Lo almodovariano: personajes obsesionados por el sexo, las perversiones, el voyeurismo y el sadismo, porque éstas, sostiene el director, son las obsesiones de la gente de este lado de la pantalla. Tras los ochentosos inicios kitsch, Pedro Almodóvar se acercó al drama, quizá a partir de filmes como Todo sobre mi madre, quizá para relacionarse íntimamente con esa realidad que sus personajes eludían en pos de la ficción. De lleno en 2011, La piel que habito propone un explosivo combo de reclusiones, violaciones y orgías por doquier. Es decir, una adorable manga de perturbados, del primero al último.

La piel que habito, sinopsis de la película

En la clandestina clínica El cigarral, el Dr. Robert Ledgard (Antonio Banderas), cirujano plástico de profeso desprecio por los límites éticos de la ciencia, investiga sobre una piel artificial en una joven recluida, la bella Vera (Elena Anaya). Pero, ¿quién es Vera? ¿Por qué se somete al encierro? ¿Qué relación la une con Marilia (Marisa Paredes), la fiel ayudante del doctor?

Luego de una larga primer hora centrada en la dualidad Dr. Ledgard-Dr. Frankestein, Almodóvar comenzará un extenso flashback para explicar la concepción de la tensa reclusión de Vera, originada en una perversa venganza.

Un guión complejo, para desentrañar poco a poco

Pensada de atrás hacia delante, La piel que habito es un rompecabezas narrativo donde cada suceso tiene su causante en los años predecesores. Mezcla de cine de terror con suspenso, todo bañado en la desbordante sexualidad habitual en Almodóvar, el film distingue dos partes bien diferenciadas en su estructura: la primera, con varias intrigas y un poco del típico kitsch español (que desentona y comienza a cansar); y la segunda, donde la cinta vuelve a comenzar, con respuestas y texturas más siniestras.

La piel que habito, película en clave del más puro cine

Pero si aquellas obsesiones de lo almodovariano se concentraban en sexo, las perversiones, el vouyerismo y el sadismo de las personas, expuestas a través de personajes, en la nueva película del director el equilibrio realidad-ficción se inclina decididamente por la segunda, la decidida ficción. Los sucesos radicales que se suceden unos tras otros convierten a La piel que habito en una obra manierista, del cine hacia adentro, que reduce al mínimo la identificación del espectador por la historia.

La cuestión pasa por la ficción pura. Y el filme, en las sabias manos de Almodóvar, comienza a desarrollar una suerte de virtuosismo cinematográfico: guión, estética, temática son abordadas del modo más complejo, para extraer del celuloide el jugo más puro, néctar de cine.

¿Qué tan cerca del público se halla el cine-nectar? Ese el gran desafío que enfrenta La piel que habito, dejarse abrazar por la gente y no quedarse entre las dulces adulaciones del crítico o del estudiante. Algo de eso hay. La sola mención de los apellidos Banderas-Almodóvar, juntos tras veinte años y acompañados por Jan Cornet (cuyo tardío papel resulta decisivo), actúa como atractivo ineludible para las grandes masas. El film es todo lo contrario: una oscura propuesta contada del modo más erudito. Sabrá cada cual decidir si es ese es el tipo de cine que prefiere.