos de actividad física de intensidad moderada 5 días por semana para estar en forma, mantener y mejorar la salud y controlar el peso.

Pero hasta ahora se conocía parcialmente qué pasa en el interior del organismo para que se alcancen esos beneficios.

Investigadores de Estados Unidos, Italia y Dinamarca encontraron una respuesta: descubrieron una hormona que ayuda a quemar la grasa del cuerpo.

Un hallazgo, difundido esta semana por la revista británica Nature, con grandes posibilidades de conducir a un fármaco para tratar a personas con obesidad, diabetes tipo 2, y –quizá– otros desórdenes.

Tan llamativo es el efecto de esta hormona que sus descubridores, los científicos liderados por Bruce Spiegelman, del Instituto del Cáncer Dana-Farber, que está afiliado a la Universidad Harvard de los Estados Unidos, le pusieron nombre a la hormona: irisina, en honor a la diosa griega Iris, que en La Illíada de Homero se la describe como “la mensajera de los dioses”.

La hormona es la mensajera de trasladar los beneficios de la actividad física al organismo. La irisina se presenta así como la hormona que transporta un mensaje de salud desde los músculos hasta la grasa.

PGC1-alfa, proteína que segrega la irisina

En una elegante serie de experimentos presentados el 12 de enero en la revista Nature, el equipo de Spiegelman ha demostrado que, a partir de la proteína PGC1-alfa, se segrega una hormona hasta ahora desconocida a la que han denominado irisina.

Esta hormona llega a través de la sangre a las células de grasa blanca (o grasa mala, ya que su exceso es perjudicial para la salud) y ayuda a que se conviertan en grasa parda (o grasa buena, ya que es beneficiosa).

Esta proteína tiene varios efectos positivos en los propios músculos. Sin embargo, hacer ejercicio no sólo es saludable para los músculos, sino para todo el organismo.

Faltaba descubrir cuáles son los mecanismos por los que la actividad física mejora el metabolismo más allá de los músculos.

Posible eficacia para el tratamiento de la obesidad y la diabetes

“Había una sensación, en este campo científico, de que el ejercicio le hablaba a varios tejidos en el cuerpo. la pregunta era ¿cómo?", ha declarado Bruce Spiegelman, profesor de biología celular y director de la investigación, en un comunicado difundido por la estadounidense Escuela de Medicina de Harvard y publicado en la página web del periódico La Vanguardia el 13 de enero.

El equipo de Spiegelman encontró que la hormona irisina tiene efectos directos sobre el tejido graso o grasa blanca, que almacena el exceso de calorías y contribuye a la obesidad.

En experimentos realizados con ratones, los investigadores de Harvard han comprobado que la actividad física eleva el nivel de irisina en el organismo.

Los niveles de la hormona se elevan por la actividad física (o cuando se la inyectaron en los ratones). Esto gatilla la conversión de la grasa blanca en grasa parda, que es la que puede quemar el exceso de calorías.

Lo demostraron al inyectar pequeñas cantidades de la hormona en ratones sedentarios que eran obesos y pre-diabéticos.

Con 10 días de tratamiento, consiguieron un mejor control de la glucemia y perdieron un poco de peso.

Los científicos han observado que, cuando se inyecta irisina en ratones obesos, su metabolismo se vuelve más eficiente, de modo que queman más calorías incluso si siguen comiendo tanto y moviéndose tan poco como antes; por lo tanto, la irisina podría ser eficaz para el tratamiento de la obesidad.

Igualmente importante, los ratones a los que se inyectó irisina mejoraron el control de su nivel de azúcar en la sangre; por lo tanto, la irisina podría resultar eficaz también para el tratamiento de la diabetes.

Estos resultados "abren un panorama muy interesante y esperanzador", señaló el 12 de enero Anna Nuvials, directora del laboratorio de diabetes y obesidad del instituto de investigación Idibaps del hospital Clínic.

"Nos hemos quedado sin medicamentos para ayudar a perder peso a estos pacientes y todos estamos esperando algo nuevo".

Pero Nuvials advirtió que hay que esperar a ver cómo avanza la investigación para saber si la irisina puede llegar a convertirse en un fármaco útil para las personas.

Opinión de los expertos sobre los beneficios de la hormona

En declaraciones a la web de Taringa el 15 de enero, el investigador en biología molecular del Conicet y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, Marcelo Rubinstein, declaró que “Es un hallazgo interesante: descubrieron una hormona y su mecanismo de acción para hacer que el organismo pierda peso y controle la glucemia. Reivindican también el valor de la investigación básica: porque hay un potencial terapéutico para tratar enfermedades”.

En cambio, Jorge Navarro, presidente de la Sociedad Argentina de Lucha contra el Sedentarismo, matizó que “Puede ser que el hallazgo conduzca a un fármaco, pero se seguirá dentro de un paradigma equivocado: en lugar de medicalizar todo, habría que impulsar la educación para la salud, con más regulación a la industria alimentaria y más promoción de la actividad física en todas las edades”.

Desarrollo de un fármaco basado en la irisina

Aunque saben que falta más investigación, Spiegelman ya consiguió 34 millones de dólares y abrió su propia empresa para ponerse a desarrollar una droga.

Por ahora, los investigadores de Harvard han observado que las personas físicamente activas tienen niveles más altos de irisina que las sedentarias. Y que "la irisina de ratón y la humana son idénticas al 100%", según escriben en Nature.

Pero falta comprobar si los beneficios observados en ratones se repiten en personas y si la hormona, administrada como fármaco, tiene efectos secundarios aceptables.

La compañía farmacéutica Ember Therapeutics, fundada por el propio Bruce Spiegelman, ha iniciado el desarrollo de un fármaco basado en la irisina.

Según los cálculos del investigador, los ensayos clínicos en personas podrían iniciarse en un plazo de dos años.

En próximos experimentos, Spiegelman tiene previsto estudiar también qué tipos de actividad física producen un aumento más pronunciado de irisina en personas sanas.