Hace un siglo, el azúcar blanco de caña era un artículo de lujo que sólo se consumía en ocasiones especiales. Hoy en día, se añade azúcar refinado a prácticamente todos los productos que encontramos en el supermercado.

También está aumentando la presencia de un tipo de endulzante conocido como jarabe de glucosa rico en fructosa, que sustituye al azúcar común en multitud de alimentos procesados: refrescos, zumos, golosinas, salsas, galletas, yogures, sopas, cereales, pan y hasta potitos para bebes.

Ansiedad por comer dulce

Sin embargo, esta sobredosis de azúcar blanco lo convierte en un pésimo aliado de la vida sana. Está vacío de nutrientes y es bajo en fibra. Aporta una sensación de energía inmediata pero engañosa, pues está causada por una subida repentina de azúcar en la sangre que cae en picado con la misma rapidez y se transforma en cansancio, decaimiento, ansiedad y ganas de comer más dulce. El resultado es un círculo vicioso que nos conduce a consumir cada vez más azúcar, con el consiguiente peligro para la salud y la línea.

Otro motivo que convierte al azúcar en casi una droga es que libera serotonina en el cerebro. Esta sustancia nos provoca sensación de alegría y felicidad. Y... por supuesto, cuanta más tenemos, más queremos (¡ay, esos bombones y helados que “curan” el desamor!). Sin embargo, un consumo excesivo convierte la euforia en cambios de humor, estrés, fatiga y hasta tristeza, especialmente en momentos en los que nos sentimos más vulnerables.

Desequilibrio de la insulina

Para comprender cómo nos afecta negativamente este alimento, debemos saber que el páncreas es el órgano que bombea insulina, una sustancia que acompaña al azúcar en su recorrido a través de la sangre hacia los tejidos y músculos. Cuanta más azúcar tomamos, más insulina debe producir el páncreas y más le cuesta desempeñar su función. Llega un momento en que el esfuerzo le satura, y comienza a funcionar más despacio o se produce una resistencia de las células a los efectos de la insulina. Es entonces cuando aparece la cada vez más común diabetes tipo 2 .

Sobrepeso y debilidad

Además, la insulina ayuda a crear depósitos de grasa, ya que almacena el azúcar en forma de grasa saturada. De forma que, a medida que el cuerpo se vuelve cada vez más resistente a la insulina, vamos engordando. La insulina que flota por la corriente sanguínea provoca la formación de placas en las arterias, lo que puede provocar enfermedades cardiovasculares.

Más efectos negativos: el azúcar deprime el sistema inmunológico y nos hace más vulnerables a las enfermedades. También hace aumentar el crecimiento de bacterias y la fermentación en los intestinos, lo que causa pesadez, desequilibrios en la flora intestinal (candidiasis) o sensación de vientre duro e hinchado.

Jarabe de arce y otros edulcorantes naturales

En cualquier herbolario o departamento de alimentación ecológica del supermercado podemos encontrar edulcorantes naturales que son una buena alternativa al azúcar refinado y al jarabe de glucosa rico en fructosa. Al estar menos elaborados, no afectan de forma tan acusada a las concentraciones de azúcar en la sangre y sobrecargan menos el organismo. Y aunque su sabor al principio puede desagradar al paladar, acostumbrarse a él merece la pena. Podemos elegir entre azúcar de dátil, jarabe de arroz integral, néctar de agave, jarabe de arce, miel, melaza o malta de cebada.

También existe una planta llamada stevia que es hasta 30 veces más dulce que el azúcar blanco. Se puede encontrar en líquido, en polvo o en gránulos similares a los edulcorantes a base de sacarina o aspartamo. Apenas aporta calorías y no tiene ninguno de los efectos negativos sobre el organismo del azúcar blanco. Una excelente opción para un desayuno saludable.

Este, por cierto, puede ir precedido de un vaso de agua tibia con el zumo de medio limón en ayunas, un remedio natural para eliminar toxinas del organismo.