El germen de lo que sería la ciudad medieval de Madrid estuvo en una serie de construcciones de carácter militar con un alcázar donde hoy se alza el Palacio Real. Con una finalidad de guarda y vigilancia de las rutas de la zona, nació un Madrid en donde se hablaba árabe y cuyos primeros habitantes eran soldados y militares.

El Madrid islámico

Pocos años después de la rápida conquista de la Península ibérica en el año 711, las autoridades de Al-Andalus, reorganizaron la administración del territorio. Durante el emirato de Córdoba (756-929), la comarca madrileña formaba parte de la provincia de Tulaytula (Toledo), capital de la Marca Media.

Fue el emir Muhammad I el que ordenó, a mediados del siglo IX, la fortificación de diversos enclaves que rodeaban aquella ciudad y que la protegerían de las periódicas guerras a las que se enfrentaban cada verano a causa de los rápidos ataques de los cristianos del Norte. Una de estas defensas era Mayrit (del árabe mayra, viaje de agua), que derivaría más tarde en Magerit, nombre medieval de la actual capital de España, que hace referencia, como los términos anteriores, a las corrientes de agua que tenía la zona.

Además de un bien tan vital como el agua, era una tierra poblada de encinares, con pastos para el ganado y abundante caza, lo cual facilitaba el asentamiento humano con campos de cultivo y huertas en la zona del río Manzanares.

Mayrit contaba también con una gran importancia estratégica por hallarse junto a una red de caminos romanos que unían las ciudades de Zaragoza y Mérida a través de Toledo.

Fue alrededor del año 850 cuando se pobló la ciudadela, la Almudaina (del árabe al-mudayna), término del que nace “Almudena”, nombre dado a la Virgen a la que se dedicó la primera iglesia cristiana tras la conquista. Esta ciudadela militar ocupaba alrededor de 7 hectáreas en donde actualmente se alza el Palacio Real, la plaza de la Armería y la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena. Más tarde, al Este de la Almudaina nació la Medina, la zona urbana con dos barrios diferenciados -uno de población musulmana y otro mozárabe- separados por el arroyo de San Pedro, que fluía por la actual calle de Segovia y cuyo barranco salva actualmente el Viaducto.

Existía en Madrid otro grupo social, el de los muladíes, descendientes de hispanogodos que se habían convertido al Islam tras la desaparición de la monarquía visigoda.

¿Qué lengua se hablaba en el Madrid islámico?

Uno de los mayores éxitos del avance musulmán, no sólo en la Península ibérica, sino también en el resto de las zonas de Oriente Próximo y Norte de África, fue la tolerancia con la población preexistente.

No existieron conversiones religiosas masivas impuestas por el nuevo régimen político islámico. Los cristianos y judíos eran llamados “Gentes del Libro” por practicar una religión monoteísta basada en la Biblia, por ello las conversiones que se realizaron fueron más por una imposición económica que por convicción religiosa. Efectivamente, los que no profesaban el Islam debían de pagar un impuesto y aceptar pertenecer a una clase inferior, hecho que no ocurría con aquellos que se convertían.

Teniendo en cuenta que la mayoría de la población terminó siendo mozárabe -cristianos arabizados- o muladí, es muy probable que en la vida cotidiana usaran su lengua materna, que sería con toda seguridad una lengua romance nacida del latín y de la que derivaría el castellano. El latín sería apartado del día a día y su lugar lo ocuparía el árabe como lengua culta. Sería también ésta la lengua oficial, la utilizada por soldados y mandos del contingente militar que habitaban la Almudaina y que controlaban la zona.

Madrid tendría entonces una población bilingüe propia de los lugares fronterizos de la España medieval, fruto del continuo contacto de vecinos de distintas zonas geográficas.

El alcázar árabe de Madrid

La máxima autoridad de Mayrit era el alcaide de la fortaleza y en el que descansaba el poder civil y militar. Residía en el alcázar, edificado posiblemente sobre otra construcción anterior que aprovechó también el buen emplazamiento junto al río Manzanares.

No sabemos cómo pudo haber sido este alcázar ni la mezquita que en época de Abderramán III se construyó cerca de él y de la que se han encontrado restos en la confluencia de las actuales calles Mayor y Bailén. Del primero sólo tenemos las palabras del geógrafo Harbi al-Himyarí que atestigua que “el castillo de Madrid es una de las mejores obras defensivas que existen” y debió de serlo a juzgar por los ataques cristianos que sufrieron tanto el alcázar como la muralla.

La muralla árabe de Madrid

Los restos más importantes que se conservan de su época andalusí, son los que nacen en la actual plaza de la Armería junto al Palacio Real, discurren al sur de la catedral de la Almudena y bajan por la Cuesta de la Vega, donde se hallaría una de las puertas principales de la ciudad. Es allí donde puede verse un importante tramo de muralla, en el llamado parque del Emir Muhammad I, que prosigue hasta la Cuesta de Ramón, junto al Viaducto.

Fue construida en piedra con bloques de distintas formas y tamaños. Es Monumento Histórico Artístico desde 1954 y pertenece al Ayuntamiento de Madrid. A pesar de ser el resto arquitectónico más antiguo de la ciudad, no siempre ha sido respetado por las construcciones modernas que incluso se alzan sobre ella en la esquina de la calle Mayor con Bailén.

Las últimas excavaciones nos descubren más del Madrid islámico

Parte del trazado de esta muralla árabe discurre por debajo de la catedral de la Almudena y la Plaza de la Armería. Es en este lugar donde se están realizando interesantes excavaciones como consecuencia de la construcción del nuevo Museo de Colecciones Reales que allí se emplazará y que acogerá parte de la colección del Palacio Real que ahora no puede contemplarse por falta de espacio, como los violines Stradivarius, y una extensa muestra de tapices y pinturas.

La arqueóloga responsable de estas excavaciones, Esther Andréu, ha informado de que en este mismo lugar se han encontrado los restos más antiguos de Madrid como ciudad.

La actual campaña arqueológica ha deparado varias sorpresas como el hallazgo de un esqueleto de época visigoda. Fechado en el siglo VIII y bautizado como “Valentín”, por haberse hallado el 14 de febrero de 2009, se trata de un joven de 25 años cuyos huesos revelan la dura vida que debió llevar. Tiene los pies cercenados por la construcción sobre su tumba de una vivienda de época posterior.

De época árabe han salido a la luz parte de la muralla y un edificio del cuerpo de guardia, así como restos de actividad agrícola y pozos de agua, junto a restos cerámicos de origen judío. Para los arqueólogos todo ello demuestra la existencia de habitantes musulmanes y judíos en una zona protegida por la muralla y aislada de los arrabales, donde viviría el resto de la población.

Los vestigios de viviendas en esta zona del Palacio Real son de época posterior, del siglo XII, y nos hablan de la ciudad que nació tras la conquista cristiana del territorio por Alfonso VI, cuando Mayrit quedó englobada dentro de las defensas de la también reconquistada ciudad de Toledo.