SI bien no son contemporáneos, Ana Eckell y Francis Bacon representan en sus obras, de manera obsesiva y sombría, al cuerpo humano. La articulación de sus pinturas, tiene que ver más con la desacralización de los cuerpos que con la representación en sí del ser humano.

En Study for the nurse in the film Battleship Potemkin (1957), Bacon toma la imagen de la enfermera con los anteojos rotos del film El Acorazado Potemkin de Einsentein, para exprimirla hasta dejarla sin aliento. Allí, la figura de una mujer, completamente blanca, desnuda, con formas inconclusas, sin pelos, grita de manera desgarrante. Similar sensación de representar la carne como espasmo, se percibe en la obra de Ana Eckell.

En su obra S/T (1986), aparecen los dientes blanquísimos, una especie de leitmotiv visual en los cuadros Eckellianos, mordiendo los senos de una mujer rubia, casi retorcida en su deformidad, ante la mirada de otro personaje. Tres figuras que se mezclan en una masa carnívora, aparecen y desaparecen en tres rostros cargados de líneas. Casi todas las mujeres que pintó Eckell en los ochenta, son bosquejos, sin terminar, apariencias animales, restos de dolor y ahogo. Son cuerpos suspendidos en la superficie del cuadro, perseguidos por animales y hombres.

Por tanto, ambos pintores utilizaron la deformación como una manera de concebir al cuerpo como algo que está por-fuera-de, como ilusión, como inestabilidad y descontrol.

Contexto de producción

Las analogías de representaciones pueden también trasladarse a las de contexto de producción. Francis Bacon es uno de los artistas ingleses más importantes de la posguerra. En contraste con la pintura abstracta e informal predominante en la época, él se hace estandarte de una pintura figurativa expresionista que estruja en toda su violencia la desolación de la condición humana.

El pintor anglo-irlandés interpretó que "la mayor parte de un cuadro siempre es convención, apariencia”, por lo que intentó eliminar eso de sus cuadros para “buscar lo esencial, que la pintura asuma de la manera más directa posible la identidad material de aquello que representa”. La manera de deformar, aseguró el artista, acerca mucho más al ser humano que “si me sentara e hiciera mi propio retrato”. De esta manera, Bacon intentó distorsionar la estabilidad del punto de vista. El retrato conceptual no es otra cosa que un intento por transformar el estereotipo de un retrato convencional, para abrir puertas a múltiples lecturas.

Por su parte, las obras de Ana Eckell, a diferencia de los artistas que volvieron a pintar con la recuperación democrática de 1983 con un estilo figurativo, retomaron el desnudo femenino para manipularlo en clave expresionista y exponer los tormentos padecidos.

Carlos Espartaco, uno de los críticos de arte más importante de aquellos años, expuso una mirada sobre las obras de Eckell, diciendo que “los dibujos y pinturas de Eckell, se han transformado en relatos que fluctúan desde el humor al horror no sólo porque los temas apuntan a este tipo de secreciones, sino porque toda la posición narrativa de su obra actual parece estar dominada por la necesidad de atravesar la abyección donde el dolor (la memoria, los verdugos, los castigos, las ironías) es el lado íntimo, y el horror el rostro público”.

Las formas intangibles y sutiles, sirven no sólo para decir lo que de otro modo no es posible hacer, sino para superar el impacto ante el horror y crear imágenes que aportaran al pensamiento crítico y reflexivo. Sobre esto, Ana Eckell aseguró que “trabajaba gracias a un instinto de supervivencia (...) remontaba la vida en mi taller haciendo esas pinturas siniestras, que expresaban el terror sin obviedades. Recién a comienzos de los Ochenta empecé a mostrar esas cosas. Creí que me iban a cortar la cabeza, pero no pasó nada. La falta de reacción me sirvió para tomar conciencia que la pintura puede ser muy hermética, sutil e intangible”.

El cuerpo como descontrol

Francis Bacon representó icónicamente al cuerpo como un objeto mutilado, sin límites claros entre lo humano y lo animal. Lo que vemos en sus obras es una anatomía de la autodestructividad humana. La muerte invade las telas de Bacon, el cuerpo se desfigura, se pudre, vulnera la frontera de lo orgánico: el cadáver es el punto culminante de la abyección.

En su obra S/T (1986) de Ana Eckell,el tratamiento de la línea, las formas inconclusas, la lengua (como uno de los únicos órganos móviles), los colores y las mixturas furiosas son parte de una velocidad plástica que constituye la dinámica avasallante de las escenas. En esta obra, Eckell establece una tensión entre una pulsión sexual y una de muerte, a la vez que se tocan entre sí, el deseo y la repulsión.

El morder como acto de depredación, está puesto desde un doble lugar, el personaje que muerde y el que es mordido fluctúan en el límite del instinto asesino y el sexual. Un tercer personaje observa la escena con la excitación que le provee el contexto, una pasividad que lo hace partícipe. Asimismo, la ferocidad subsiste por el tratamiento de los animales que adquieren aspectos humanos y los humanos zoomórficos, figuras que son parte del imaginario Eckelleano.

Finalmente, el cuerpo en Bacon y Eckell se transforma en una figura des-controlada que enfrenta al espectador con la idea de muerte, soledad y auto destrucción.