Lejos del naturalismo tan habitual en el cine argentino y más cercano a aquella cruel (no) convivencia entre los eloi y los morlock de H.G. Wells, la primera película de Emiliano Romero llega a la pantalla grande. Se trata de Topos, una fábula fantástica desarrollada en los subsuelos y la superficie de una ciudad sin tiempo ni espacio. Una propuesta inusual en el cine argentino.

Sinopsis de la película Topos

Condenados a una existencia miserable y monstruosa, arrastrándose en galerías infinitas y techo a un metro de altura sobreviven los mismos de siempre, los pobres, los desplazados. Pero un día, el hijo del Topo (Lautaro Delgado), líder natural en los túneles, averigua que un nuevo alumno llegará a la refinada escuela de danza que se halla en la superficie.

El joven topo ocupará el lugar del bailarín Amadeo, pero su adaptación a luz del día no será sencilla. Mientras, el propio Amadeo sufrirá en carne propia la humillación de tener que subsistir en túneles y madrigueras, un sitio que nunca debería ocupar el ser humano.

Un film perturbador de formas monstruosas

Emiliano Romero recurre al desarrollo visual para darle soga a su historia. Con un buen trabajo de luz y cámara, Topos parecerá demorarse en el comienzo de la historia, pero cuando el ojo del espectador se acostumbre a las formas no convencionales (hecho que puede compararse, precisamente, con lo que demora el ojo humano en acostumbrarse a la oscuridad, metáfora útil a la lectura del film), una película de inquietudes interesantes dará inicio.

Lo mismo ocurre con las actuaciones. El registro grotesco, más cercano al teatro negro que al cine, acierta en algunos personajes y falla en otros. Un elenco importante (que incluye a Leonor manso, “el puma” Goity, Osqui Guzmán y Mauricio Dayub) corre distinta suerte, entre aquellos que se adaptan a la deformante propuesta y aquellos que no.

Crítica de Topos, película de Emiliano Romero

Topos no es una película para todo el público, eso está claro. Pero en sus formas alteradas, su camp furioso (de la vida subterránea) contrasta con inteligencia con el mundo de la danza y propone una perturbadora mirada. Por las elecciones estéticas hechas Romero entrega su film justo en la cornisa: para algunos se encontrará más allá del límite de lo ordinario, sitial que debe buscar el artista; para otros se habrá perdido entre lo desagradable. Será cada espectador el que decida.