El cultivo del propio huerto es una tarea muy gratificante. Si además se adoptan sistemas ecológicos de cultivo, se puede tener la seguridad de que se están consumiendo alimentos sanos, libres de pesticidas, no transgénicos y que conservan todas sus propiedades naturales.

Época de poda en lugares de clima frío

En regiones en las que son frecuentes las heladas en invierno, no es conveniente podar en otoño los árboles frutales o los caducos: pueden bajar las temperaturas por debajo de los cero grados, lo cual dañaría la herida que se le ha ocasionado al árbol con la poda. Es más conveniente realizar esta labor cuando se acerca la primavera y ya no hay riesgo de helada.

El mismo criterio se aplica a los arbustos, incluidos los de jardín, como los rosales, las hortensias y las matas de hierbas aromáticas y medicinales.

Es el momento de labrar y abonar la tierra

En invierno se pueden cultivar muy pocas hortalizas: escarola, coles, coliflor, habas… Pero a finales del invierno ya es posible ir preparando la tierra para la gran cantidad de vegetales que se cosechan en primavera y en verano. A tal fin, la primera labor a realizar es labrar. Si se dispone de un pequeño huerto, para realizar esta tarea bastará un motocultor o, incluso, se puede realizar manualmente con una azada o con una fanga. Pero siempre se puede preguntar a algún vecino si no le importaría pasar el tractor por nuestras tierras o contratar los servicios de un agricultor; con un tractor se profundiza más y se avanza mucho en poco tiempo.

Ya labrada la tierra por primera vez, se esparcirá el abono a paladas por toda la superficie y se labrará una segunda vez, para mezclar bien la tierra con el abono. Los mejores abonos son los naturales, por ejemplo estiércol de ovejas que pastan durante todo el año. Muchos pastores lo venden e incluso lo transportan. Otro buen abono es el compost, derivado principalmente de los residuos orgánicos de la cocina.

Los frutales también se abonan en esta época: hay que cavar con mucho cuidado alrededor de las raíces (para no dañarlas) y mezclar el abono natural con la tierra extraída a partes iguales. Posteriormente se alisa bien la tierra.

Siembra o plantación de las hortalizas

Cuando se tenga la tierra abonada, se eliminarán las malas hierbas, se alisará con un rastrillo y se dividirá en pequeñas parcelas llamadas bancales, dedicando cada uno a un vegetal. La división sirve para separar los tipos de hortalizas, pues cada una requiere de unos cuidados distintos; también sirve para caminar por el huerto, creando pasillos entre los bancales para no pisar en demasía la tierra cultivada. La división puede hacerse amontonando tierra, con un espesor de un palmo, de manera que dibuje pequeños rectángulos.

Hay muchas otras formas de preparar la tierra para sembrar o plantar; el método del bancal profundo es un buen ejemplo, aunque su complejidad hace que no sea posible explicarlo aquí.

Las hortalizas pueden sembrarse o plantarse. Hay algunas, como los calabacines, que pueden sembrarse directamente en la tierra en la que se va a cultivar. Otras, como los tomates o los pimientos, se siembran antes en un semillero, que puede ser simplemente un tiesto bien grande. El semillero se mantiene protegido del frío hasta que las plantitas tienen más o menos un palmo de altura; entonces se trasplantan a su lugar definitivo.

De todas formas, el trasplante tiene sus riesgos y durante el proceso la planta puede marchitarse y morir. Por ello, es más seguro (aunque un poco más caro) comprar planteles, es decir, la plantita con la altura idónea para ser plantada. Los planteles se encuentran fácilmente en los mercados semanales de los pueblos y también en tiendas agrícolas y en algunas floristerías.

A la hora de plantar, la distancia entre las plantas depende de la especie en concreto. Lo recomendable es preguntar a un experto (un granjero de toda la vida) o consultar un buen libro de horticultura, como los escritos por John Seymour.

Un huerto en el balcón de casa

Lamentablemente, no todo el mundo dispone de un terreno grande para cultivar las propias hortalizas. Pero ello no es problema: se puede tener un pequeño huerto en el balcón de un piso. Las labores a realizar son las mismas: preparar la tierra, abonarla, sembrar o plantar los vegetales… pero a pequeña escala. Parece increíble, pero unos pocos tiestos producirán bastantes hortalizas.

Algunos vegetales que ocupan mucho lugar, como las calabazas, sólo se podrán cultivar si se dispone de una terraza grande. Pero los tomates, los pimientos, las berenjenas, las lechugas… y casi todas las plantas aromáticas y medicinales prosperarán sin problemas en maceta en un ambiente urbano. Así, se podrá disfrutar de un huerto ecológico en plena ciudad.

También algunos frutales, como los limoneros o los naranjos, salen adelante en tiestos grandes; nunca alcanzarán grandes alturas pero sí producirán buena fruta.