El dengue pertenece al grupo de enfermedades que requieren de la presencia de un medio biológico –llamado vector– que en este caso es el mosquito Aedes aegypti, y que se encuentra muy extendido en el continente americano. Se conocen cuatro virus distintos que causan la fiebre del dengue hemorrágico.

La incidencia del dengue ha aumentado espectacularmente en las últimas décadas: cada año aparecen unos 100 millones de nuevos casos de dengue. Entre ellos, un pequeño porcentaje degenera en fiebre del dengue hemorrágico; una complicación de la fiebre del dengue que se identificó por vez primera en la década de los cincuenta del siglo pasado. Algunos factores de riesgo para que se desarrolle la enfermedad son haber adquirido anticuerpos para el virus del dengue de una infección anterior, ser menor de 12 años, ser mujer o ser de raza blanca. Y por supuesto estar en las zonas donde prospera el dengue, regiones tropicales y subtropicales de todo el mundo, principalmente las zonas urbanas.

Historia y epidemias de dengue

Según parece, el primer documento donde se menciona un caso de dengue proviene de China, concretamente de la dinastía jin, entre los años 245 y 420. No sería hasta el año 1789 que se reportaría un caso de dengue en el mundo occidental. El hallazgo se atribuye a Benjamin Rush. El descubrimiento del origen viral de la enfermedad así como su transmisión -atribuible a los mosquitos- no se produciría hasta el siglo pasado.

Las primeras epidemias de las que se tiene conocimiento se localizaron en Asia, África y América del Norte a finales del siglo XVIII. Otras pandemias más recientes son las que tuvieron lugar en el año 1950 y 1975 en el sudeste de Asia. En la década de los 80 del pasado siglo el dengue experimentó un repunte. En este siglo XXI, el dengue se ha convertido en la segunda enfermedad más frecuente de las que se transmiten por mosquitos, justo después de la malaria. Se calcula que en la actualidad hay más de 40 millones de casos de dengue.

Tipos de dengue

Se distingue entre cuatro serotipos del virus del dengue. La primera vez que una persona contrae el dengue debido a cualquiera de estos cuatro virus, adquiere el dengue clásico La persona queda inmunizada ante este virus, pero seguirá expuesta a los demás serotipos. Ante un nuevo contagio podrá sufrir dengue hemorrágico.

Sintomas y consecuencias de la fiebre de dengue hemorrágico

Los primeros síntomas no se diferencian a los de la fiebre del dengue. Al cabo de algunos días la persona infectada se vuelve irritable e inquieta. Estos síntomas iniciales dan paso a un estado parecido al shock. El sangrado aparece en forma de pequeñas manchas en la piel –petequias– y otras más grandes debajo de la piel –equimosis–. Las lesiones, aunque sean pequeñas, pueden causar sangrado. El shock de la fiebre del dengue hemorrágico puede provocar la muerte.

Los síntomas, en el periodo inicial son:

  • Falta de apetito.
  • Fiebre.
  • Dolor de cabeza.
  • Dolores articulares.
  • Malestar general.
  • Dolores musculares.
  • Vómitos.
Los síntomas, en la fase aguda, son:

  • Inquietud.
  • Erupción generalizada.
  • Equimosis.
  • Petequias.
  • Extremidades frías y pegajosas.
  • Sudoración excesiva.
  • Shock.

Prevención de la fiebre del dengue hemorrágico

Aunque hay estudios prometedores, aún no existe ninguna vacuna para prevenir la fiebre del dengue hemorrágico, por lo que se recomienda extremar las medidas profilácticas. Conviene usar una adecuada protección personal, con ropa que cubra todo el cuerpo, repelente para mosquitos y mosquiteras en las habitaciones. También es recomendable, si se viaja a los países con riesgo de dengue, hacerlo en los periodos donde la actividad de los mosquitos es mínima.

Diagnóstico, tratamiento, cuidados y complicaciones del dengue

Los primeros exámenes físicos pueden mostrar un agrandamiento del hígado –hepatomegalia–, erupción, hipotensión, adenopatía, pulso acelerado pero débil, enrojecimiento de la garganta y ojos inyectados en sangre. Otros exámenes que deben realizarse abarcan el conteo de plaquetas, estudios serológicos, de coagulación y séricos, gasometría arterial, electrolitos, hematocrito, prueba del torniquete y radiografía de tórax.

Teniendo en cuenta que la fiebre del dengue hemorrágico está causada por un virus para el que no se conoce cura ni vacuna, solo queda el control y el tratamiento de los síntomas.

La transfusión de plasma o plaquetas servirá para corregir los problemas inherentes al sangrado. Para los desequilibrios electrolíticos se utilizarán líquidos y electrolitos intravenosos. La oxigenoterapia también puede ser necesaria cuando los niveles de oxígeno en la sangre desciendan por debajo de lo normal. La deshidratación, circunstancia que ocurre a menudo, se contrarrestará con la hidratación mediante líquidos intravenosos. En muchos casos se procederá a un tratamiento complementario en la unidad de cuidados intensivos.

Con el tratamiento adecuado la mayoría de los pacientes logra recuperarse. Sin tratamiento la mitad no sobrevive. Las complicaciones más habituales consisten en convulsiones o crisis epilépticas, daño hepático, daño cerebral residual, encefalopatía y shock.

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