Hay algo que suena conocido en El gran casamiento, algo ya visto, un noséqué, un… ¡Eso es! El gran actor haciendo comedia. No sólo el gigante Robert de Niro, que de tantas de éstas que va acumulando ya no es tan inmenso sino que se va volviendo, año a año, comedia tras comedia, un cómico más. También Robin Williams, sencillamente un actorazo, Diane Keaton, Susan Sarandon y la lista sigue. Ya se ha hecho costumbre y no quedará más que aceptarlo: los grandes actores se mandan alguna cómica cuando pasan los sesenta. El humor va para ese lado: reírse de los años y cómo pegan estos en quienes ayer despuntaban peliculones, dramas complejos, thrillers indescifrables, auténticas visiones de vida.

Vieja fórmula para la comedia El gran casamiento

Tal vez sea Ritmo perfecto, la comedia a estrenarse en días en Argentina, la que mejor defina, en su contraste, a El gran casamiento: esa otra comedia trata sobre chicos impopulares que se abren paso en los concursos actuales de canto; la idea del film sobrevuela clarita: los tiempos cambiaron, ya no es época para lo que tuvo lugar diez años atrás. El tiempo pasa.

Robert de Niro en otra comedia de enredos

El gran casamiento vuelve a tener a de Niro en el rol de padre de novios jóvenes a punto de dar el sí. Exactamente el mismo rol que en la saga de los Fockers, apenas cambiando sus características personales. Y mucho más repetido aún, el film de Justin Zackham vuelve a trabajar sobre el concepto de dos familias de valores enfrentados reunidas para una boda. Como obviedad vale resaltar que las diferencias siempre van hacia lo mismo (como si Hollywood no conociera otras divergencias): una es liberada en lo sexual y la otra, conservadora.

Crítica de la película El gran casamiento

Los créditos aseguran que se trata de una remake de un film frances: Mon frère se marie, el dato poco aporta. La versión americana tiene humor constante, del bueno y del malo y siempre simplón. Tiene jóvenes de prima-prima (Katherine Heigl, Amanda Seyfried, Topher Grace) que se suman a ese elenco estelar. Tiene un guión poco original, pero que bien poco importaría en una apuesta de grandes nombres matándose de risa (y haciendo matar al público). Y tiene muchísimos personajes. La suma de nombres y nombres resta tiempo, así de simple. A cada cual un puñado de minutos (excepto a de Niro y Diane Keaton, en quienes la película parece pivotear, que cuentan apenas con unos minutos más). Esto no es tan grave, como nada en el film, al fin de cuentas, estamos ante una comedia de enredos. Y así van acumulándose los ni muy-muy, ni tan-tan. Nada es excelente, nada es desastroso, nada es muy gracioso, nada aburre. Aceptémoslo: lo tibio se adueñó de El gran casamiento.