Se descubrió en 1953 pero siempre fue la responsable de la excitación, el deseo, la calma y la estimulación cerebral que desencadena las fantasías eróticas y culmina felizmente en la relación amorosa-sexual. ¿Podría ser su hallazgo un alegato científico contra el amor romántico? ¿Acaso el rapto de locura que distingue a los enamorados y desencadena el bienestar es química nada más? Estamos hablando de la oxitocina, la llamada ‘molécula afrodisíaca’ u ‘hormona del amor’.

Con este nuevo punto de partida, gracias a los trabajos del bioquímico estadounidense Vincent du Vigneaud, la ciencia entronca con la tesis y la experiencia vital de quienes defienden que la fuente del amor anida en el interior y que lo que anhelamos fuera es puro espejismo, siempre una proyección

Desde esta perspectiva, todo ser humano es apto para el amor porque la naturaleza lo diseñó para él, si bien se desconoce la cantidad de oxitocina que liberamos cada uno y si es mayor en unos momentos de la vida que en otros.

Cómo se desencadena el amor

Todo empieza cuando el cerebro envía a la sangre esta hormona fabricada por él que durante la actividad sexual incrementa la libido. Aunque el catedrático de fisiología experimental de la Universidad de Edimburgo, Gareth Leng, abunda en que su campo de acción afecta también a la conducta maternal y social ya que siempre acude a la llamada del contacto afectivo, el humor, la empatía, la risa franca, las caricias y, en definitiva, con la conducta generosa.

Mas tarde la repetición de contactos sexuales con una persona, con la ayuda de la oxitocina forja lazos (en el caso de ciertas especies animales, de por vida), aumenta el entusiasmo gracias a un aminoácido cómplice, la fenilalanina, y finalmente bloquea la razón en esa etapa de ceguera que es el enamoramiento.

Y aunque hay estudiosos que difieren de ese atributo de ‘amor’ otorgado a esta popular hormona (de resonancias más periodísticas que científicas), en el reino animal parece haber quedado demostrado que en el caso de los conejos esta hormona es la responsable de la fidelidad sexual por la cantidad de ella que se libera en el apareamiento.

¿Es sólo química la atracción?

No podría decirse tanto como de los animales en el caso de las personas, aunque Leng considere que la liberación de esta hormona sea de vital importancia por su repercusión en el comportamiento. Para crear uniones duraderas no basta con la química, hay que buscar otras claves. La cultura a la que se pertenece y las experiencias vitales demuestran su poder sobre la hormona, incapaz de forjar las mismas fidelidades que en los roedores.

En cualquier caso, hay científicos que sostienen que las personas con menos receptores cerebrales de los necesarios para recibir la ‘hormona del amor’ encontrarán más problemas para establecer lazos duraderos, mientras otros dudan de que una sola exposición a la oxitocina tenga un efecto tan poderoso como para provocar cambios drásticos en el comportamiento.

La otra cara de la hormona

Podríamos llegar a pensar que en muchos casos la oxitocina puede incluso arruinarle a más de uno la vida ya que el aumento de la confianza que se produce en el enamoramiento y de la pasión desatada le hace frágil, ciego y sordo a cualquier signo que implique peligro respecto a esa nueva aventura amorosa.

No olvidemos que su liberación llega por la estimulación de los genitales, la distensión del cuello uterino y la succión de los pezones, de manera que es el climax sexual el responsable de todo lo que llegará después. Pero está demostrado que la felicidad responde a otros parámetros relacionados más con las actitudes y la forma en que pensamos que con la obtención compulsiva de placer, sea éste sexual o no lo sea.

Lo cierto es que quien se hizo merecedor del premio Nobel por su descubrimiento, Vincent du Vigneaud, consiguió sin saberlo que su hallazgo derramara ríos de tinta. A día de hoy, sin embargo, sabemos que la empatía, la confianza en los demás, las interrelaciones gratificantes con los otros, los pensamientos positivos y la atracción que provocamos dependen del desarrollo de unas habilidades que podemos trabajar independientemente de la química.

Pero si no estamos dispuestos a hacer el esfuerzo, siempre nos quedará el recurso de acudir al spray con oxitocina comercializado por una empresa americana y bautizado como Liquid Trust, (confianza líquida), que promete alcanzar la confianza de los otros con su consumo, e incluso parecer más atrativos, como Grenuille, el desgraciado asesino del famoso best seller de Patrick Suskind, "El perfume".