Dejar de fumar supone para muchos un arduo camino, pero según los pocos estudios en los que se contrastan géneros, lo es todavía más para las mujeres. Así lo afirma la doctora argentina Adriana Ángel, especialista del Hospital de Clínicas de Buenos Aires, que en diciembre de 2010 abrió un consultorio especializado en ayudar a las mujeres a abandonar el hábito del tabaco.

Las citadas investigaciones demuestran que “las mujeres consultan más para dejar de fumar, pero tienen menos éxito al año” de empezar el tratamiento, indica Ángel. Al buscar las razones que influyen en esto, se constató que las mujeres están expuestas a mayores niveles de ansiedad, depresión, estrés y, en algunos casos, violencia de género, lo que incide negativamente en el éxito a la hora de intentar enfrentar la adicción a la nicotina.

El aumento de peso

Otro factor importante, según la especialista argentina, es la presión por el aumento de peso al dejar de fumar, que preocupa a muchas mujeres y a algunas incluso las empuja a abandonar el tratamiento.

María Victoria Armaleo, médica generalista del consultorio del Hospital de Clínicas, explica que “cuando uno fuma, el fumar pasa mucho por tener algo en la boca”, por lo que “los pacientes que dejan de fumar se encuentran que todo ese tiempo que usaban para fumar está libre y están acostumbrados a tener algo en la boca, entonces muchas veces comen”.

En su consultorio hacen un seguimiento a los pacientes sometidos al tratamiento para deshabituarse del tabaquismo, y han detectado que los pacientes suben un promedio de entre uno y dos kilos a lo largo de los tres primeros meses.

Más vulnerables ante los efectos secundarios

Ángel revela que otras diferencias entre hombres y mujeres a la hora de dejar de fumar es que a las mujeres, si bien acuden más que ellos a consultar sobre cómo hacerlo, luego les cuesta más decidirse a empezar realmente el tratamiento. Además, en aquellos que suponen la utilización de fármacos, “las mujeres eran más sensibles a los efectos secundarios de la medicación. Les duraban más”.

Los efectos indeseados de los dos fármacos utilizados para dejar de fumar, el Bupropion y el Varenicline (o Vareniclina), son las náuseas, el insomnio, la “sensación de cabeza vacía” (un mareo muy ligero), la intolerancia gástrica y la boca seca en el caso del primero; y las náuseas, los sueños vívidos (efecto poco agradable si se tienen pesadillas), las cefaleas y, solo en aquellos pacientes con predisposición o antecedentes, ideas suicidas.

Consultorio especializado

En el consultorio especial para las mujeres del Hospital de Clínicas, hacen un seguimiento mayor a las pacientes que intentan librarse del cigarrillo. “Al tener más en cuenta y saber cuáles son los obstáculos más frecuentes en las mujeres, podemos advertirlo y las vemos más seguido”, observa Ángel.

En cuanto a la cuestión del peso, utilizan preferentemente el Bupropion, “el que tiene menos efecto sobre el peso, que es una de las variables que te producen más recaída en la mujer”, agrega. Además, les llevan un seguimiento periódico del peso paralelo al de los niveles de monóxido en los pulmones.

Apoyo de un nutricionista

Por otro lado, cuentan con un nutricionista, pues “les ayuda mucho saber que va a haber un nutricionista cerca por si se les escapa el peso”, asegura la especialista.

No obstante, la doctora Armaleo matiza que no es recomendable llevar a la vez un tratamiento para deshabituarse del tabaco y una dieta: “Hacer todo junto es muy difícil porque al hacer dieta es un muy parecido al síndrome de abstinencia del cigarrillo. El mal humor porque no comen lo que les gustaría y el mal humor de que están dejando de fumar conforman una bomba”.

Por lo tanto, es mejor que “cuando termina el tratamiento, que han dejado de fumar, vayan con el nutricionista”, sostiene.

Efectos del tabaquismo en las mujeres

Pese a todas estas dificultades extra para las mujeres el nivel de éxito en los distintos sexos no es al final tan desigual en la estadística que llevan de sus pacientes en el Hospital de Clínicas: 32% entre los hombres y 29% entre las mujeres.

Esta institución médica advierte que, si bien ellas sufren las mismas consecuencias nocivas para la salud que los varones, deben sumar otras particulares, “como las alteraciones en la fertilidad o las que afectan al embarazo (menor peso de los recién nacidos, síndrome de muerte súbita de éstos, etc.)”.

Además, “el tabaquismo es un importante factor de riesgo para sufrir osteoporosis (que afecta sobre todo a mujeres) precozmente” y “existen indicios de que también sería un factor en el desarrollo de cáncer de mama y ovario”.

Según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de Argentina, de 2009, la prevalencia de mujeres que fumaban era del 27%, frente al 29% de varones.