Ante que nada vale la advertencia: Histeria, la historia del deseo, que es en realidad la historia del Vibrador, el juguete sexual más vendido del mundo, es una comedia. Si se quiere, incluso, una comedia romántica. Y hasta puede sumársele un agregado que, en primera instancia, pareciera incompatible y sin embargo no va a desentonar tanto en estos tiempos donde los chicos vienen seteados de fabrica: una comedia para toda la familia.

Sinopsis de la película Histeria, la historia del deseo

Sabrá cada cual aquello a lo que quiere exponer a sus niños (que igual ya saben, quieran sus padres explicárselo o no). En tanto éstos se deciden, Histeria enseña a un joven doctor (Hugh Dancy), quién, a fines del Siglo XIX, es despedido de un hospital por sus excesivos cuidados higiénicos (básicamente: lavarse las manos, algo demasiado moderno para la época). El doctorcito encontrará su lugar en un centro privado, como ayudante de un doctor especialista (Jonathan Pryce) en curar la “histeria” con una técnica revolucionaria: un masaje en las zonas íntimas de sus adineradas pacientes.

Visión ligera para los inicios de la igualdad de la mujer en la sociedad

Entre el gag ingenioso y el tibio trasfondo del cuestionamiento del rol de la mujer en las sociedades modernas, el guión de Stephen y Jonah Lisa Dyer recomponerá otras líneas narrativas secundarias que harán al fluir de la historia: dos hermanas bien distintas que se enamorarán del joven doctor. Una es culta, femenina y vive encerrada en su cuna de oro (futura candidata al “tratamiento”); la otra, luchadora, dispuesta a ensuciarse para extender sus brazos a los humildes de su desigual ciudad. Mientras, el doctorcito deberá decidirse por una de ellas y, de paso cañazo, escoger entre la fortuna que recompensa ayudar a mujeres ricas o la satisfacción de llevar sus conocimientos de medicina a aquellos que mueren en las calles.

Crítica de la película Histeria

Esta comedia para toda la familia viene tan trabajada en la calidez por su directora Tanya Wexler que, por momentos, el film se autoimpulsará a un destino decorativo, quizá televisivo, la peli mientras la cocina se dora en el horno. Wexler propone un ágil, casi ligero tratamiento para su “historia del deseo” (¿verdad que el subtitulo suena a demasiado?). Su tierna muñeca se advierte en la liberada dirección de los actores (adorable Maggie Gyllenhaal como la hermana “rebelde”), en la elección de la dinámica edición y hasta en el correcto uso de escenografías y reconstrucción de época. Histeria no será la gran película que arroje conocimiento sobre las complejidades femeninas, pero es suficiente para que divertirse un rato frente a la pantalla, riéndose de algo que décadas atrás habría sido inconcebible. Notable evolución. La pregunta que queda flotando es si la evolución de las sociedades tiene como objetivo una sencilla comedia.