Las acacias es el film de Pablo Giorgelli que ha transitado con paso firme en festivales, incluido el de Cannes, donde ganó tres de los premios más destacados, incluida la Cámara de Oro. Pero nada de eso tendría real importancia si no fuera porque detrás de los trofeos hay una película. Y esa película es Las acacias, pero no la de las medallas, la de las fotos y las alfombras rojas, sino Las acacias, la de un camionero que debe llevar a una joven mamá.

Sinopsis y argumento de la película

Argumento sencillo, humilde, corto: Rubén (Germán de Silva), de profesión camionero, transporta a Jacinta (Hebe Duarte) y su beba Inahí (Nayra Calle Mamani) desde Asunción del Paraguay hasta Buenos Aires, la capital argentina. Con la pesada carga de madera y la obligación de “charlar”, un auténtico castigo para el taciturno de Rubén, el camionero evitará abrirse a Jacinta, nada de historias de viaje, nada de sueños, nada de hablar de la familia, aunque las paradas darán cuenta de ella.

Una película de viaje y ruta

Las acacias es una road-movie, pero una tercermundista, por llamarla de alguna manera, una road-movie a la argentina. Como ocurre en cada auténtica película de viaje, insuperable metáfora del paso del tiempo, de la vida, los personajes irán modificándose en su interior, durante el trayecto. Rubén y Jacinta no serán los mismos una vez completados la travesía (¿sería demasiado halago para el film decir que el espectador tampoco será el mismo al caer los títulos?).

Las acacias, sentido film de Giorgelli

Giorgelli dirige la cinta con austeridad y sentimiento, como corresponde a un road-movie argento. Sin artilugios narrativos ni música estridente ni cámara o planos juguetones, el director se enfrenta cara a cara con el gran prejuicio que cuelga sobre todo film argentino, el llamado, puertas adentro, cine nacional: que su película no resulte aburrida. Está claro que Las acacias no es la película indicada para aquel que busca shock en el cine, ver en la pantalla grande lo que no puede verse más que allí. Y sin embargo, para aquellos otros que buscan en una sala oscura un nuevo relato que conmueva, Las acacias cumplirá holgadamente el objetivo.

Las acacias, para ver a corazón abierto

Con una atmósfera que remite a Historias mínimas, de Sorín, Giorgelli consigue trasladar sentimiento a sus personajes. Ese traslado, tan sencillo de señalar pero tan difícil de obtener es el que sustenta la película. Gran pregunta: ¿de qué se conforma una buena película? De grandes ideas ya es sabido que no. Las películas se hacen de hechos concretos. Como esos creíbles y excelentemente interpretados Rubén y Jacinta. Tan naturales, tan solitarios, tan concretos como los troncos que el camión lleva, los troncos de las acacias.