Según un informe de Fry Richard y D'Vera Cohn, del Centro de Pew de Investigaciones, de EE.UU. publicado en enero de 2010, la demografía contemporánea está cambiando la forma en que las parejas se interrelacionan. El informe muestra que las mujeres que ganan más y tienen un mayor nivel educacional ha aumentado considerablemente desde 1970 a la fecha.

El estudio señala que la proporción de mujeres con más ingresos que sus esposos va en aumento. Al contrario de lo que podría esperarse, eso trae beneficios para los varones casados en comparación a los solteros, puesto que les permite un mejor nivel de vida con un mayor poder adquisitivo.

La cantidad de mujeres que gana más que sus esposos aumentó en un 22%. Del mismo modo, las mujeres que tienen un grado académico universitario aumentó en un 44%, creando mejores condiciones para mayores ingresos.

Cómo afecta a la figura masculina

Esta situación provoca una reacción en el contexto de las relaciones de pareja, donde influyen, en su desarrollo, otros factores sociales como la figura preeminente de la figura masculina.

Un estudio realizado en España muestra que cuando es la mujer la que obtiene más recursos, esto suele ser escondido. Según la Dra. Sandra Dema de la Universidad de Oviedo, esto ocurre para evitar que el varón pierda "una de las bases de su masculinidad, la preeminencia económica".

Dema, autora del libro Una pareja, dos salarios: El dinero y las relaciones de poder en las parejas de doble ingreso publicado por editorial Siglo XXI el año 2006 señala que incluso aquellos varones que ganan menos no reducen sus gastos y "se sienten con derecho de poseer el dinero que ganan sus esposas", contrario a lo que ocurre con las mujeres en circunstancias similares.

Diferente relación con el dinero

La forma en que los varones y las mujeres visualizan y comparten el dinero, es una de las cuestiones que ha estado de fondo en varias investigaciones sobre el tema.

Clara Coria, investigadora argentina que viene analizando el asunto desde 1981 y ha escrito varios libros sobre el tema, en uno de los cuales titulado El sexo oculto del dinero, señala que el asunto del dinero “responde a un estereotipo de identidad sexual, la imagen del cual es defendido resueltamente frente al sexo opuesto”.

La investigación de Sandra Dema revela que, en general, las mujeres suelen utilizar "el dinero de forma muy cuidadosa, se autocontrolan, consiguen vivir con lo menos posible" a diferencia de los varones que en la gestión del dinero "asumen con mayor facilidad inversiones que generan endeudamiento".

La relación odio-amor de la mujer con lo económico

Coria ha descubierto en sus estudios que muchas mujeres consideran el dinero reino del varón, por lo tanto, suelen acercarse a él con una mezcla de sentirse inoportunas y con temor a provocar reacciones contrarias de los maridos o parejas.

A muchas les cuesta mucho generar autonomía real con el dinero, puesto que les han enseñado tradicionalmente un rol pasivo con los recursos y la imagen de que el varón es el proveedor y quien lo debe administrar.

Coria señala que "no solo es necesario tener acceso al dinero –lo cual no es nada fácil– pero es imperativo el sentir también el derecho a poseerlo. Una tiene que sentirse libre de culpa, pues el dinero necesita ser manejado, y una necesita hacer decisiones concernientes al dinero de acuerdo con el propio criterio que una tenga”, y todo eso sin complejos de culpa o sentimientos de estar en un área reservada a varones.

Lo que hay de fondo

Lo paradójico es que, aun cuando muchas mujeres han logrado la autonomía económica plena, siguen atadas a conceptos estereotipados respecto al dinero.

En un artículo titulado "El sexo oculto del dinero y su influencia insalubre en las relaciones familiares", Clara Coria vuelve a los conceptos básicos de su investigación al señalar que "la independencia económica que tantas mujeres lograron no es garantía de autonomía". La razón de fondo se debe a que muchos varones les cuesta compartir el poder que el dinero otorga. Incluso a muchos les resulta lesivo que algunas mujeres tengan control de sus propios recursos.

Coria hace una diferencia entre independencia y autonomía al señalar que "la independencia económica hace referencia a la disponibilidad de recursos económicos propios, mientras que la autonomía, a la posibilidad de utilizar esos recursos, pudiendo tomar decisiones con criterio propio y hacer elecciones que incluyan una evaluación tanto de las alternativas posibles como de las personas implicadas".

Los estudios de Richard y Cohn, muestran un leve cambio en la actitud de las parejas hacia el dinero, especialmente en el contexto de EE.UU., donde muchas más mujeres se sienten con derecho a decidir libremente sobre sus recursos, aun cuando estén casadas.

Para que las mujeres que ganan más, gasten sin tener sentimientos de culpa o estar atadas a esquemas patriarcales de administración de recursos, se precisa de otra forma de acercarse al dinero, y para ello es preciso formar a una generación con diferentes criterios al respecto.

Conclusión

A medida que sigan las tendencias mundiales de mayor participación de la mujer en el ámbito educacional y laboral, evidentemente seguirán dándose los casos donde ellas ganan más que los varones.

Será preciso una reeducación de la masculinidad, una nueva cosmovisión, para encarar el hecho que no se es menos varón si los recursos que provee son menores que los de sus compañeras. Parece una utopía, especialmente en sociedades más androcéntricas como Latinoamérica y sectores de Asia, no obstante, la tendencia mundial avanza hacia allá y es hora que el mundo masculino lo asuma o, de otro modo, se necesitarán psiquiatras y psicólogos especialistas atendiendo a varones con sentimientos de inferioridad por "masculinidad disminuida".