La aparición de monstruos con formas animales en los mitos griegos es algo común. El monstruo tiene la función de oponerse al héroe que, derrotándolo, muestra su grandeza. Así, Teseo mata al Minotauro; Perseo, a la gorgona Medusa; y Belerofonte, a la Quimera. Ulises, menos poderoso, consigue escapar de los cíclopes, las sirenas, Escila o Caribdis. Heracles, el héroe por excelencia, desempeña el papel de domador o matador de monstruos en nueve de sus doce trabajos y sale victorioso de sus enfrentamientos con un león, un jabalí, un toro, aves de rapiña, etc.

Monstruos mitológicos: exageración e hibridismo

En numerosas ocasiones estos monstruos son animales tomados de la realidad, a los que se da el carácter terrorífico, añadiéndoles partes de otros animales, o exagerando enormemente sus cualidades. Un recurso común es la falta de algún órgano (un ojo en el cíclope) o la proliferación de éstos (Cerbero, perro monstruoso que guardaba la entrada de los Infiernos para evitar que salieran los muertos y entraran los vivos, poseía tres cabezas, cola de serpiente y el lomo erizado de cabezas de víboras).

El hibridismo (el cruce entre animales de distinta especie) destaca como otro recurso para crear a los monstruos: este es el caso de la Quimera, la Esfinge, Escila, las gorgonas, etc.

Pegaso y la Quimera

Pegaso era un magnífico corcel blanco con alas doradas hijo de la Gorgona Medusa y de Poseidón. Cuando nació echó a volar hasta el monte Helicón, residencia de las nueve musas. Allí, correspondió a la hospitalidad de las musas abriendo con sus pezuñas un manantial al que se llamó Hipocrene, que significa “fuente del caballo”, y cuyas aguas daban inspiración poética a todo el que las bebía.

Numerosos dioses del Olimpo intentaron capturar a Pegaso, pero sólo Belerofonte, con la ayuda de Palas Atenea, consiguió someterlo. Partió con él en busca de la Quimera, un monstruo volador con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente, que echaba fuego por la boca y estaba devastando los campos de Licia. Belerofonte y Pegaso se enfrentaron a la Quimera y el brioso corcel, más rápido y ágil que el monstruo, esquivó las llamaradas, mientras Belerofonte consiguió introducir un trozo de plomo en la garganta de la bestia; el plomo se fundió con el calor de las propias llamas de la Quimera y le abrasó las entrañas.

Ebrio de éxito, Belerofonte decidió volar con Pegaso al Olimpo para sentarse junto a los dioses. Zeus le vio llegar y envió un tábano que picó a Pegaso, el cual se puso a cocear de tal modo que Belerofonte cayó a tierra. Después, Pegaso ascendió al Olimpo, donde Zeus le alojó en su establo y, a partir de entonces, lo utilizó para transportar sus rayos divinos.

Escila

Originariamente Escila era una bella joven, pero su madre, Anfítrite, celosa esposa de Poseidón, encargó a Circe que la transformara en un horrible monstruo con doce patas y seis cabezas de perro, en el extremo de largos cuellos de serpiente. Escila encontró un cubil en una caverna de los acantilados del Estrecho de Mesina y cada vez que una embarcación atravesaba el estrecho, utilizaba sus seis cabezas para devorar a cuantos marineros pudiese.

El Minotauro

Dentro de estos terribles cruzamientos se incluía el ser humano, caso del Minotauro, híbrido con cabeza de toro y cuerpo de hombre, cuyo verdadero nombre era Asterión. Nació de la unión de Pasífae, esposa del rey cretense de Minos, y del toro blanco que Poseidón había enviado al monarca. Cuando Minos descubrió el nacimiento del Minotauro, sintió tal horror que lo encerró en el Laberinto, diseñado por Dédalo, del cual resultaba imposible salir.

Allí eran enviados cada año siete muchachos y siete muchachas atenienses para ser devorados por el monstruo. Estos jóvenes se entregaban como tributo de la ciudad de Atenas al poderoso Minos, hasta que Teseo, príncipe ateniense, decidió oponerse a este sacrificio y se ofreció para compartir la suerte de los jóvenes condenados a morir en las fauces de la bestia. Una vez en el Laberinto, Teseo logró matar al Minotauro y consiguió encontrar la salida gracias al ovillo que Ariadna, una de las hijas de Minos, le había proporcionado.

Centauros

Otro caso de cruzamiento lo representan los centauros, hijos de Ixión, rey de Tesalia que había tenido la audacia de desear a Hera. Seres mitad hombre y mitad caballo, se les atribuía un carácter brutal y salvaje, como el que demostraron en las bodas de Pirítoo, rey de los lapitas. Aquí se emborracharon e intentaron violar la novia y a todas las mujeres convidadas. Los lapitas, tras una terrible lucha, consiguieron vencerles.

No obstante, otros centauros mostraban un carácter más pausado, como Quirón, famoso por su ciencia y su sabiduría, a quien se encargó la educación de Aquiles.

Monstruos en la mitología griega: la lucha del hombre con los elementos naturales

Los combates de los héroes con los monstruos mitológicos simbolizan la lucha eterna entre el hombre y los elementos naturales, a los que intenta dominar para establecer un mundo más armonioso y más habitable. Es al fin, el triunfo de la inteligencia y de la razón sobre las fuerzas brutales de la naturaleza.