Muchos días al año, los docentes están en primera línea de actualidad. Sin buscarlo, se convierten en protagonistas, en titulares de prensa y de informativos, desgraciadamente, por haber sufrido una agresión en su lugar de trabajo, por parte de sus propios alumnos.

La situación de algunos profesores en las aulas, ha llegado a un punto insostenible y vergonzoso, tanto para los alumnos que provocan las agresiones, como para los padres que reafirman las conductas incorrectas de sus hijos.

Nuevas leyes

La Comunidad de Madrid, parece ser la pionera en tomar cartas en el asunto. Un artículo publicado en El Economista, el pasado 26 de noviembre lo confirma. En él se puede leer, que en la próxima primavera, los docentes contarán con el apoyo de la Ley de Autoridad del Profesor, la cual les dará la condición de autoridad pública, según un artículo publicado el 15 de septiembre en levante-emv.com.

Hay que devolver a los docentes, la consideración, el trato y el respeto que se merecen, acordes con la importancia social que tiene su tarea educativa.

La escuela de ayer

En la antigua escuela, la disciplina era uno de los principales puntos de la educación. Los alumnos se dirigían al profesor con cortesía, se levantaban de sus sillas cuando entraba en el aula y se guardaba un sepulcral silencio. Se podía respirar hasta miedo, porque entonces, eran los alumnos los que sufrían la superioridad de los docentes, y cuando lo consideraban necesario, usaban métodos correctivos, normalmente físicos.

Entonces, la autoridad de los docentes, no era para nada cuestionada y mucho menos por los padres. Al contrario, los progenitores colaboraban con el colegio y el profesor, en la disciplina de sus hijos.

Se podría decir que la autoridad se asocia al poder que tiene una persona sobre otra que está subordinada.

La escuela de hoy

Los cambios en la educación han sido abismales. Un claro ejemplo, sería la educación sexual. Antaño, hubiera sido algo impensable e incorrecto que los profesores dieran clases de educación sexual en las escuelas, sobre todo desde primaria.

Ahora, en el siglo XXI, se habla de agresiones en las escuelas, pero por parte de alumnos a profesores. Los estudiantes no están motivados hoy en día por la sociedad actual, porque hoy por hoy, una buena carrera no asegura un buen trabajo.

No hay motivación por aprender en una sociedad, donde las dificultades para encontrar un puesto de trabajo son muy complejas. Y más difícil aún, si no se da un grado de formación específico para entrar en un mercado laboral cada día más exigente.

A menudo se oyen noticias sobre una agresión de alumno hacia profesor. En muchos casos, los docentes son desacreditados por padres y madres, incluso hasta en presencia de los hijos. En estos casos, la autoridad se ve notablemente apagada, extinguida, destrozada en mil pedazos. La posibilidad de volver a construir esa autoridad es, en estos casos, casi imposible.

Los profesores se quejan de las faltas de respeto, de las agresiones y las risas que todo ello causa. Muchos, incluso, llegan a perder la concentración en su trabajo y entran en estados de estrés y depresión, con graves problemas emocionales.

Cabría recordar que los maestros y profesores son figuras esenciales en la formación de niños y adolescentes, que algún día serán los que tomarán las decisiones importantes en nuestra sociedad, y que por consecuencia, tienen que poder ejercer sus respectivos trabajos desde el respeto y la consideración a todos, saber motivar y poder hacer frente a los obstáculos que se van a encontrar, no sólo en el ámbito profesional, sino también en el personal.

Desde la esperanza y la convicción de que se está haciendo un buen trabajo en las aulas, se podría apostar para que entre toda la sociedad se llegara a recuperar los valores fundamentales de la humanidad.