
- Iglesia, Arévalo - f. mañueco
Entre Villacastín y Tordesillas hay 100 kilómetros. Ni uno más, ni uno menos. Justo a medio camino entre una y otra población se levanta, majestuosa, Arévalo. Villacastín, punto de partida para realizar esta excursión, se encuentra a 35 kilómetros de Ávila y de Segovia y a 85 de Madrid. Y apenas una treintena de kilómetros separa Tordesillas de Valladolid. Madrigal de las Altas Torres, villa natal de Isabel La Católica, dista dos docenas de kilómetros de Arévalo.
Es una zona de Castilla, por tanto, muy accesible, muy "recogida" y bien comunicada. En todos los pueblos de la zona se puede disfrutar de una rica y contundente gastronomía, en la que destacan los asados y el cochinillo. Pero lo más importante de estas villas es su riqueza monumental y su intensa historia. Una historia que supura por todos los poros de estos lugares.
Villacastín crece alrededor de su vieja plaza, siempre bulliciosa. Pero destaca sobre todo la poderosa fábrica de su iglesia. Es realmente impresionante esa mole de piedra en lo alto de un pequeño otero. Merece la pena detenerse para contemplarla, antes de proseguir hasta Arévalo, que es una de las ciudades castellanas en las que se concentra mayor número de monumentos históricos y bienes de interés cultural. La localidad, vista desde lo alto de la torre del homenaje de su castillo, se presenta como una sucesión de casas señoriales, palaciegas e iglesias, cuajadas de torres, entre las que destacan las torres gemelas de San Martín. Un perfil realmente impresionante.
El castillo de Arévalo, por fin visitable
Sin duda, lo que más llama la atención del visitante cuando llega a Arévalo es su imponente castillo, en el que destaca una soberbia torre en forma de D mayúscula fabricada en piedra muy clara, que contrasta con el resto de la edificación, mudéjar, realizada en ladrillo. La mole de piedra sólo se ve interrumpida por algunas troneras para piezas de artillería y por una única saetera.
El castillo de Arévalo se levanta en un extremo de la ciudad, algo apartado del centro. Se defiende por un lado gracias a un foso y a una barbacana que acaban de ver la luz después de intensos trabajos de excavaciones arqueológicas. Por el otro obtiene defensa de la propia naturaleza, gracias a los cauces de los ríos Adaja y Arevalillo.
El edificio alberga un enorme silo y un curioso museo de cereales, en el que se pueden contemplar cientos de muestras de diferentes tipos de trigo, maíz, arroz, avena... El castillo, que ha pasado varios años en restauración, es visitable los fines de semana. Merece la pena subir la estrecha escalera de caracol para acceder a lo más alto del recinto.
La antigua cárcel y la Ermita de la Lugareja
Hay otro museo del cereal, muy recomendable, junto al arco de Alcocer, en la plaza del ayuntamiento, donde se encuentra la oficina de información turística. Comparte edificio con un centro de interpretación de la naturaleza de la zona, en el que se pueden contemplar aves esteparias como las avutardas, las gangas y las ortegas. Y también las rapaces habituales en la zca como el milano, el cernícalo y el aguilucho. Muy recomendable.
La plaza, soportalada en parte, siempre se muestra llena de vida. Sobre el arco de Alcocer estuvo la cárcel. Se dice que el peor tormento que podía sufrir un penado era el de encontrarse encerrado precisamente en la celda situada sobre el arco, que cuenta con una gran ventana. Desde ella el recluso podía ver la vida y la algarabía de la gente en los días de mercado, sin poder disfrutarla... Tortura psicológica. Cerca del castillo llama inmediatamente la atención el arco de Medina, realizado en ladrillo, y la propia solidez del puente.
A la salida del pueblo, en dirección a Noharre, en un altozano, se levanta la Ermita de La Lugareja. Una preciosidad del románico mudéjar. En ella destaca especialmente el cimborrio decorado con arcadas ciegas
Tordesillas y Madrigal de las Altas Torres
Tordesillas merece una visita tranquila y pormenorizada. Con tiempo para visitar y descubrir todas las maravillas que encierra esta villa. La plaza mayor, el puente sobre el Duero con sus diez ojos, los restos de la muralla, las iglesias, sus conventos, el monasterio de Santa Clara, las ermitas... Hay mucho que ver en Tordesillas. De hecho es uno de los pueblos más cargados de historia y de historias de toda España. Tanto como el vecino Madrigal de las Altas Torres, cuna de la reina Isabel La Católica.
Isabel La Católica y Juana La Loca
La plaza mayor de Tordesilas, cuadrada y amplia, se encuentra rodeada por completo soportales, como suele ser habitual en Castilla. En uno de los palacios se firmó el tratado de Tordesillas entre Castilla y Portugal, por el que ambas potencias se repartieron las regiones conquistadas en el Nuevo Mundo.
Juana I de Castilla, conocida como Juana la Loca, hija de los Reyes Católicos y madre del emperador Carlos V, acabó sus días confinada en Tordesillas, trastornada por la muerte de su esposo, Felipe El Hermoso. Una reclusión que duró casi medio siglo. Mal acabó una reina tan culta y refinada como ésta. Nadie olvida que recibió una intensa instrucción por parte de la mítica Beatriz Galindo.
La estructura urbana de Madrigal de las Altas Torres ha sufrido pocos cambios en los últimos 500 años. Siempre en torno a sus dos corazones, la Plaza de Santa María y la de San Nicolás. El mapa de esta villa dibuja círculos concéntricos, a modo de tela de araña, dentro del recinto amurallado. En Madrigal manda el ladrillo en las fachadas y las piedras en el firme de las calles. Madrigal merece una visita despaciosa y pormenorizada.
