En un intento por moralizar el sexo en los comienzos del cristianismo, San Agustín oficializó con nombre propio la postura sexual más practicada de la historia: el misionero. El sabio de la Iglesia recomendó que la mujer expusiera el cuerpo sobre su espalda y se dejara penetrar con la variante de elevar sus rodillas hacia sus hombros.

Cuando el Faraón Menephta derrotó a los libios en el 1300 antes de Cristo, mandó cortar miles de penes de sus enemigos y los llevó a su tierra como trofeo, luego los echó a las bestias carnívoras en plena plaza pública y rodeada de una multitud.

En el siglo XVI, la española decente debía seguir normas estrictas, como por ejemplo no enseñar los pies, pues se consideraba inmoral y una provocación a los hombres. Cuando se sentaban, ocultaban los pies bajo un pliegue del traje hecho para tal propósito.

Master y Johnson, cinturones castidad, el tao y el brassier

Los doctores Master y Johnson, dos investigadores norteamericanos obsesionados por la naturaleza fisiológica y psicológica de la excitación humana, registraron en vivo más de 10 mil orgasmos en 700 hombres y mujeres y revolucionaron la sexualidad moderna.

Los sabios chinos de hace 5.000 años enseñaban una doctrina metafísica llamada Tao, una especie de alquimia interior movida por la energía sexual. La fusión del sexo masculino y femenino era la receta del elixir de la vida, y la perfección se lograba eyaculando cuantas veces fuera posible en una mujer para que ellas consiguieran múltiples orgasmos.

El celo extremo en la Edad Media y hasta el siglo XVII llevó a los miembros de la Iglesia inventar los más sofisticados y degradantes cinturones de castidad para las mujeres, láminas de metal con candados y cerraduras imposibles de abrir sin la llave que llevaba el esposo a todas partes. Actualmente se pueden ver en el Museo Cluny de Paris.

El antecesor del brassier o sostén moderno es el mamillare que llevaban las mujeres de la antigua Roma para levantar sus lívidos y turgentes senos. Se cree que la francesa Cadolle fue la inventora de la prenda en 1889, pero se le encontró en sus archivos el diseño romano. Y a propósito de brassier, Ana Bolena, una de las seis esposas de Enrique VIII, tenía tres senos.

Amantes extremos, zoofilia y el Vaticano

Uno de los amantes más extremos de la historia fue el rey Salomón que gobernó Israel durante 40 años en 973 antes de Cristo. Tuvo 700 esposas y más de 400 amantes, y fue solo superado por el rey Ibn Saúd de Arabia a finales de los años 50 y el actor Warren Beatty, ¡quien asegura haber llevado a la cama a más de 12 mil mujeres!.

La zoofilia ha sido practicada desde la prehistoria, pero aún en el siglo XXI es una costumbre en el suroeste de África y en el Caribe colombiano y las Antillas. Casi nunca ha sido penalizada, pero se sabe de un español de apellido Zaragoza que fue condenado a cuatro años de cárcel en 1583 por mantener relaciones apasionadas con una mula ajena.

Hasta 1890 se castraba a los niños cantores del Vaticano para que tuvieran las suaves voces que se les conoce. Y se cree que en el mismo Vaticano existe la más grande biblioteca sobre sexualidad, unos 10 mil volúmenes, ya que en el pasado y hasta hace muy poco tiempo la Iglesia y Dios eran la única autoridad sobre el tema.

El sexo de las culturas

Cada cultura tiene su propia manera de ver la sexualidad. Así, por ejemplo, en algunos pueblos esquimales los hombres muestran su hospitalidad ofreciendo a sus esposas durante toda la noche, mientras en los pueblos musulmanes el adulterio es castigado con la lapidación.

En la tribu de los sakalaves de Mozambique es vergonzoso que una mujer llegue virgen al matrimonio y se puede castigar a la familia de la joven con el pago de ganado y tierra. Para evitar esto, la familia somete a la adolescente a relaciones sexuales hasta la saciedad antes de casarse. Y en la antigua Fenicia un sacerdote era quien desfloraba a las niñas con un cuchillo de oro.

Los antiguos mayas consideraban la masturbación masculina como una ofrenda a los dioses de la fertilidad y regaban con semen los campos de maíz. Y en cuanto a la sexualidad en la antigua Grecia, un pueblo racional pero con muchos agüeros, tanto las mujeres como los hombres trataban de calmar los torrenciales aguaceros exponiendo sus genitales al cielo en plena lluvia.

Los egipcios de la antiguedad y hasta comienzo del siglo XX acostumbraban a no desvirgar a sus novias, y pagaban a un sirviente para que hiciera el trabajo delante de ellos. Y en la época Victoriana era indecente y vulgar hacer el amor los domingos, pues se consideraba día de asueto de los campesinos y los pobres.

Y, por último, la costumbre de llevar el vello púbico femenino depilado muy en boga hoy día en occidente, era un infalible afrodisíaco visual en la antigua India, cuna del tantrismo, Grecia y Roma, los pueblos más sexuales de la historia.