La libertad, en su sentido más abstracto, reside en la capacidad ilimitada de elección. Una elección libre de presiones, de condicionantes personales y de cualquier otro factor que pueda interferir o distorsionar la toma de decisiones. Pero la libertad, en su relación con el ser humano, siempre es relativa. Si bien es lícito aspirar a cotas de libertad cada vez más altas, lo cierto es que las influencias internas y externas que rodean al ser humano, limitan su capacidad hasta el punto de que no es posible hablar de libertad en términos absolutos.

El hombre y la libertad

La libertad es, sin duda, una de las aspiraciones básicas del ser humano. Las posibilidades de ser libre, empero, se ven restringidas por el entorno social, las exigencias personales en su relación con el entorno más cercano, así como por la propia capacidad de cada persona para alcanzar sus objetivos. Así pues, la libertad humana no es ilimitada. Si así fuera, la convivencia no sería posible.

Además de las limitaciones inherentes al individuo y de su relación con el entorno social, hay que tener en cuenta las herramientas con las que cuenta cada persona para aumentar sus niveles de libertad y, por ende, de felicidad. Estas herramientas o recursos tienen mucho que ver con la historia personal de cada individuo.

Libertad, el camino del éxito

Embarcarse en la conquista del amplio territorio de la libertad empieza necesariamente por la conquista de uno mismo. Si no se reúnen las características adecuadas, el camino difícilmente va a poder ser transitado. La independencia adquirida desde el aprendizaje y los recursos generados para su buen uso han de ser el combustible para emprender el camino con garantías de éxito.

Se podría argumentar que cualquier persona está en disposición de tomar la decisión que quiera, aunque en la realidad tal cosa no suele suceder; previamente se evalúan las consecuencias que reportan las acciones y se decide si el precio a pagar compensa dichas acciones. Hay quien está más dispuesto a apostar, a arriesgarse, y hay quien adopta una postura más conservadora.

Como decía Cervantes en boca de “Don Quijote”: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida“. En la decisión entran el juego aspectos como la valentía, la prudencia, la honestidad, el miedo o el altruismo

Alcanzar la libertad

Es evidente que hay personas con más recursos que otras para alcanzar cualquier objetivo, y entre ellos una mayor aproximación a la libertad. Autoestima, valor, autodominio o asertividad son herramientas indispensables para alcanzar las metas previstas y experimentar la mayor libertad posible.

Aspirar a la libertad, aunque suene un tanto paradójico, está íntimamente asociado a la renuncia. La libertad, como elección a largo plazo, significa tener el control sobre ciertos impulsos, tendencias o necesidades instintivas a las que se ve sometido el ser humano. Voluntad, perseverancia o tenacidad son otras características que deben añadirse a las anteriormente citadas.

La libertad y la salud psicológica

Hasta el momento se ha observado la consecución de la libertad por parte de personas psicológicamente sanas. Cuando no es así, las probabilidades de éxito son mucho más reducidas.

Enfermedades como la esquizofrenia, las depresiones u otro tipo de enfermedad mental imposibilitan, prácticamente, pensar tan siquiera en ser libre.

Existen otros factores que también interfieren en el camino hacia la libertad. Entre ellos están las adicciones, cuya raíz etimológica (adicction: sumisión a un dueño) pone en evidencia lo irreconciliable entre libertad y adicción.

Los hechos traumáticos también pueden tener importantes consecuencias psicológicas. Abusos sexuales, malos tratos o violencia en general, entre otros, constituyen un atentado para el individuo y su autoestima, dejándole en condiciones de inferioridad a la hora de plantearse ese objetivo tan deseado: la libertad.

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