En términos políticos la diversidad sexual se reduce a las orientaciones diferentes a la heterosexualidad, tales como la homosexualidad, la bisexualidad y las distintas modalidades del transgenerismo (travestismo, transgeneridad y transexualidad). La diversidad sexual incluye a los que gustan de relaciones formales en un marco “conservador” y también a quienes expresan su sexualidad en formas no convencionales.

Además, forman parte de la diversidad sexual las motivaciones y sentidos que tienen para cada persona, sus actos sexuales. A manera de ejemplo, una adolescente puede tener intimidad para “castigar” a sus padres porque la atosigan recomendándole que “se cuide”. Por su parte, una pareja con deseo sexual inhibido puede desentenderse del erotismo recurriendo a una serie de pretextos. La lista de motivaciones es larga.

Cabe subrayar que la auténtica diversidad sexual solo la viven las personas y grupos sociales que han logrado co-construir una ética sexual postconvencional, es decir, quienes logran superar los límites de lo “sexualmente correcto” que predomina en sus ámbitos familiares y en su cultura. Por consiguiente, la identidad sexual se vuelve un desafío para las mentalidades infantiles y adolescentes, que requieren de prescripciones de reconocidas autoridades para poder actuar.

Mitos y realidades de la orientación sexual

La orientación sexual se distingue del sexo biológico (ser hombre o mujer), de la identidad de género (conciencia de lo masculino y femenino), de los roles sociales de los géneros (aceptación y cumplimiento de las normas culturales imperantes en el entorno) y de la conducta sexual.

A la luz de las investigaciones transdisciplinarias, la orientación sexual de la mayoría de las personas queda configurada desde temprana edad como producto de complejas interacciones de factores biológicos, ambientales y psico-cognitivos.

Aunque para la conciencia ilustrada la atracción verdadera de un hombre o una mujer de determinada orientación sexual hacia personas de su mismo género no es condenable per se, para el malestar en la moral acostumbrado a cuestionar todo sin entender nada, la homosexualidad y la bisexualidad constituyen "desviaciones contra natura" que ponen en riesgo a la reproducción de la especie.

Montados en la intolerancia y envueltos en la bandera de las “buenas costumbres”, los críticos de las minorías eróticas y de las conductas sexuales no convencionales, con sus denuncias, avalan todo tipo de censuras, refuerzan prejuicios y practican el linchamiento moral.

En el fondo de la concepción profunda de estas posturas condenatorias anida la creencia errónea de que tanto la homosexualidad como la bisexualidad son opciones deliberadas de los tipos de orientación sexual que pueden modificarse voluntariamente por sus protagonistas.

Consideraciones actuales sobre la diversidad sexual

Como la vida contemporánea no se inscribe únicamente en términos del paradigma heterosexual, monogámico y reproductivista, muchos pacientes que acuden a psicoterapia llegan llenos de temores por creer que no tienen un desempeño sexual adecuado o que no son normales en términos de sus sentimientos y actividades íntimas.

Para mejor entender: aunque no todos somos iguales en cuerpos (unos con pene y otras con vulva), deseos, emociones e identidades sexuales, estas diferencias no implican, de manera alguna, que a los heterosexuales se les reconozcan derechos plenos y en cambio a bisexuales, lesbianas y gays se les nieguen tales derechos a pesar de la diversidad sexual imperante.

Asumir el concepto de "diversidad sexual" permite reconocer que todos los deseos y comportamientos sexuales forman parte de un amplio espectro de posibilidades las cuales no atentan contra la salud emocional y mental si se practican como conductas libres (no compulsivas), y se ejercen por consenso (sin imponerse por la fuerza a nadie). En este orden de ideas, reflexionar sobre los límites en las prácticas sexuales resulta pertinente.

En ese marco, las personas caracterizadas como “diferentes a la mayoría o a la normalidad” no son enfermos ni aberrados sexuales, como todavía alegan quienes pretenden discriminarlas y excluirlas de la sociedad por sus identidades y orientaciones sexuales diversas.

La psicoterapia como profesión adaptadora o liberadora

Se reconozca o no, todo diagnóstico y tratamiento de pacientes por parte de un psicoterapeuta implica una actuación política ya sea como reforzador de los estereotipos sexuales o como ejercicio profesional abierto a las nuevas prácticas y teorías de la sexualidad humana. En este contexto, como ya se expuso, la homosexualidad no es una enfermedad y por tanto no precisa de tratamiento. Como apoyo, en algunos países se cuenta con un programa de salud sexual y género.

Naturalmente los homosexuales y bisexuales suelen ser sujetos de tratamiento psicoterapéutico para asumir su propia orientación sexual o para sobreponerse a los prejuicios religiosos y de las ideologías conservadoras que a menudo los hostigan, discriminan, ofenden o maltratan. En un ámbito más amplio, los gays, lesbianas o bisexuales recurren a la psicoterapia por problemas similares a quienes se caracterizan por ser heterosexuales.