El municipio de Cuautitlán, pertenece al Estado de México; tiene una superficie de 42.5 kilómetros cuadrados. Sus límites son al Norte, Zumpango y Teoloyucan; al Sur Tultitlán y Cuautitlán Izcalli; al Oriente, Nextlalpan, Melchor Ocampo, Tultepec y al Poniente Tepotzotlán y Cuautitlán Izcalli.

Glifo e importancia de Cuautitlán

Su glifo se encuentra en la Matrícula de Tributos indicando lo que se le daba a los mexicas. Se representa por un árbol con dientes y la diosa Tlazolteotl. De la figura del árbol da las sílabas cuauh de la palabra cuahuitl, que significa árbol y la terminación titlán se da con la representación de los dientes, ya que esa era la convención de la escritura náhuatl. De tal forma que el glifo se lee de arriba hacia abajo. El topónimo se traduce de la lengua náhuatl como: entre los árboles o entre el bosque.

En la época prehispánica Cuautitlán, fue uno de los señoríos más antiguos; a la llegada de los españoles, era el cuarto en importancia formaba parte del Terpanohuayan y tenía como sus sujetos a Tultitlán, Tepotzotlán, Huehuetoca, Otlazpan, Tepeji, Zumpango y Zitlaltepec. En la época novohispana conservó su rango siendo cabecera de alcaldía mayor y en el México independiente ha sido cabecera de distrito.

Patrimonio turístico de Cuautitlán, cruces atriales

Las nuevas formas de turismo han permitido ampliar la oferta y dar oportunidad a localidades del interior del país o urbanas desarrollar esta actividad económica, entre ellas Cuautitlán, que posee un importante acervo de patrimonio cultural. Una característica de los pueblos del Poniente del Valle de México, es la existencia de cruces atriales con elementos pasionarios, que por un lado, tenían una finalidad religiosa: motivar a la reflexión sobre la muerte y resurrección de Cristo; pero por otra parte, servían para marcar el centro del poblado

A lo largo del Poniente del Valle de México existen muchas cruces atriales que fueron promovidas principalmente por los franciscanos quienes seguían la filosofía de la cruz. La más famosa de todas y la que marca el estilo regional es la cruz monumental de Cuautitlán, situada enfrente de la catedral de Cuautitlán, que es la más grande de su género en América. Fue realizada el 25 de agosto de 1555, posee monogramas marianos además de Jesucristo y varias imágenes relacionadas con su pasión.

En Cuautitlán existe otra hermosa cruz atrial que se ubica en el panteón municipal de San José Milla, es de cantera gris. La iglesia está también en el interior del panteón y conserva interesantes elementos antiguos.

Templos de Cuautitlán, México; en torno a los franciscanos y san Juan Diego

La principal iglesia de Cuautitlán está dedicada a san Buenaventura, su fiesta 14 de julio. En la actualidad es la catedral del obispado del mismo nombre, originalmente fue el templo y el convento franciscano que fue uno de los primeros conjuntos realizados en la Nueva España para evangelizar a los indígenas. La iglesia de san Buenaventura se concluyó en 1732. En su interior existen pinturas del pintor flamenco Martin de Vos del año de 1581, otras de interés son La Piedad y santa Gertrudis. La capilla de la inmaculada Concepción es barroca, conserva un retablo churrigueresco con imágenes de san Francisco y san Antonio de Padua. El templo del Huerto, barrio del mismo nombre, es de estilo barroco y data del siglo XVII.

De sumo interés histórico es la Iglesia del Cerrito donde, se encuentran los restos arqueológicos de lo que se considera la casa que fuera de Juan Diego. En el mismo lugar está el templo de la quinta aparición que se construyó de 1800 a 1810, se inició el culto público en 1817, destaca en altar principal una pintura de la virgen de Guadalupe. Existe una polémica entre Tulpetlac, municipio de Ecatepec y Tlayacac, municipio de Cuautitlán sobre el lugar exacto donde se realizó la quinta aparición. La primera localidad se basa en la cercanía con la Villa de Guadalupe y por los descendientes de Juan Diego, que incluso llegan hasta la actualidad. Mientras que Cuautitlán defiende su primacía por los restos arqueológicos del Cerrito y por la narración del Nican Mopohua.