Una de las familias más importantes del Renacimiento es, sin duda, los Borja. Con este nombre fueron conocidos en su lugar de origen, Xàtiva y Gandia, aunque pasaron a la historia como los Borgia. Se trata de dos ramas de la misma familia aunque la segunda italianizó su apellido para encajar y triunfar mejor en la sociedad italiana del momento frente a familias como los Sforza o Della Rovere.

La leyenda negra y los orígenes

Sobre los Borja existe un halo de leyenda negra que les ha acompañado desde siempre y que algunas publicaciones posteriores han seguido alimentando. En muchos casos estas leyendas han sido originadas por sus propios enemigos contemporáneos, como Francesco Guicciardini y su "Storia d'Italia". Hechos como el poder ejercido por la Corona de Aragón en Italia servían de acicate para atacar a esta famlia conocida en Roma como los catalani. Pero, sin duda, textos de propaganda antipontificia recogida y extendida por sus adversarios políticos, como Savonarola, que insistían en el origen converso de Alejandro VI, en su pacto con el diablo, el libertinaje sexual y los crímenes.

Actualmente, la historia se está encargando de reescribir estos turbios asuntos gracias a las nuevas investigaciones de grandes expertos en la materia como Santiago Laparra, Lluís Cerveró o el jesuita Miquel Batllori y su obra "La familia Borja", y a instituciones como el Instituto Internacional de Estudios Borgianos (IEEB). Porque no es fácil tratar a una familia sobre la que se ha escrito tanto, unas veces para mal y otras para bien. Y claro está, hay que añadir la presencia de ciertos pasajes con escasas noticias que no hacen más que avivar este halo misterioso.

Los orígenes de la saga familiar son un ejemplo. Por un lado, parece ser que existe una rama ennoblecida, la de Gil de Borja, y otra plebeya, la de Borja, perteneciente a la ciudadanía de Xàtiva, y que convergen en 1419 con el matrimonio de los padres del futuro Alejandro VI. Y es que en esta ciudad existe constancia documental de la presencia del apellido desde el siglo XIII y que enlaza con la población homónima de la provincia de Zaragoza. Aquí es donde adoptaron el toro de gules como distintivo, toro semejante al de la ciudad zaragozana.

El ascenso de los Borja

El primero de la familia en alcanzar las cotas de poder más elevadas es Alfonso de Borja. Su nacimiento el 31 de diciembre de 1378 se suele situar en la Torre de Canals. Era hijo de Domingo de Borja y de una Francina de apellido desconocido y tenía 4 hermanas más. La familia era menos pudiente que sus parientes de la cercana Xàtiva pero con los suficientes recursos como para que estudiara la carrera jurídica.

Alfonso de Borja era inteligente, muy esforzado y afortunado. De hecho, llegó a ser papa sin ser miembro de alguna de las grandes familias de su tiempo y ni siquiera ser italiano. El camino no fue fácil. En 1416, siendo canónigo de Lleida, fue designado como representante en el Concilio de Constanza, al que posteriormente no asistió. En una de las reuniones preparatorias debió conocer al futuro rey de Aragón, Alfonso el Magnánimo, en la corte del cual llegó a ser vicecanciller, entre otras atribuciones y cargos. Su prestigio como jurista creció y fue llamado a intervenir en la solución del Cisma de Occidente. Contribuyó a que el autotitulado Clemente VIII, el Papa Luna de Peñíscola, abdicara en 1429. Desde este momento, Alfonso de Borja empezó a ascender dentro de la iglesia. En ese mismo año fue nombrado obispo de Valencia, título que cedió a su sobrino Rodrigo poco antes de morir. Se iniciaba así una etapa en la que dicha diócesis estuvo gobernada desde la distancia y en la que la recaudación de rentas era más importante que los asuntos espirituales.

Alfonso llegó a Roma como embajador del Magnánimo y en 1444, después de negociar los derechos del rey sobre Nápoles, fue nombrado cardenal por Eugenio IV. Su camino dentro de la Iglesia era ascendente y los acontecimientos internacionales jugaron a su favor.

El papa cruzado

En 1455, y contra todo pronóstico, acabó sucediendo al papa Nicolás V por diferentes factores: las luchas entre las facciones cardenalicias, la defensa del ideal de cruzada contra los turcos y su edad avanzada le convirtieron en el candidato deseado: iba a ser un papa de transición. No obstante, la principal preocupación del ahora ya Calixto III era la caída de Constantinopla en 1453 y que dejaba Europa a merced de la expansión del Islam. Así es como en 1455 predicó la Cruzada para atajar la amenaza y, aunque obtuvo escasa respuesta por parte de los reyes cristianos, consiguió la victoria en la famosa batalla de Belgrado de 1456. La amenaza quedaba momentáneamente frenada.

Calixto III, como los grandes personajes de su época, practicó el nepotismo entre sus familiares, nombrando varios cardenales de su familia.

En el momento de morir en 1458, y ante la costumbre de aprovechar la muerte del papa para lanzarse sobre sus posesiones, uno de sus sobrinos, el cardenal Juan Luís del Milá, se retiró a sus dominios de Albaida; pero otro permaneció en Roma junto a su tío pese a las presiones que recibía. Se trataba del entonces vicecanciller Rodrigo de Borja, futuro Alejandro VI. Desde entonces, el poder y la leyenda de esta familia seguiría creciendo a la par, alimentando odios y enemigos.