Este 10 de diciembre se conmemora el 62 aniversario de la aprobación y proclamación de la Declaración Universal de Derechos Humanos. En un mundo ideal bastaría respetar el primer artículo de este documento, incluso entre los países que no fueran miembros del organismo internacional, para sentar las bases de la convivencia pacífica: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros".

En el mundo real es un hecho que ha habido avances en esta materia, sin embargo, también lo es que todos los días, si no en todo el mundo sí en la mayor parte de él, son violados los derechos tanto de individuos como de grupos etarios, étnicos, sociales, laborales, políticos, sexuales y religiosos ante la mirada indiferente y aun cómplice de organismos internacionales nacidos para conciliar diferencias, promover el desarrollo de las personas y los países.

Declaración Universal de Derechos Humanos

Después de tres años de concluida la Segunda Guerra Mundial, misma que mostró al mundo la capacidad de destrucción lograda y utilizada en contra de la humanidad, en la Asamblea General de las Naciones Unidas y una vez aprobada y proclamada, la Asamblea pidió a todos los países miembros que publicaran el texto de la Declaración y dispusieran que fuera "distribuido, expuesto, leído y comentado en las escuelas y otros establecimientos de enseñanza, sin distinción fundada en la condición política de los países o de los territorios".

Los Derechos Humanos son:

  • Universales, es decir, corresponden a todas las personas, independientemente de edad, posición social, sexo, creencias religiosas, etnia, condición de salud y económica.
  • Incondicionales, de manera que se deben ejercer y respetar bajo cualquier circunstancia y están limitados solamente en el sentido de que “mi derecho termina donde comienza el derecho del otro y el derecho de la comunidad”.
  • Imprescriptibles, esto quiere decir que no prescriben, no se rigen por una fecha de caducidad, por lo que están vigentes siempre y por tanto se tienen que respetar en todo tiempo y en todo lugar.
  • Inalienables, ninguna persona puede renunciar a ellos, no se le pueden negar ni son objeto de negociación. Todo ser humano goza de los derechos humanos, incluso, aunque no sea su voluntad.

Derechos Humanos de primera generación

Los Derechos Humanos de primera generación son los "derechos civiles y políticos básicos". Entre los conceptos fundamentales en materia de derechos humanos se encuentra la dignidad de la persona, a la que están vinculadas la autonomía y la libertad frente al Estado.

Con el espíritu de documentos como la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, los derechos humanos protegen a las personas contra cualquier forma de injusticia, discriminación, violencia, explotación, abuso y tortura, como queda asentado, por ejemplo, en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Derechos Humanos de segunda generación

Se supone que una vez establecido que los Derechos Humanos defienden al individuo frente al poder del Estado, en los de segunda generación se espera y aún exige al Estado que garantice acceso igualitario a esos derechos, sobre todo al considerar las terribles desigualdades económicas y sociales, las que en gran medida determinan el acceso a la justicia, pero también a la educación, la salud, el trabajo y el bienestar social en general, por lo que estos "derechos son de naturaleza económica, social y cultural".

Derechos Humanos de tercera generación

Debido a múltiples factores que impiden el ejercicio de los Derechos Humanos como se establece en la Declaración, en las constituciones de los países y aun en contra de leyes injustas en contra de los ciudadanos y del medio ambiente, han surgido diversos colectivos, movimientos, organismos no gubernamentales (ONG) que luchan, en resumidas cuentas, por la dignificación del ser humano y detener el deterioro del planeta.

Esto ha dado origen a la tercera generación de derechos, conocidos como de "solidaridad de los pueblos, la paz y el medio ambiente", impulsados por el espíritu de la pluriculturalidad, el diálogo, el comercio justo y el futuro del planeta frente a amenazas reales como el cambio climático.

Derechos Humanos de cuarta generación

Cada vez es más fuerte la sensación de pertenencia a un mundo globalizado, gracias a internet, el gran democratizador de la información, pues ésta fluye de manera horizontal y sin necesidad de invertir grandes cantidades de dinero.

El sorprendente desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación; la proliferación de redes sociales; la posibilidad de que cada persona que cuente con un dispositivo para compartir imágenes y textos se convierta en "corresponsal de guerra"; o que civiles, que han abierto sitios en donde se publica información clasificada, obtenida gracias a contactos, quizá comprometidos con que se conozca la verdad, están haciendo que se fracturen los cimientos mismos de regímenes que se dicen democráticos, todo esto y más hacen indispensables los derechos de cuarta generación.

En este sentido, esta cuarta generación está ligada a derechos de primera generación, como son la libertad de pensamiento y expresión, pero debido a los alcances de esta revolución de la comunicación, también a la búsqueda y difusión de información.

Los hechos, la impunidad, las crisis

Leer noticias, reportajes, artículos de opinión y cartones; escuchar y ver noticieros, convencionales y en línea, así como participar en redes sociales resulta una experiencia en muchas ocasiones aterradora, puesto que no falta la nota detallada sobre injusticias y violación a los derechos de una persona, comunidad o grupos sociales, acompañada del cinismo de la impunidad.

Se llega a este aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos en medio de diversas crisis económicas, de intolerancia, ambientales y culturales, aunque la que capta la atención mundial es la supuestamente provocada por Wikileaks, como si Julian Assange, su fundador, fuera el responsable de las aberraciones que se difunden.

La evidencia es cada vez más dolorosa de que pese a los compromisos, no obstante su carácter vinculante, los Derechos Humanos son pisoteados por el autoritarismo, los intereses económicos que prevalecen sobre los humanos y la complicidad de legisladores que juegan a "el que hace la ley hace la trampa".