El director Steve McQueen estrena su segunda película en Argentina. Una cinta de clases altas y privilegios económicos a alto costo se presenta con Shame, sin reservas. Una película que cuenta con la sana intención de llevar el cine más allá de su sitial de entretenimiento para convertirlo en un complejo análisis de la vida en las altas esferas de la sociedad moderna norteamericana, existencia reducida al alfer-office. Pero el modo de la “tesis” se rebela al director y gana protagonismo pronto: el modo del cine independiente, con sus formas y sus tiempos… ya gastados.

Shame, sin reservas, sinopsis de la película

Brandon (Michael Fassbender), oficinista bien pago del sistema económico estadounidense, es adicto al sexo. Amantes ocasionales, pornografía, prostitución, de todo un poco. Pero como todo adicto, Brandon no halla satisfacción al consumar los actos. Su controlada desolación se verá sacudida por la llegada de su hermana Sissy (Carey Mullingay). Fuera de su cruento orden, Brandon vera su vida arrastrarse hasta los extremos.

Cine de formas ajenas al circuito comercial

Shame, la historia de un hombre que todo lo tiene y vive preso de la soledad, es una de esas películas paradigmáticas del cine independiente, en lo bueno y en lo malo. La inquieta búsqueda de adentrarse en las conductas vergonzantes del ser humano que encaran tantos filmes fuera del circuito comercial está presente.

Shame, ideas y vicios del cine independiente

Pero también lo está la lentitud de relato, los diálogos que no fluyen con naturaleza, vicios típicos del cine off que parece nunca entender que el fin no justifica los medios, que la audacia de probar puestas originales siempre debe estar regida por la norma madre de la experimentación: si ayuda, welcome, si no ayuda, you´re fired. Despedida. Prueba y error. Nadie puede casarse con los trucos.

Soledad, sexo y hermandad en Shame, sin reservas

Shame, sin reservas, se enamora de varios recursos (al punto de repetir un hallazgo y una toma, filmada desde afuera de un edificio vidriado). Pero es en su visión de la sexualidad en tiempos modernos donde surgen momentos de desesperante intimidad que merecen destacarse. Tras su puesta de película de ciudad, puede adivinarse una infancia en la América pobre, ambiguo dato que le pone más relieve al asunto. McQueen tiene mucho para decir, será cada espectador quien decida si quiere enterarse qué. De momento, un cinta fuerte e intensa (con escenas de alto voltaje erótico y desnudos completos), larga, se ofrece en los cines. En una cartelera cooptada por películas para adolescentes, es bienvenida la variedad. Así el espectador puede elegir.