¿Y dónde está el fantasma?, traducción del mercado de A haunted house (un título, esta vez, sí, completamente desechable), es una nueva película de sátira de otra película. El recurso, que supo tener en los años 80s (¡treinta años atrás!) buenas entregas, se repite por enésima vez con menos y menos éxito en cada film.

Sinopsis de ¿Y dónde está el fantasma?

En torno a Marlon Wayans, de Una película de miedo, aquel film que parodiaba a la saga Scream o a La llamada, quién se acuerda, para el caso lo mismo da, ¿Y dónde está el fantasma? intenta encontrar jugo donde ya nada queda.

Como apuesta hay una leve historia. Keisha (Essence Atkins) se muda a la casa de su novio Malcolm (Wayans). Y en esta casa ocurren fenómenos extraños a los que los muchachos combatirán con cámaras: es decir, la burla va para la saga Actividad paranormal. Entonces habrá lo que ya conocemos por los filmes originales, mucha cinta de video, cámara en mano, puestas de cámara curiosas, en este caso, con el fin de divertir en lugar de asustar.

El difícil desafío de divertir

El problema es que no ocurre. Divertir. Si bien es cierto que el cómico es uno de los géneros más subjetivos para ejercer una crítica fundada (en otros géneros son analizables las estructuras narrativas, el manejo del suspenso, lo dramático del climax), con ¿Y dónde está el fantasma? parecen acentuarse las distancias culturales en el tipo de humor escogido. Wayans hace uso y abuso del gag más elemental. Desde lo escatológico, regresa al tipo de chiste que causa gracia en una sala de pre-escolar o primer grado. Desde lo sexual, lo de siempre. Una a una desfilan, en forma de burla, las fantasías que por estos tiempos ocupan presencia en la sociedad: el intercambio swinger, la filmación del video casero (¿vale preguntarse, al ver esta película, cuánto de propio tiene la cultura argentina si hasta las fantasías sexuales coinciden, oh casualidad, con las de la cultura de la potencia mundial?).

Crítica de ¿Y dónde está el fantasma?

Por supuesto al público que acude estas citas de sátira de horror poco le importa eso. A quienes que se animen le quedarán por delante hora y media de catarata de chistes de lo más vulgares sacudida a metralla. En el porcentaje de aquellos que hayan causado gracia estará la conclusión final. Si la mitad de los gags despiertan la risa nada habrá estado mal y ¿Y dónde está el fantasma? podrá haber resultado un buen entretenimiento. El problema, “el” problema, es cuando la curva de la ecuación comienza a bajar y bajar, acercándose peligrosamente a cero.