Derechos del lector tradicional: el libro como unidad de medida

El libro - García Morán
El libro - García Morán
Rodeados de tecnología, algunos lectores piden la muerte del papel pero ¿existe una relación tan directa entre la lectura por placer y el mundo digital?

Existen varios estudios que demuestran que no se lee de la misma forma ante el ordenador que frente al papel, pero pocos han profundizado en su relación con el contenido de la obra. Anne Mangen, la autora de un informe difundido por el Centro Nacional para la Educación y la Investigación de la Lectura de Noruega, destaca la importancia de la intangibilidad del soporte digital. La separación del texto de su soporte físico lleva a una lectura superficial: "Este modo de leer viene mejor para unos propósitos, como consultar los horarios del tren o leer periódicos, que para otros, como una novela o un complejo ensayo filosófico", explica.

¿La intangibilidad de la lectura?

Antonio Rodríguez de las Heras, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid y director del Instituto de Cultura y Tecnología en la misma, comentaba de forma amena cómo hace unos días una alumna le hablaba de la desazón que le producía la lectura de un libro electrónico, debido a que la obra que iba a leer no estaba entre sus manos, ya que éstas sostenían un aparato..."Es inevitable, el ser humano se va haciendo un ser melancólico, porque a pesar de lo que tenga sentirá la ausencia de lo que ha perdido." Pero ¿por qué perder el libro?

El libro en papel frente al libro digital

Son dos experiencias de lectura distintas por múltiples factores (el peso, la calidad de la edición, la inmediatez, entre otras) pero existe entre ellas una diferencia fundamental: en la lectura tradicional el libro es el instrumento; en la lectura digital el instrumento es el aparato (ereader, tablet, u ordenador) que contiene la obra. Un dispositivo en el que el acto de leer no es más que otra posibilidad dentro de su oferta de ocio y entretenimiento que se ve completada con música, contenidos audiovisuales, navegación por Internet... La lectura pasa a se runa alternativa más en el amplio abanico digital. En el tradicional, mantiene su entidad propia, características que la diferencian de una película, una canción o un juego. No es una posibilidad: es un libro.

Derechos fundamentales del lector tradicional

  1. Derecho a no depender de un enchufe cuando vas a descubrir quién es el asesino, a no quedarte sin batería cuando la protagonista va a elegir entre sus dos pretendientes o uno de los personajes se enfrente a una operación a vida o muerte.
  2. Derecho a doblar el borde de la página para no olvidar que vas por la 72 porque el libro es tuyo y lo doblas por donde quieres y si no es tuyo, el derecho a utilizar un marcapáginas bonito que alguien te compró en uno de sus viaje o incluso confeccionó para ti con sus propias manos.
  3. Derecho a prestarle tu libro a un amigo/a para luego poder "destripar" la historia. Hablar durante horas sobre la carencia de ambientación de la novela, la tensión que genera el final y el tiempo que tardaste en leerlo.
  4. Derecho a leer en la playa. Porque en la playa hay arena el sol refleja y las olas llegan a veces a lugares insospechados, sin que por esas obviedades tú tengas que gastar dinero o simplemente prescindir de tu derecho.
  5. Derecho a alejarte por un rato de la tecnología y a olvidarte de etiquetar o comentar; a leer textos de más de 140 caracteres que no sean extractos de posts o entradas resumidas de un blog; a descifrar frases sin palabras subrayadas que enlacen directamente con un diccionario.
  6. Derecho a acudir a la biblioteca y a escoger un libro por la portada o por el lomo. Y el día que no aparece ninguno, preguntar a un bibliotecario, buscando en su figura el consejo de la experiencia.
  7. Derecho a esperar por leer un libro que te gusta.Porque está prestado. Porque aún no ha llegado a la librería. Porque a tu amigo se le olvida siempre llevártelo al trabajo. Porque aún nadie lo ha escrito aún. Entonces tendrás que comenzar a pensártelo. O no: escribe.
  8. Derecho a regalar historias. Pensar en una persona a la que quieras y acordarte de un título con el que podría sentirse identificada. Buscar una obra en la que alguno de los personajes se llama como ella. Dedicarle el libro.
  9. Derecho a perder el tiempo en una librería buscando títulos que has descubierto, por ejemplo, gracias a un amigo, a un anuncio, a una referencia en una revista e incluso ¿por qué no? a través de Internet.
  10. Derecho a tener una biblioteca personal en el salón de casa donde haya obras que te recuerden a unas vacaciones; libros que te hayan regalado por un cumpleaños; otros que recuperaste de casa de tu abuela; incluso algunos ejemplares que aún no hayas tenido tiempo de leer.

Al final las historias no cambian

Es cierto, independientemente del formato escogido la experiencia siempre se basa en una historia (argumento) que alguien (escritor) quiere compartir con otras personas (lectores). Personas que sobretodo leen en solitario y buscan en los libros simplemente un tiempo de desconexión placentero, para disfrutar cuando quieren y donde les apetece. Gente que aún desea hacer las cosas por el placer de hacerlas y no descubre en el acto de leer la necesidad de generar conocimiento, hipervincularlo o enriquecerlo.

Pero los tiempos sí, ¿y los libros?

Cada lector es un mundo. Es por eso más que necesario no reducirnos a meros usuarios tecnológicos sino defender y abanderar nuestro derecho fundamental de leer por leer. Como dijo Wolfgang Iser, teórico de la literatura, al definir la lectura: "es como si al leer no avanzaramos sobre el libro sino sobre nosotros mismos". Por tanto, experimentar el placer de perder el tiempo en otras historias que no son las propias aunque las sostengamos entre las manos.Y ¿por qué no? Nuestro derecho a aspirar profundamente el aroma de las páginas de un libro que nadie antes ha abierto, esperando encontrar en él una experiencia tan personal y satisfactoria que haga falta cerrarlo al terminar para que nadie pueda robarnos esa historia que ya es nuestra.

Rebeca Martín, Rebeca Martín

Rebeca Martín García - Me llamo Rebeca Martín García, dos apellidos poco comunes en la estepa castellana. Soy de Salamanca, ciudad de la que me ...

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