¿Derecho a la seguridad frente a intimidad?

El creciente uso de cámaras de vigilancia resulta inquietante

Vigilancia en el centro de Madrid - http://bancoimagenes.isftic.mepsyd.es
Vigilancia en el centro de Madrid - http://bancoimagenes.isftic.mepsyd.es
El inicio del siglo XXI asiste al crecimiento desmesurado de la videovigilancia. ¿Estamos seguros o ante una nueva amenaza?

El recorrido por el centro de cualquier ciudad convierte al paseante en protagonista de su propia película. Largometraje, sin duda alguna, a juzgar por la cantidad de “ojos” que le observan. Cámaras en calles, centros comerciales, garajes, comunidades de vecinos… Así hasta sumar las más de 21.000 registradas en España. ¿Una amenaza? Seguridad frente a intimidad parece ser la disyuntiva.

Algunos organismos ya dan la voz de alarma. En España, la Asociación de Internautas y la Agencia Española de Protección de Datos alertan. Y en Estados Unidos, país pionero en materia de seguridad, algunos como el Institute for Applied Autonomy, IAA, se adhieren a la inquietud. El derecho a la intimidad está en peligro. Y el IAA ya busca soluciones.

¿Existe un “GPS” de cámaras de seguridad?

Sí y en formato de aplicación web. Es el servicio desarrollado por el IAA, denominado iSee. El sistema permite al usuario localizar la ruta más adecuada para evitar las molestas cámaras de seguridad, situadas en toda la ciudad de Nueva York. Un auténtico GPS o una herramienta similar al detector de radares en los coches.

Asimismo iSee ofrece un valor añadido: el mapa con la situación de los equipos de grabación en cada una de las calles. De este modo, el usuario dispone de información para elegir su ruta alternativa, independientemente de lo que la aplicación web le recomiende.

No obstante, esta interesante iniciativa para los celosos de su intimidad, parece que en la práctica no resulta tan útil. Algunas calles de Nueva York –especialmente las de Manhattan- presentan tal concentración de cámaras casi por metro cuadrado, que es complicado para el viandante esquivarlas, aun conociendo previamente su ubicación.

Videovigilancia conectada a Internet

Según la Asociación de Internautas, en un informe de septiembre de 2008, el 98% de las cámaras de vigilancia registradas en España -cuando su número rondaba las 15.000 frente a las 21.000 actuales- se encuentra en manos privadas. Comerciantes, comunidades de vecinos, locales de diverso tipo, etc. ostentan la “titularidad” de las mismas Pero, ¿qué sucede cuando un instrumento de estas características se deja en manos de inexpertos?

La respuesta es inquietante. Según la misma asociación el 60% de los sistemas de videovigilancia conectados a Internet es accesible a cualquier usuario a través de la Red. Lugares de trabajo, entradas y salidas de un domicilio, al acceso de cualquiera. A nivel mundial. Como Internet. La imagen personal circulando por la Red.

Todo problema tiene una solución

Y lo primero, como en todo análisis, es buscar el origen. Y éste, como en muchos otros casos, reside en el desconocimiento. Un sistema de videovigilacia es vulnerable. Y algunos parecen no saberlo. En opinión de Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas en declaraciones a "El País" “La gente no sabe algo tan sencillo como poner claves seguras en sus sistemas de videovigilancia”.

Resulta fácil situar una cámara, pero muchos aún desconocen el funcionamiento de Internet: todo el mundo localizado a través de su ip. Lo que a primera vista resulta anónimo, es fácilmente identificable para cualquier aficionado.

Y en el mundo de las ip’s, como en el resto, la formación se presenta como la alternativa. De ahí que la Asociación de Internautas lo intente por esa vía. En su opinión, los operadores de telecomunicaciones deben formar a sus clientes acerca del manejo, vulnerabilidad y peligro que el uso inadecuado de esta tecnología conlleva. Formación frente a sanción.

Y de sanciones da buena cuenta la Agencia Española de Protección de Datos. Con sus expedientes no hace más que corroborar el problema que por novedoso resulta complejo. El derecho a la intimidad vulnerado. En conflicto directo con otra garantía constitucional: la seguridad.

Las sanciones constatan el problema.

Las denuncias a la Agencia Española de Protección de Datos se multiplican en los últimos años. Con su raíz en la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal –LOPD 15/1999 de 13 de diciembre- y su desarrollo en 2006, las denuncias no paran de crecer. Algunas de ellas, sorprendentes.

Entre los casos denunciados, destaca el del propietario de una vivienda que, alertado por los agujeros en las macetas de su terraza, sospechó que su vecino había puesto unas cámaras. Y resultó ser verdad. La multa, por supuesto para el vecino, de 600 euros.

O el caso de una comunidad de propietarios, en cuyo inmueble se alojaba un burdel, y que decidió instalar una cámara de seguridad para “controlar” las salidas y entradas de las prostitutas y sus clientes. Resultado: 1.200 euros de multa al denunciarlo la dueña del negocio.

Lo cierto, por legal, es que toda cámara debe estar inscrita en el Registro de la Agencia Española de Protección de Datos, y se sancionarán aquellos casos que no cumplan con la normativa. Un organismo que, además, alerta del peligro que conlleva el uso “inconsciente” de Internet, especialmente entre los menores. Opinión suscrita por el Defensor del Menor que, en este sentido, orienta su campaña de junio de 2009.

“En Internet, tu imagen no es sólo tuya, es de todos

Antes de colgar tu imagen en la web, piénsalo” constituye el eslogan. En Internet todo corre el peligro de ser público. Lo primero, la imagen. El vídeo de la campaña estremece por lo verosímil de la situación. Quizá magnificada, pero real.

Muchas son las voces que claman por controlar la utilización que los menores hacen de Internet. Y, como siempre, la formación se erige como parte fundamental de su uso.

Pero ¿qué sucede cuando las cámaras de seguridad captan imágenes de adultos en cualquier situación? Un desafío para cualquier legislación. Seguridad frente a intimidad. He ahí el dilema.

Algunos estudios demuestran que la videovigilancia disminuye la cantidad de delitos menores pero no contribuye a aminorar el número de asesinatos. La cuestión es polémica, digna de debate.

Y llegar al final sin mencionar el Gran Hermano de Orwell, en su 1984, es todo un éxito. Porque indicios hay de que se acerca.

Escribiendo, Miguel Ángel Fernández Siguero

Victoria Benavente Paz - Escribo porque me gusta. Ahí se resume todo. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de ...

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