La más relevante contribución a la teoría positivista y naturalista de la literatura, fue dada por el filósofo y crítico francés Hyppolite Taine y el escritor Émile Zola. Taine consideraba la obra de arte como un organismo viviente y Zola transfirió a la novela el método experimental tomado de la ciencia.

Del Realismo al Naturalismo

Hubo un pasaje gradual del Realismo ideal o romántico al Naturalismo y no fue homogéneo en todos los países. A partir de los años treinta se generalizó una reacción antirromántica, con un nuevo interés sociológico que impulsa a los autores a no quedarse con una narración interesante y emocionante, sino a perseguir el conocimiento como fin.

Desde el punto de vista temático, tanto el Realismo como el Naturalismo significaron una progresiva ampliación del objeto a representar, hasta incluir gradualmente todas las clases sociales, en el tentativo de ofrecer un marco más exhaustivo de lo real y de ejercer una activa y concreta crítica a la injusticia del sistema.

Diferencias entre el Naturalismo francés y el Verismo italiano

El Naturalismo francés se ocupa de la sociedad inmersa en la revolución industrial, mientras el verismo italiano describe una realidad rural, prevalentemente meridional, no todavía industrializada. En los años sucesivos a la unificación italiana (1861), en Italia emergían los problemas de la “cuestión meridional”: falta de reforma agraria, analfabetismo, ausencia de infraestructura, inexistente industrialización.

Giovanni Verga (1840-1922): máximo representante del Verismo italiano

A medida que avanza el 1800, el desarrollo de las organizaciones sociales y la discusión de la función humanística del intelectual, lleva a los escritores a una nueva búsqueda de la legitimación de tipo científico, como sostiene Émile Zola en su obra Le roman expérimental (1880).

Verga presenta la modernidad como una seducción, que de un lado puede destruir la dura disciplina necesaria para la actividad artística, pero por otro lado ofrece nuevos estímulos para la fantasía del escritor.

En una primera etapa de su carrera, en Milán y lejos de su Sicilia natal, Verga intenta incursionar en la literatura burguesa, pero rápidamente abandona este proyecto, para retornar a la temática y a la sugestión de los ambientes populares sicilianos.

Sin embargo, es en Milán donde escribe su mejor obra verista, "I Malavoglia" (1881). Verga mismo explica que aquí sintió el moderno en toda su ambivalencia: como tentación, peligro de corrupción, infidelidad a sus raíces sicilianas; pero como un incentivo necesario de su maduración artística.

“I Malavoglia” de Giovanni Verga

A diferencia de Zola, Verga no pone al centro de su novela el intento científico de seguir los efectos de la herencia, sino exclusivamente representar un cuadro social, delineando la fisonomía de la vida italiana moderna, pasando por todas las clases sociales.

El criterio unificador es el principio de la lucha por la supervivencia, que el escritor siciliano toma de la teoría de Darwin de evolución de las especies animales y la aplica a la sociedad humana: toda la sociedad, en todos los niveles, es dominada por conflictos de intereses, en donde triunfa el más fuerte, quedando abajo los más débiles.

"I Malavoglia" representa un estudio, un análisis casi de tipo sociológico, como había propuesto el Naturalismo francés: mostrar como la vida de los individuos es condicionada por el contexto socio-económico al cual pertenecen.

Verga estudia como en una época de progreso, en la cual el bienestar es el objetivo, se manifiestan las aspiraciones de cambio de las clases más pobres, de siglos habituadas a vivir en condiciones de pobreza o de simple lucha por la supervivencia.

Con frecuencia, y erróneamente, la crítica interpreta "I Malavoglia" como una exaltación de los valores tradicionales; en cambio, la nostalgia por estos valores es constantemente negada por la realidad de los hechos.