La dermatitis atópica es una enfermedad recurrente y muy pruriginosa que se caracteriza por la aparición de erupciones con aspecto escamoso. En la dermatitis atópica están involucrados tanto los factores ambientales como los constitucionales. Se trata de una enfermedad poco común y de difícil tratamiento. Por lo general está asociada a antecedentes familiares y a ciertas manifestaciones alérgicas como el asma, la rinitis alérgica o la fiebre del heno.

La dermatitis atópica afecta a todas las razas y suele iniciarse antes del año de vida en más del 60% de los casos. Es muy poco común que se inicie en la edad adulta. En cualquier caso se distinguen tres fases en función de la edad: fase del lactante, que va de los dos meses a los dos años, la fase del escolar, que va de los dos a los doce años, y la fase del adulto.

Causas de la dermatitis atópica

No se conocen a ciencia cierta las causas de la dermatitis atópica. Lo más que se puede decir es que se trata, en muchos casos, de una manifestación hereditaria, si bien cabe considerar que estas manifestaciones difieren tanto en el individuo como en la propia familia. Es decir, el estado atópico se puede presentar con distintas afecciones en los miembros de la familia. Mientras uno puede padecer asma, otro sufrir dermatitis atópica. Incluso un mismo individuo puede tener a la vez o en distintos periodos de su vida, diferentes afecciones.

Se ha discutido mucho sobre el papel de ciertos alimentos como uno de los factores desencadenantes de la dermatitis atópica. Los que más se suelen nombrar son la leche, los huevos o el pescado. Sin embargo parece comprobado que la dermatitis atópica evoluciona con independencia a la exposición de estos productos, razón por la que las dietas que evitan dichos productos resultan inefectivas.

Síntomas de la dermatitis atópica

La manifestación de los síntomas de la dermatits atópica se puede agravar debido a la influencia de ciertos factores ambientales, como puede ser la exposición al agua, el estrés o los cambios de temperatura. Las zonas afectadas son la cara, el cuello y la parte superior del tronco. También puede afectar los pliegues de los codos y de las rodillas.

Los síntomas más comunes de la dermatitis atópica son:

  • Picor intenso.
  • Ampollas que supuran y terminan formando costras con enrojecimiento o inflamación alrededor.
  • Erupción cutánea.
  • Áreas de la piel secas.
  • Excoriación producto del rascado.
  • Supuración y sangrado del oído.

Diagnóstico de la dermatitis atópica

El diagnóstico de la dermatitis atópica es clínico y debe incluir como mínimo dos características o más de las que se citan a continuación: antecedentes personales o familiares de enfermedades atópicas, reactividad instantánea a las pruebas cutáneas, blanqueamiento tardío a agentes colinérgicos y cataratas subcapsulares anterior o posterior. En el mismo sentido debe presentar cuatro o más de las características siguientes: palmas con xerosis, histiosis o hiperlineales, pitiriasis alba, queratosis pilaris, queratocono, oscurecimiento y/o pliegues de la piel alrededor de los ojos, palidez facial, aumento de la IgE sérica, propensión a las infecciones cutáneas y tendencia a la dermatitis inespecífica de las manos.

Tratamiento de la dermatitis atópica

En el tratamiento de la dermatitis atópica se utilizarán, en los momentos más álgidos, apósitos húmedos con sustancias antipruriginosas y antiinflamatorias, así como corticoides de baja o mediana intensidad cuando el prurito es muy intenso.

Los corticoides suelen utilizarse asociados al antibiótico. En los casos de dermatitis atópica muy generalizada se puede administrar antibiótico, siendo el más recomendable la dicloxacilina.

Los antihistamínicos se administrarán para controlar el prurito, siempre y cuando el cuadro no sea muy intenso. Los esteroides tópicos habrán de utilizarse con mesura y por periodos no superiores a los 15 días.

En los pacientes donde resulta difícil el control de la dermatitis atópica se utilizan los inmunorreguladores como la ciclosporina o el interferón.

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