Junto con el corazón rojo, uno de los más populares iconos empleados para el día del amor y la amistad es el del pequeño Cupido regordete y alado con su consabidos arco y flechas.

Sin embargo frecuentemente sucede que las cosas no son lo que parecen, y en la iconografía mitológica no hay excepción.

Eros, dios de lo erótico

Cupido fue el nombre que los romanos le dieron al dios griego Eros, quien antes de transformarse en el bebecito adorable que representa al amor romántico tenía una connotación bastante distinta.

Eros era el dios de erotismo desenfrenado, y su función había sido esencial para dar origen al mundo.

Del origen del mundo al día de San Valentín

Robert Graves, autor entre otras cosas, de Los mitos griegos, narra el mito órfico de la Creación, donde por primera vez Eros es mencionado.

En medio del cosmos estático, nos dice Graves, la Noche de alas negras fue cortejada por el Viento y entonces puso un huevo de plata “en el vientre de la oscuridad”.

De aquel huevo luminoso surgió Eros y su fuerza era tal que logró poner al universo en movimiento.

Eros, la imagen original

Eros originalmente tenía ambos sexos, alas doradas y cuatro cabezas.

Podía mugir como un toro o rugir como un león, sisear como una serpiente o balar como un carnero.

Otras versiones del mito sostienen que Eros había sido procreado por Afrodita y Hermes, o por Afrodita y Ares, o incluso por Afrodita y Zeus, su abuelo.

Existe también la versión que atribuye la paternidad de Eros a Iris y al Viento del Oeste.

Cupido y la pasión

Pero en lo que todas las versiones coinciden es en que su poder era indomable, abrumador, y sus flechas, disparadas al azar, generaban una pasión autodestructiva tanto en mortales como en dioses.

Aquella pasión sexual era vista por los antiguos griegos como un mal igualable a la Vejez o a la Plaga, en el sentido de que podía alterar el orden social establecido.

Pero el mal era necesario, estaba claro, de cuántas criaturas se habría privado el mundo de no ser por la acción de Eros.

El amor romántico

El paso del tiempo, con todo, fue limando sus asperezas. Los propios poetas griegos comenzaron a ver las arbitrarias e implacables acciones de Eros como meras “travesuras”.

El Eros post-homérico, dice Graves, se había convertido ya en “una broma literaria”.

Su aspecto había cambiado también; Eros había comenzado a ser imaginado como un joven hermoso, asociado, ahora si, al amor romántico.

En la época Alejandrina comenzó a ser retratado como un pequeño niño, pero esta imagen aún no se había impuesto.

Quedaba además, un recordatorio de su fuerza y función originales; en su santuario de Tespias el pilar fálico que lo representaba continuó siendo adorado.

De Cupido y Psique a Freud

Tiempo después en la historia de Cupido y Psique, escrita por Apuleyo autor romano, se retrata a Eros como un amante cuidadoso, devoto y delicado.

Su aspecto puramente sexual y salvaje finalmente había quedado en el olvido.

Pasados muchos siglos, Sigmund Freud desenterró la profunda connotación original de Cupido. En su teoría del psicoanálisis denominó al instinto de vida, aquella fuerza presente en todos, con su nombre: Eros.

El 14 de febrero y Cupido

La trivialización comercial, con todo, siempre será más popular, y el cursi Cupido domina aún el día del amor y la amistad.

Quizá el bebe Cupido, en el imaginario colectivo actual, sea una imagen ya divorciada del Eros original. Sin embargo es probable, muy probable, que el icono sólo sea un eufemismo que nos evita tener que mirar de frente el políticamente incorrecto poderío de nuestro propio erotismo.