África cuenta con algunos de los desiertos más fascinantes e inexplorados del mundo. Las enormes extensiones de inhóspita arena, la posibilidad de una tormenta, los cambiantes colores y las extremas temperaturas son un desafío para los aventureros que quieren descubrir la naturaleza más salvaje.

El silencio, la soledad y la falta de una brizna de aire que rompa el ambiente cambia drásticamente por la noche, cuando el frío y las estrellas se adueñan del mundo. Con las precauciones adecuadas y un guía bien informado, una travesía por el desierto puede ser el lugar en el que reencontrarse a uno mismo este verano.

La acacia solitaria del Teneré

El desierto más famoso del continente es el Sáhara, que recibe su nombre del propio término “desierto” en árabe. Lo mismo ocurre con el Teneré, que es la traducción en lengua tuareg y se refiere a la parte del sur central, en Níger. El Teneré, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1991, se considera uno de los desiertos más hermosos del mundo.

Este desierto es conocido porque en 1979 el motociclista francés Therry Sabine se perdió durante dos días entre las gigantescas dunas, suceso que inspiró el Rally París-Dakar. En sus arenas existía una acacia solitaria que servía como punto de referencia hasta que en 1973 fue arrollada por un camión. Hoy hay en su lugar una estructura metálica que los guías turísticos siguen usando como referencia, junto con el sol, el viento y las estrellas.

Las montañas Aïr, a occidente, son el punto de partida de las caravanas tuareg que atraviesan el desierto hasta Bilma en busca de sal. La leyenda dice que los cercanos acantilados Kaouar, en torno a los que están las salinas, guían con su canto la caravana. El tráfico rodado ha sustituido a los camellos que antiguamente cruzaban el desierto dos veces al año para transportar la preciada carga hasta la ciudad de Agadez.

Los espectaculares paisajes del Danakil

El desierto de Danakil, situado dentro de la depresión de Afar, en Etiopía, es uno de los puntos más calientes del planeta y se encuentra a unos 100 metros bajo del nivel del mar.

El paisaje de esta zona es uno de los más impactantes del planeta a causa de las formaciones generadas por volcanes en activo, géiseres, fuentes de sal y lagos de ácido y lava que se distribuyen por toda la superficie. Los colores anaranjados, verdes y amarillos provocados por la sal, el azufre, el sulfuro y otros minerales dan al paisaje un aspecto irreal.

Además, el territorio tiene un incalculable valor histórico ya que, como recuerda el diario panameño La prensa, “en este desierto que amenaza un día con resquebrajarse y las aguas del Mar Rojo con sepultarlo todo fueron hallados hace 30 años los restos del Australopithecus Afarensis, más conocido como "Lucy", que data de más tres millones de años”.

La travesía para llegar al desierto de Danakil parte del norte de Etiopía pero, además del inhóspito paisaje, los volcanes y la actividad tectónica, existen grupos armados separatistas que operan en la zona, por lo que las excursiones deben realizarse con guías armados.

La depresión salada de Makgadikgadi

La depresión de Makgadikgadi, reconocida como uno de los sistemas de salinas más grandes del mundo, es en realidad un conjunto de depresiones separadas por bancos arenosos y casi desprovistas de vida a causa de la aridez de Botsuana.

Tras las lluvias, sin embargo, las depresiones que la forman se convierten en una enorme pradera que atrae a miles de animales en busca de agua. Las grandes migraciones se producen de febrero a abril, cuando antílopes, ñus y la mayor población de cebras del continente se desplazan hacia el norte, al parque Nxai Pan. Predadores y miles de aves como gansos, flamencos y pelícanos se desplazan tras los rebaños.

Otro elemento característico de este mar de sal es Lekhubu, una isla de roca declarada monumento nacional de Botsuana. Los grandes baobabs y los restos prehistóricos contribuyen a aumentar el aura de misterio de este lugar sagrado.

Las dunas del Namib

El rojizo desierto de Namib, en Namibia, se considera la región árida más antigua del planeta. En él se encuentra la duna 7, que con 380 metros de altura es la más alta del mundo.

Las dunas más cercanas al mar, que están numeradas como si fueran calles, son con frecuencia el lugar donde los viajeros esperan el atardecer contemplando el Atlántico. También los naufragios abandonados sobre la arena de la Costa de los Esqueletos atraen un buen número de turistas.

Cruzar el desierto supone toda una odisea que requiere la preparación adecuada y guías especializados, pero también una experiencia única para vivir estas vacaciones.