Toda la tensión en una situación. Ya hay varias películas de éstas en el cine de Hollywood y, nobleza obliga, sólo resta decir que el cine estadounidense lo hace como nadie. Después claro, quedan los demás ítems: expresividad, audacia, etc. Dejemos eso para discusiones posteriores. 911, llamada mortal sólo pretende un rato donde atajar al espectador a la butaca. Objetivo cumplido.

Sinopsis de 911, una película de Brad Anderson

Halle Berry, quien llegó hasta la Argentina para promocionar el film, compone a una eficiente operadora del número de urgencias. Pero todos pueden fallar y la pobre muchacha pifia en la conducción de una llamada desesperada. Tiempo después otra llamada la encuentra en el lugar que ella jamás pensó que volvería a ocupar, conteniendo emocionalmente a una adolescente (Abigail Breslin) que llama del lugar más urgido: el baúl de un automóvil, mientras un hombre la ha secuestrado para, según presagia la siniestra presencia de una pala, enterrarla. Sin la posibilidad de interrumpir la llamada, dará comienzo una persecución en vivo y en directo por rescatar con vida a la niña.

911, llamada mortal: una operada ante una situación crítica

El director Brad Anderson lleva las riendas de la narración con oficio y ritmo galopante. Como corresponde a esta clase de filmes (Celular, Enlace Mortal, etc), la gran apuesta de la película pasa por la pericia del director para asfixiar al espectador con un relato sostenido, que sin chances de pausas –esa no es la apuesta– debe mantener la tensión siempre arriba sin repetir recursos ni caer en (demasiados) lugares comunes.

Y es éste el gran logro de Anderson, quien estructura su relato en tres líneas narrativas que se entremezclan en pos de la intriga final: la operadora, la joven con el secuestrador y por último, los policías que van tras sus rastros.

Crítica de la película

Recién al final, 911, llamada mortal empieza a mostrar fallas. El final propone un cambio de tuerca a la propuesta y, peor aún, el guión comienza a caer en fraudes narrativos (la atadura que se zafa ya es un clásico, pero no deja de ser un fraude: la idea de someter a un personaje a una encrucijada es liberarlo por medios, fallas o aciertos que han sido tejidos con disimulo en la trama, no hacerlo por intermedio de ligaduras que se supone funcionarían pero no lo hacen). Los más desconfiados del cine de Hollywood tendrán, también, tiempo para desconfiar de la infraestructura que el film recompone; ese costado propagandístico que nunca falta.

Pero para entonces nada podrá empañar lo visto. Un buen rato de acción a mil por hora. Justicia detrás del criminal. Típico cine hollywoodense, que, por cierto, tan bien les sale.