Esto sí que es un éxito: Amigos intocables (Intouchables) convocó a más de 19 millones de espectadores en su país de origen, Francia. Lección para todos los cines del mundo: no hace falta el último efecto de tecnología, no hace falta un personaje sobre el que se han hecho ochenta y ocho remakes, no hacen falta ideas brillantes ni revolucionarias, no hace falta golpes bajos, ni hace falta una lentitud espantosa para reclamar prestigio. Dos buenos actores, Francois Cluzet y Omar Sy, un guión correcto y esa comunión con quien es imprescindible para que el acto artístico tenga sentido, el espectador: tan sólo eso precisaron los directores Eric Toledano y Olivier Nakache para que Amigos intocables haga hablar al mundo.

Amigos intocables (Intouchables), una película que emociona con poco

Pero más allá del éxito económico ¿es Amigos intocables una gran película? Si la pregunta viene con trampa y significa en realidad “¿se justifica tanta respuesta del público?”, es posible que la respuesta sea “no”. Sin embargo, la primer pregunta es más acertada para hacerse si el objeto en cuestión es cine. No importa tanto si el film resulta “la” gran película; importa con decir que se trata de una “buena” película y el “gran” se reserva para la experiencia: el espectador frente a la pantalla configura una gran experiencia. Esas que cada tanto logra el cine.

Sinopsis de la película

La historia es bien sencillota y ya se ha visto antes. Philippe (Cluzet) y Driss (Sy) habitan dos mundos completamente distintos y lo hacen de distintas maneras. Philippe es millonario y lo tiene todo, menos la posibilidad de mover su cuerpo del cuello para abajo. Driss anda con problemas de dinero, policiales, familiares, pero tiene las patitas listas para resolver uno a uno los bolonquis. Necesitado de empleo pero sin resignar la búsquedas de chicas, Driss terminará como asistente/enfermero de Philippe.

Y algunos detalles más: Philippe es blanco y Driss, negro en una Francia que lucha día a día por superar sus problemas raciales (esta diferencia le otorga el drama al film). Y Philippe ama la música clásica y la pintura y Driss, el hip hop y a sus ojos la plástica parece un buen curro para sacarle dinero a quienes les sobra (estas diferencias dan el lugar a la comedia).

Crítica de Amigos intocables (Intouchables)

Con la vieja fórmula de los desconocidos diferentes que se conocerán en el momento justo para completarse el uno al otro, Amigos intocables consigue aquello que resulta lo más difícil y para lo que se gastan millones y millones: tocar la fibra íntima. Y para hacerlo, los directores ni siquiera abusarán de los momentos de melodrama. Con un desfachatado joven de sonrisa radiante y un tetrapléjico que no es un amargado, pero tampoco festeja su condición, la película combina desdicha y humor en justa media, tan simple como eso. Y así llega al público, que se despide de la sala de cine con una sonrisa en la boca, de un modo simple pero contundente: 19 millones de franceses dan prueba de ello.