El paso del tiempo. Que todo lo modifica. Él y su inseparable secuaz, la nostalgia. Dos villanos que suelen conmover, torturar o teñir de grisácea melancolía los tiempos nuevos, los tiempos futuros, todo. La directora Paula Hernández (Herencia, Lluvia) trae a la pantalla grande una de esos dramas que, según la postura ¿escogida? del espectador, puede divertir, abrazar o reabrir heridas profundas de las más crueles. Un amor es, al menos en su propuesta, un film que hace honor a aquellas definiciones que aseguran que, en el arte, el significado lo pone el espectador. A vos, espectador: ¿qué te produce volver atrás?

Una amor, temática de la película

Lisa (Elena Roger) regresa al país tras décadas de viajes. Con poco tiempo de estadía en la ruidosa Buenos Aires buscará a Lalo (Luis Ziembrowski) y Bruno (Diego Peretti). Juntos, recuerda, conformaron un buen grupo, en los días de adolescencia. Bruno se halla casado, con familia y un buen trabajo en la redacción de guiones para la televisión. Lalo jamás dejó los suburbios y mantiene su taller de automóviles de siempre. ¿Qué fue aquello que los unió a los tres en el pasado? ¿Cuánto de la juventud puede retomarse y cuánto debe quedar en la condescendencia de los recuerdos?

Hernández y una película para dejarse llevar

Inspirada en "Un amor para toda la vida", cuento de Sergio Bizzio, Paula Hernandez dirige Un amor con dos líneas narrativas definidas: los sucesos del presente y el tiempo pasado, donde Lisa, Lalo y Bruno son interpretados por Denise Groesman, Agustín Pardella y Alan Daicz. Separados en largas secuencias, que suman escenas y escenas en un tiempo para recién después volver al otro, Hernández elude la vorágine narrativa con un criterio claro: el presente es consecuencia del pasado, pero éste último es inasible; no podemos volver a él. Elena-adulta, quien asegura que jamás pudo olvidar la juventud, contrasta con Bruno, quien ha continuado su vida y poco quiere saber de aquellos años. Aun con la formalidad de la gente adulta, sus dos posturas de vida chocan cuando la mujer le plantea juntar el grupo una última vez. La directora Hernández tiene el buen tino de reservarse algunas cuestiones para sostener la película sin recurrir a grandes conflictos ni intrigas argumentales: el pasado, ¿pisado?

Los tres adultos volverán a incurrir en las mismas torpezas de los tiempos (supuestamente) superados: celos, histeria, soledad.

Un amor, recomendable film con Ziembrowski, Peretti y Elena Roger

Un amor es una película de antes y despueses. Allá, iniciación sexual y amistad; aquí, añoranza y reclamo por un presente que no ha ido del todo bien. Si la propuesta es por demás interesante, la pieza dejará algunas irregularidades: la actuación del trío Roger-Ziembrowski-Peretti es claramente superior a la de los más jóvenes, quienes compartirán responsabilidades con Hernández en el poco vuelo de algunas escenas del pasado, en las que el texto no fluye con naturalidad; por otro lado, la sensación de cierta falta de potencia también revolotea sobre el film, sin llegar a posar sus garras de decidida quietud.

Entonces, Un amor resulta la película ideal para nostálgicos y emocionables. Estreno en Buenos Aires en coincidencia con La prima cosa bella, otro film de antes y después, la cinta de Paula Hernández plantea un prolijo guión, un cuidado estético interesante, y todo bajo el gran interrogante que vela el film: ¿alguna vez se termina de crecer?