Como regla general, los legados se adquieren de forma automática ('ipso iure') desde el mismo momento del fallecimiento del causante, sin que sea necesaria, por tanto, una aceptación del legatario.

La excepción a dicha regla vendrá constituida únicamente por la posibilidad del testador de establecer legados sometidos a condición suspensiva o término inicial, en cuyo caso será esencial el cumplimiento de la condición señalada por el testador, o el plazo precisado por el mismo para otorgar eficacia al legado.

Análisis de supuestos problemáticos sobre adquisición y pago del legado

  • Si el legatario se encuentra ante una herencia todavía no aceptada por los herederos, el legatario contará con la figura de la interpelación judicial a partir del noveno día tras el fallecimiento del causante para instar ante los tribunales la pronunciación de los herederos respecto de la aceptación o repudia de la herencia.
  • Cuando los herederos ejerciten su derecho a deliberar no podrá el legatario en ningún caso reclamar el pago del legado hasta una vez finalizado dicho derecho.
  • Si la aceptación de herederos es a beneficio de inventario, no se podrá proceder al pago de legados hasta que no hayan sido satisfechos los créditos de los acreedores de la herencia, que en este caso tendrán derechos preferentes de realización frente al legatario.
  • Ante el supuesto especial en el que la sucesión testamentaria ha sido abierta por declaración de fallecimiento, la entrega de los legados no podrá realizarse hasta pasados cinco años desde que dicha declaración tuvo lugar, como mecanismo de protección del patrimonio íntegro del testador cuya muerte no ha sido confirmada.
  • El legatario que ha sido instituido al mismo tiempo heredero tiene la facultad de repudiar una de las instituciones y aceptar otra, indistintamente, según considere más ajustado a sus intereses particulares.

Especialidades en cuanto al pago

Existen tres modalidades de legados que conviene analizar a la hora de determinar las especialidades de pago que generan. En primer lugar, se encuentra el legado de cosa específica. El legatario adquirirá aquí la propiedad de la cosa específica determinada por el causante, sin posibilidad de que sea sustituida por otro bien arbitrariamente por los herederos. En segundo lugar, si el legado es de dinero, los herederos deberán satisfacer este legado mediante este bien, con independencia de que la herencia cuente con suficiente dinero líquido para la realización del pago. Por último, se encuentra el supuesto del legado de cosa específica. A diferencia del legado de cosa determinada, el legatario no adquiere aquí la propiedad, sino un derecho de crédito sobre la cantidad genérica señalada por el causante, y que podrá ejercitar contra los herederos.

Es importante tener en cuenta que todos los gastos que se generen por el pago de los legados serán a cargo de la herencia, ya que están contemplados en el propio Código Civil como cargas de la herencia.

Responsabilidad del Legatario

Como norma general los legatarios no se ven afectados por las deudas del causante. Sin embargo conviene señalar una serie de excepciones o circunstancias ante las que el legatario puede ver comprometido su derecho.

En primer lugar, existe la posibilidad de que exista una voluntad expresa del propio testador de gravar los legados. No hay que olvidar que el pilar fundamental del Derecho de Sucesiones es la autonomía de la voluntad del testador, pudiendo decidir acerca de las características concretas de las instituciones que realice. Un ejemplo de este supuesto es el caso mediante el cual el testador puede legar una finca hipotecada con la obligación de continuar con el pago del crédito hipotecario.

En segundo lugar, se debe volver a analizar el supuesto de la herencia aceptada a beneficio de inventario. Anteriormente se ha destacado que en este caso se procederá a la satisfacción de los acreedores de la herencia con anterioridad al pago de los legados. En este punto hay que analizar la circunstancia de que, tras la entrega de los legados, aparezcan nuevos acreedores no tenidos en cuenta inicialmente para el cómputo de las cargas de la herencia.

Los acreedores sólo podrán dirigir sus reclamaciones frente a los legatarios en el supuesto de que no existan bienes suficientes en la herencia para satisfacer sus créditos. Además, dicha reclamación será en todo caso y sin excepción, hasta el límite de la cuota legada, no pudiendo afectar en ningún caso al patrimonio privado del legatario. Este último matiz supone la diferencia principal respecto al heredero puro y simple que, ante la existencia de acreedores del causante, sí puede ver comprometido su patrimonio personal ya que se coloca en la posición del causante tras la sucesión.

En tercer lugar, existe la posibilidad de que la herencia se halle distribuida en su totalidad en legados. En este caso el claro que los legatarios van a verse comprometidos ante la existencia de deudas hereditarias como consecuencia, precisamente, de la ausencia de herederos responsables de dichas deudas. Sin embargo, y al igual que en el caso anterior, la responsabilidad del legatario no alcanzará más allá de la proporción o cuota de su legado, no pudiendo alcanzar en ningún caso su patrimonio privado.