Cuando el termómetro desciende, la piel se resiente. El frío intenso, el viento y los continuos cambios de temperatura entre ambientes cerrados y el exterior, agreden la epidermis que se vuelve más seca, deshidratada y apagada. Las partes más perjudicadas son el rostro, los labios y las manos, por ser las más expuestas; pero también el resto del cuerpo.

Los enemigos de la piel

Cuando el frío y el viento atacan la piel, el flujo de sangre se hace más lento y la piel aparece apagada, seca y tirante. Los permanentes cambios de temperatura provocan una vasoconstricción y luego una improvista vasodilatación que hacen sufrir aún más a la piel. Suelen aparecer pequeños vasos superficiales, prurito y deshidratación. Naturalmente la piel del rostro es la que se resiente más, pero la piel de las partes cubiertas del cuerpo, también sufre porque está menos oxigenada, por lo que existe un menor recambio celular.

El peeling

Se debe realizar con productos a base de retinol, derivados de la vitamina A y de ácido glicólico que mejoran la textura cutánea. El peeling sirve también para el cuerpo, eligiendo productos a base de urea, que ejerce una acción suavizante sobre la piel seca de las zonas más ásperas como codos y rodillas. Algunos productos contienen aceites esenciales que potencian el efecto exfoliante y sirven también como equilibrantes emotivos. Cualquiera sea el producto elegido, lo importante es realizar el peeling delicadamente, evitando sustancias agresivas y sin exagerar la cantidad de aplicaciones.

La importancia de una piel hidratada

La deshidratación no la padecen solo las pieles secas, sino también las pieles grasas. La piel pierde elasticidad, se hace más permeable y absorbe todas las sustancias nocivas con riesgo de irritación. Se acentúan las arrugas y la piel se vuelve tan intolerante que el contacto con cualquier sustancia que generalmente no crea problemas, puede producir irritación. Por esto es importante utilizar cremas con sustancias como las ceramidas que favorecen la unión de las células, el ácido hialurónico con propiedades hidratantes, complejos de algas, extractos de madreperla y sustancias vegetales como la orquídea negra. Entre los principios activos más prometedores se encuentra el extracto de la secreción de Cryptomphalus Aspersa (caracol) que produce una acción regenerante, reparadora y antioxidante.

Una buena protección solar, también es importante en invierno, sobre todo para las mujeres que frecuentan la montaña; los anticonceptivos y las terapias hormonales de sustitución pueden provocar la aparición de manchas solares.

Los alimentos que ayudan al cuidado de la piel

La alimentación también ayuda a defender la piel del frío. Los lácteos nutren la parte interna de la piel haciéndola más elástica, favorecen la hidratación de las células y las mucosas, aportando una cantidad de aminoácidos que estimulan la producción de colágeno y elastina. La leche es un alimento “amigo de la piel” porque contiene vitamina B8, estimulante de las células, y vitamina B6, indispensable para reconstruir la epidermis y combatir las impurezas cutáneas. Los alimentos ricos en vitamina C (frutas y verduras de estación) y omega-3 (pescados) ayudan a la elasticidad de la piel. Los frutos del bosque, ricos en flavonoides, ayudan a reforzar las paredes capilares.

Cuidado de labios y manos en invierno

Los labios no tienen glándulas sebáceas, ni estrato córneo, por esto se resecan rápidamente; especialmente si falta la vitamina E. Es necesario nutrir los labios con productos reparadores a base de manteca de karité, aceite de sésamo y jojoba.

Para proteger las manos de la sequedad y el enrojecimiento hay que utilizar cremas nutrientes con sustancias como la silicona que crean una barrera al frío. Una vez a la semana puede resultar útil realizar una máscara con ácido hialurónico, azeloglicina, aceite de oliva y camelia (emolientes e hidratantes). Se aplican sobre la piel de las manos y las uñas, haciendo penetrar la crema. Se colocan guantes y se dejan reposar por 30 minutos.

Para cuidar la piel se pueden utilizar remedios caseros y naturales como yogur blanco con miel, el cual tiene efecto hidratante y suavizante.