En todas las épocas han existido momentos difíciles, en los que la economía se ha tambaleado aunque nos cueste creerlo y, a veces, no queramos recordarlo. Siempre se ha salido adelante, incluso mejor o menos mal de lo que en principio se pensaba.

El secreto estaba en que, apoyándose en la supervivencia, el ser humano adaptaba sus necesidades a sus posibilidades económicas y vivía. En los tiempos actuales, la fórmula sigue siendo válida y solo consiste en llevarla, rigurosamente, a la práctica.

Recortar e incluso suprimir gastos innecesarios

Cuando leemos en la prensa, oímos por la radio y la televisión o nos indica algún familiar o conocido que se gasta en demasía, casi siempre nos molestamos porque enseguida creemos que nadie es quién para administrar nuestra "casa" y que nosotros, como aludidos, en todo momento lo hemos hecho bien.

Más tarde, en la tranquilidad de nuestro hogar, dejando aparte el amor propio, si anotamos en un papel la relación mensual de nuestros gastos, nos puede sorprender hasta qué punto hemos ido acumulando cosas, servicios y mantenimientos de los que se puede prescindir sin que afecte al bienestar y que, sin embargo, acortan mes a mes el montante fijo de nuestros ingresos.

Poner remedio de inmediato es la única solución y no siempre es factible la que algunos pregonan, con más optimismo que conocimiento, que lo importante no es gastar menos sino ganar más.

Publicidad por doquier que incita al consumo desmedido

El mando a distancia, maravilloso invento para evitar el constante acoso de la publicidad machacona y agresiva de los aparatos de radio y televisión, podría valer también para atenuar la insistente diversidad de anuncios que nos atosigan por todos lados.

Sin la menor duda, los efectos y sistemas publicitarios son necesarios y eficaces; continuos estudios de mercados lo confirman, haciendo hincapié en que la divulgación de cualquier producto y su posterior e inminente venta está en función directa de su buena publicidad.

Ahora bien, como en un término medio se encuentra siempre la razonable actitud, parece lógico y desde luego indiscutible, que aún conociéndolas casi todas, se tenga la suficiente decisión de seleccionar solamente aquellas cosas que, en realidad, se necesitan. Además, no hay por qué cambiar algo que nos sigue agradando en base a una continua confianza por otro producto o servicio, cuya eficacia está por ver, a pesar de su insistencia.

La moda ayuda a malgastar

El concepto de moda, afortunadamente, ha cambiado casi de forma total. En las calles de cualquier ciudad puede observarse la diversidad en la vestimenta de sus vecinos y nada llama la atención por raro, desfasado o extravagante que, de forma individual, pudiera parecerle "de moda" al que se atreve a llevarlo.

Todo es válido, siempre y cuando cumpla la misión para la que se diseñó o fabricó y el capricho, que juega malas pasadas consigue abandonar, antes de lo previsto, esas prendas o aquellos accesorios complementarios que costaron un buen dinero. Las lamentaciones no servirán para nada y la cuenta corriente si acusará el desacierto.

Teléfonos móviles y agendas electrónicas: Precaución

Apoyándose en la absurda y cursi creencia de que hoy todo debe ser de la llamada "última generación" es incomprensible seguir viendo, en tiempos de difícil economía, grandes colas para cambiar o comprar teléfonos móviles y agendas electrónicas, cuya fabricación haya tenido lugar, a ser posible, el día anterior. El teléfono portátil, ciertamente necesario en algunos casos, es un aparato incómodo por pequeño que sea, molesto por su inoportuna intromisión en lugares o momentos delicados, y siempre costoso en su mantenimiento.

¿Por qué soportar con estoicismo el importe de semejantes listados de llamadas? ¿Para qué esas comunicaciones privadas informando en qué estación de metro o parada de autobús nos encontramos? ¿Qué sentido tiene contar interminables andanzas o incrementar el cotilleo a precio de móvil? Con lo sencilla, agradable y económica que es la conversación verbal, la de siempre, la antigua, la verdadera.

Y si, por añadidura, hay que recordar algún dato, echemos mano a la clásica agenda de papel, de toda la vida, que no necesita pilas, ni precisa de terminales de conexión y que jamás se bloquea ni fallará.

Sentido común para ahorrar

Para aliviar el peso de la generalizada y maltrecha economía, solo es necesario e incluso imprescindible, pensar en serio sobre lo que entra y sale, mes a mes. en nuestra casa. Aparquemos de vez en cuando, no solo el coche, sino también ideas y caprichos superfluos y mantengamos vivo, en continua actividad y vigilancia el sentido común. Nuestra tranquilidad y sosiego bien lo merecen.