Se podría llegar a pensar que la reacción ante el hecho de ser descubiertos realizando un acto moralmente reprobable debería ser un acto instintivo. Sin embargo no es así, ya que culturas diferentes tienen reacciones diferentes, mostrando que se trata de una reacción puramente cultural y aprendida.

Lo mismo sucede con dos sentimientos íntimamente relacionados con lo expresado anteriormente como son la vergüenza y la culpa, por lo que se debe aceptar que los sentimientos de culpa o de vergüenza tienen un alto componente cultural.

Culturas de vergüenza y culturas de culpa

Algunas culturas, ante los actos socialmente reprobables, tienden a que sus ciudadanos sientan vergüenza en el caso de ser sorprendidos, mientras que otras culturas, lo que favorecen es el sentimiento de culpa, que al ser un sentimiento interno, no hace falta ser descubierto para sentirlo.

Así, para las culturas de vergüenza, lo realmente terrible de un acto moralmente reprobable es ser descubierto, mientras que para una cultura de la culpa, lo terrible es cometer un acto reprobable. De ahí que el castigo, o la necesidad de reparación, en una sociedad de vergüenza sea mucho más elevado que en una sociedad de culpa.

Culturas de vergüenza

Ruth Benedict considera que la cultura japonesa es una cultura en la que la vergüenza es uno de sus elementos fundamentales. Así, por ejemplo, cuando un japonés es descubierto en un acto de corrupción, la humillación pública a la que es sometido es enorme, ya que, al ser una cultura de vergüenza, la humillación es una penitencia realmente eficaz. De ahí la humillación pública, pidiendo perdón por parte del Presidente de Toyota.

El honor

La vergüenza está relacionada con el honor, de ahí que cuando alguien, en una cultura de la vergüenza es descubierto, esté bien visto el suicidio como acto honorable. Sin embargo, esta visión es un arma de doble filo. Cuando una mujer es asediada sexualmente, cosa muy frecuente en Japón, la mujer siente una vergüenza infinita, por lo que no suele denunciar estos abusos.

Sin embargo, el problema es tan grave que han tenido que crearse vagones de metro exclusivos para mujeres para evitar los tocamientos y abusos sexuales. Otro ejemplo terrible de consecuencias de la cultura de la vergüenza o del honor sería el caso de las mujeres violadas en Jordania.

Cuando una mujer es violada en Jordania, se ha manchado el honor de la familia, por lo que la mujer violada suele ser asesinada por miembros de su propia familia, para así limpiar el honor de la familia. De ahí que muy pocas violaciones sean denunciadas, quedando así en el terreno de aquello que no se hace público.

Culturas de culpa

Las culturas de culpa, como la occidental, debido a sus raíces cristianas, hace sentirse culpable a quien realiza un acto moralmente reprobable, hasta el punto que, en numerosas ocasiones, el hacer público el delito, o el acto moralmente reprobable (confesión), es la única salida para quien se siente terriblemente culpable de lo que ha hecho; esto es algo realmente impensable en una sociedad con una cultura de la vergüenza.

Naturalmente, en una sociedad que prima la culpa, la vergüenza también existe, y viceversa, por lo que sentir vergüenza al ser descubiertos es perfectamente normal. De ahí que, por ejemplo, John Stuart Mill considere que los hombres son realmente libres en el espacio de intimidad que significa el terreno de lo privado, pero que, sin embargo, en el ámbito público, en el que podemos ser juzgados por los demás y por el estado, debemos seguir las normas establecidas por la sociedad.

El caso de Tiger Woods

Lo sucedido con Tiger Woods sería un caso clarísimo de arrepentimiento terrible de sus infidelidades, una vez descubierto. No antes. El haberse destapado el caso ha tenido como consecuencia su retirada temporal, su desaparición de la escena pública durante un tiempo, la rueda de prensa en la que admite su culpa y lamenta lo sucedido.

En esta rueda de prensa afirma: "Creí que las leyes no se me aplicaban, pasé las fronteras, creí que siempre sería impune". En estas declaraciones de puede comprobar que lo que hace que lamente lo sucedido es que se ha hecho público (y le ha hecho perder millonarios contratos publicitarios).