Las memorias de Agustina se entremezclan durante una crisis y enfermedad mental en la que permanece completamente enajenada y ausente. Su esposo, Aguilar, profesor de universidad en paro y vendedor ambulante, intenta en toda la obra comunicarse con ella e interpretar todas las señales de locura, mientras las memorias de ella se van sucediendo.

Una infancia llena de tabúes y misterios.

De su infancia vuelven personajes como su padre, por el que siente una mezcla de respeto y odio, su relación con el hermano pequeño, con el que participa en pequeños rituales y juegos, y al que se siente muy unida. La tía Sofía, hermana de la madre, aparece como complice sexual que posa desnuda para el padre en unas fotografías que Agustina y el Bichi descubren y forman parte de los rituales a escondidas. El hermano mayor, Joaco, es el predilecto del padre, mientras que la homofobia por el pequeño se hace patente a través de palizas y maltrato psicológico. Otro personaje es el abuelo Nicolas Portorious con su obsesión por los ríos que enlaza con la obsesión de Agustina por el agua y compone alguno de los misterios de su pasado y presente.

El Cuartel de Pablo Escobar.

El ex-amante de Agustina, un tal Midas McAllister, es el que le abre los ojos finalmente a la realidad oculta de Colombia: la guerra de los narcotraficantes con el cuartel de Pablo Escobar, del cual la familia de Agustina depende económicamente y es ejemplo del sistema corrupto que sostiene a algunas familias de clase alta del pais. A raíz del encuentro con Midas McAlliister en un hotel, Agustina comienza a delirar. Previamente, la muerte de una exhibicionista sexual que trabajaba para Araña (un amigo de Joaco y Midas) da una nota macabra a la novela. La visita de Agustina al gimnasio donde ha sucedido el crimen lleva a Midas a trasladarla al hotel, noche de la locura y enagenación de Agustina.

Los rituales y obsesiones.

Los rituales son una constante y pueden verse en escenas de la infancia con el "sexo" insinuado y los juegos premonitorios entre Agustina y el Bichi. Luego los rituales de agua (que Agustina quiere colocar en contenedores por toda la casa) como recurrencia obsesiva y busqueda curativa. Obsesiones y premoniciones de Agustina que son continuación de la igual obsesión de su abuelo, Nicolás Portorius, con los nombres de los ríos (el abuelo Nicolás Portorius era un pianista que reaparece continuamente en la obra rememorando a su hermana ahogada en el río). El "poder premonitorio" de Agustina atormenta a Aguilar hasta el extremo y anteriormente fue utilizado hacia su hermano pequeño.

Crítica a un tipo de sociedad

La novela deja entrever una crítica a una determinada sociedad dependiente del blanqueo de dinero con crímenes "sepultados", bombas en las esquinas de las calles y la exhuberancia que parece justificarlo todo. Los negocios de narcotráfico, vinculaciones entre la familia y Pablo Escobar a través de Midas McAllister y la operación Lázaro (cura de la impotencia de Araña), con el resultado de la muerte de una de las exhibicionistas conforman no solo el mal interno que arrastra a Agustina hasta la locura, sino parte de los males de una sociedad corrupta y frágil.

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elirio "

La locura inexplicable de Agustina y el empeño de su marido por devolverla al mundo real son el eje principal de la narración. Para ayudarla, Aguilar recurre a multiples pericias entre ellas acudir a los recuerdos, como el del día en que se conocen en la universidad. En una nota escrita, Agustina le pide ayuda para escribir una autobiografía. Aguilar le niega la ayuda, porque, según él: una autobiografía tiene que ser escrita en primera persona. Sin embargo, las circunstancias posteriores le conducen a una tarea detectivesca e indagatoria por averiguar los motivos más profundos del delirio de su esposa a través de secretos y torturas personales llegando al final a un estado de derrota y abdicación ante los hechos.