"¿A qué te dedicas?, - soy bailarín de ballet. ¡Ah!, pero, ¿y en qué trabajas?, - pues, bailo en la compañía de danza nacional".

Más de alguno se habrá visto ya en esta situación, sobre todo los mismos bailarines, y teniendo que dar explicaciones de que eso a lo que se dedican, también es un trabajo. Y no un trabajo como cualquier otro, ni solamente físico, en el que pasan el rato como quien va al gimnasio a hacer un poco de ejercicio, sino un trabajo durísimo tanto a nivel físico como a nivel psicológico, como es el de los atletas olímpicos.

Bien sabido es que España no es un país en el que la cultura del ballet esté presente. Este país no es como en el resto de países. Ni siquiera como Europa central, aunque más bien, ni siquiera como casi cualquier país de la Europa a la que pertenecemos, en cuestión al nivel de cultura de la danza (en verdad es en casi todo). Y eso que es este país tenemos unas excelentes escuelas de ballet, como lo son la de María de Ávila en Zaragoza, o la de Víctor Ullate en Madrid, de las que salen grandísimos bailarines, los cuales acaban yéndose a trabajar al extranjero, donde el reconocimiento profesional es mucho mayor y se los tiene mucho mejor considerados.

Qué hace a un bailarín tan especial

Muchos de ellos, desde que nacen, tienen unas cualidades físicas especiales que los hacen perfectos para ello. Desde que son pequeños, entrenan diariamente, pero no son conscientes y lo tienen como hobby. Su diversión es la danza.

Una vez están en la pubertad, si deciden seguir bailando, compaginan estudios, e incluso algunos hasta trabajo, con el entrenamiento diario. Sacan los estudios adelante como cualquier otro joven, pero con muchas más responsabilidades y quehaceres, pasando por las burlas de otros niños por ir a clases de ballet. Lo cual los hace fuertes física y mentalmente.

Una vez son adultos, y llevan 10 o 15 años dedicándose a ello, entran en compañías de danza a trabajar, en las que llegan a entrenar entre 6 y 8 horas diarias, a un altísimo nivel, casi de atletas de élite, cosa que sólo ellos pueden hacer.

Su trabajo no se limita a aprenderse una coreografía y a moverse por el escenario acrobáticamente. No son monos de feria a los cuales ir a ver por las cosas que son capaces de hacer.

Realmente quien sabe escuchar la música clásica, aprecia la delicadeza y la milimétrica precisión de los movimientos del bailarín. Estos, escuchan la música y la hacen suya, la tocan con sus movimientos y crean la armonía entre ésta y la danza.

Es digno de verlos trabajar, repitiendo, hasta rozar la perfección, y ver con la facilidad con la que captan todo en un santiamén.

El día a día no es nada corriente, aparte de levantarse temprano como todo el mundo para ir a trabajar. Toman clases y hacen estiramientos matinales para calentar, organizan el trabajo, y tienen largas sesiones de ensayos durante el resto del día.

No conociendo esto bien, podéis pensar, ¡bueno, tampoco es para tanto! Pero nada más sepáis que durante 8 horas hacen durísimos ejercicios diariamente, 5 o 6 veces a la semana, seguro que no es tan sencillo. Es un enorme esfuerzo atlético el que hacen estas personas, y que no todo el mundo puede llegar a realizar, a menos que lleves toda la vida haciéndolo, como llevan ellos.

La experiencia; probando el ballet

Para dar testimonio de su dureza física, un joven de 27 años, se presta a tomar un par de clases con bailarines de ballet profesionales en Austria, entre los cuales hay tres españoles.

"Nada más tengo que decir que lo intenté", fueron sus palabras. Siendo una persona que lleva haciendo deporte casi a diario desde muy pequeño, y habiendo practicado (no todos a nivel profesional) karate, natación, senderismo, escalada, medias maratones, triatlón y otros cuantos más, aguantó unos muy dignos 40 minutos por cada clase. Y eso que nada más tomó las clases de estiramiento, las cuales hacen por las mañanas para "calentar un poco" antes de darse la paliza, todo sea dicho.

Comienzan en la barra, unos sencillos ejercicios, los cuales se van complicando progresivamente, primero relajando los músculos y luego estirándolos al máximo, lo cual es horrible, aunque ellos lo hacen con una sonrisa en la cara, que parece que hasta les guste.

Después de 40 minutos de esos ejercicios comenzaron a temblarle las piernas y tuvo que sentarse y parar, empapado en sudor. Hasta ahí lo que pudo completar en ambas clases. Los días siguientes, tuvo tales agujetas, incluso en músculos que ni tenía la más remota idea de su existencia, que casi ni podía moverse.

En definitiva, estos chicos y chicas, están hechos de otra madera. Es gracias a estas cualidades por las que en otros países como Alemania, Holanda, los EE.UU, o Austria, a los bailarines se los trata igual que a estrellas.

Aparte de dedicarse a los que les apasiona, llegan a cobrar bastante dinero y tienen un gran reconocimiento profesional.

Así que cuando escuchéis u os digan "soy bailarín de ballet", sabed que tenéis ante vosotros, aparte de una posible estrella, una persona con uno de los trabajos físicos más duros, aunque también de los más bellos, que existen sobre la faz de la Tierra.