Los primeros minutos de Pompeya contienen la imagen que resumirá el film con exactitud: tres muchachos escriben un guión. Sin motivaciones intelectuales ni humanas ni históricas; enfrascados en su tarea, van desfilando barrios, personajes y estéticas. En una audaz idea que tendrá mayor aceptación entre el público joven y, en especial, en aquel que conozca o disfrute del libre proceso de creación, la directora Tamae Garateguy comienza un enroscado juego de meta-cine, es decir, de cine dentro del cine.

Sinopsis de la película Pompeya

Juan Garófalo avanza las hojas del guión que está escribiendo por encargo. En la pantalla, Dylan, su personaje malevo del 2000, cruza su camino con las mafias rusas y coreanas. Entre asesinatos, sangre, más apodos del mundo rocker (por allí se encuentra una Gibson, a secas, sin el Les Paul) y un triángulo amoroso en veremos, Garófalo deberá entregar el guión antes que las historias –la suya y la que se halla escribiendo– se crucen y la lógica creativa de los planos se encuentre con la de los tiros, que desechan el palabrerío y prefieren ir derecho a los bifes.

Un guión atrevido y una estética trabajada

Garateguy, quien debutara en co-dirección años atrás con Upa! Una película argentina, nunca pierde el espíritu lúdico, hecho que le da frescura al film, al sobrevolar la sensación de que Pompeya no se toma en serio ni ella misma y la cuestión es, antes que nada, disfrutar. De hacer cine. Disfrutar de girar una y otra vez el guión (el verdadero), de crear climas y estéticas crudas bien fotografiadas, de mover tanto la cámara que, a poco de empezar la película, el Dramamine se convertirá en el mejor amigo del hombre, reemplazando al despechado perro.

Contundentes actuaciones en Pompeya

Las actuaciones también aportan lo suyo: Joel Drut, José Luciano González, Lorena Damonte y Chang Sun Kim se destacan en un elenco donde todos los papeles se hallan interpretados con pasión y hasta las escenas de tortura son creíbles (algo poco habitual en el cine argentino). El cuidado del detalle estético que propone Pompeya es un hecho que sólo puede merecer aplausos.

Crítica de la película

Pero no todas son flores. Algo atenta contra Pompeya; proviene desde su propia concepción (divertirse haciendo una de Tarantino en el barrio de Nueva Pompeya) y la razón se encuentra en aquella imagen inicial de los tres muchachos haciendo el guión sin motivaciones intelectuales ni humanas ni históricas ¿Así nace una obra artística? El resultado es una película con los encastres bien resueltos, pero donde los personajes carecen de alma y su devenir en la historia resulta indiferente. Es imposible saber si este problema ha atravesado por la mente de Garateguy; la propia disposición de los guionistas al momento de escribir, en el comienzo del film, hace pensar que sí. La parodia de ese momento, entre cervezas y anotadores improvisados, jamás logra quitar la sensación de estar, en el conjunto de Pompeya, frente a, precisamente, una parodia. Quizá ese sea el mandato: disfrutar de hacer cine en una país donde hacerlo es bien difícil. Por cierto, jamás es recomendable ponerse en contra de la palabra “disfrutar”.