La persona asertiva tiene la capacidad de defender las convicciones y criterios propios y actuar en consecuencia, buscando siempre la solución más eficaz y el modo más adecuado para llevarlo a efecto.

La persona asertiva se caracteriza por poseer un elevado grado de autoestima que le permite manifestar sus criterios, actuando de tal manera que evita caer en la renuncia así como a imponer su opinión por encima de cualquier otro argumento. La asertividad, entonces, se basa en la autoafirmación, sin que ello suponga la negación de los demás.

Los límites de la asertividad

Es indudable que una de las claves en las que se circunscribe la asertividad consiste en no llevar la voluntad de lograr un objetivo hacia el exceso ni hacia el defecto.

Por defecto muchas personas consienten que sus derechos sean pisoteados o no tenidos en cuenta debido a la incapacidad de autovalorarse. Estas personas viven apocadas y raramente tratan de imponer su opinión. Antes al contrario; prefieren mostrarse de acuerdo con opiniones que no comparten en absoluto que entrar en un debate para defender su criterio.

Cuando sucede por exceso no sólo se cree con el derecho de defender su opinión, creencia o actuación, sino que se hace de un modo sistemático, más allá de la reflexión y la autocrítica y sin considerar, en muchos casos, el perjuicio que pueda estar ocasionando a terceras personas. Sus derechos están por encima de los de los demás.

Comportamiento asertivo

Ser asertivo está muy relacionado con la autoafirmación, con el valor que se concede uno mismo. Este valor, a su vez, se interrelaciona con otros factores que lo modulan. Uno de los más importantes es la pertenencia social y la conciencia inherente a esta realidad; una realidad a la que se hallan sujetas todas las personas. El ser humano no está solo y su comportamiento es indisociable de su entorno.

Los deseos y las motivaciones personales deben encontrar el encaje dentro de la sociedad. Dicho encaje puede generar cooperación, en su faceta más positiva, pero también competencia, lo que en algunos casos puede generar un estado de frustración. Ser asertivo, entonces, no sólo responde a la autoimagen y el valor que uno se da, sino a cómo se aplica en una sociedad cada vez más compleja.

Walter Riso en su libro “Cuestión de dignidad” dice: “Una persona es asertiva cuando es capaz de ejercer y/o defender sus derechos personales, como por ejemplo decir “no”, expresar desacuerdos, dar una opinión contraria y/o expresar sentimientos negativos sin dejarse manipular, como hace el sumiso, y sin manipular ni violar los derechos de los demás, como hace el agresivo”.

Asertividad social

La vida en comunidad tiene sus ventajas, como las múltiples posibilidades de desarrollo personal a través de la interacción en pos de un objetivo común. Pero también tiene inconvenientes, como la competencia antes apuntada, que puede provocar la sensación de no alcanzar los objetivos propuestos; o lo que es lo mismo: el fracaso.

En este terreno social, la persona asertiva debe poseer cualidades como la autoestima, el respeto hacia sí mismo y hacia los demás y la confianza en sus aptitudes para llevar a cabo sus deseos. Difícilmente se alcanza la felicidad cuando uno no se considera merecedor de la misma. Podría decirse que la asertividad se asienta en el narcisismo natural, necesario y calibrado; un tipo de narcisismo que nada tiene que ver con el egoísmo.

Otro factor relevante es el conocimiento de las propias limitaciones, lo que no significa que no deban ponerse a prueba. Ser consciente de las limitaciones supone ser más tolerante al fracaso y, sobre todo, aprender del mismo, extraer las oportunas conclusiones y aplicar los cambios en futuras tentativas. No es nada nuevo decir que tras un gran éxito se esconden muchos fracasos. En definitiva, superar las adversidades es hacerse más fuerte.

Test o escala de asertividad

Existen test para evaluar el comportamiento asertivo de las personas, como el test de Rathus. Estos cuestionarios pretenden significar el grado de asertividad del individuo ante los diversos retos que plantea la vida.

Autoestima y asertividad

Como todo aprendizaje, la asertividad se va construyendo desde la infancia. El niño necesita enfrentarse a los problemas para generar los recursos que de adulto le servirán para enfrentarse a un mundo cada vez más complejo y competitivo.

Un enemigo de la asertividad es la sobreprotección que, en ocasiones y de buena fe, ejercen los padres sobre sus hijos. En el otro extremo estarían los padres que exponen a sus hijos a pruebas y responsabilidades que van más allá de lo razonable. La educación debe poner unos límites claros entre los derechos y las obligaciones, dotando al niño del sentido de pertenencia, pero también iniciándolo hacia el respeto de lo que es ajeno.

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