Todo está bien. Charlie (Julio Chávez) acaba de ganar el Pritzker de arquitectura; Julia, su esposa (Viviana Saccone), se halla feliz y enamorada tras largos años; Willy, el hijo de ambos, creciendo. Y en la biblioteca los libros reposan calmos. Pero. Siempre hay uno de ellos. Charlie guarda un secreto que lo tiene perturbado. Sí. Pero.

La cabra, en el teatro Tabaris

La cabra, o ¿quién es Sylvia?, la multipremiada obra de Edward Albee, se presenta en Buenos Aires y lo hace, ni más ni menos dirigida e interpretada por Julio Chávez, obsequiado por muchos con el incómodo rótulo de “mejor actor argentino”.

Lejos de entrar en la inútil polémica, Chavez-director (actualmente dirige Suspiros -ver crítica) tiene ya bastante con el libro en cuestión. Y qué decir del Chávez-actor que, sin arruinar el suspenso anticipado por el título de la obra, es quien se ha enamorado del Pero. La cabra Sylvia, viene con nombre y todo la mano, es el Pero. Pero que será detonante para su esposa, horror para el amigo, indignación para el hijo, pero genuino amor para Charlie.

Julio Chávez en doble rol: actor y director

Chávez ha ordenado la obra en tres segmentos: el de la calma, el de la explosión y el del desenlace. Con este sencillo ordenamiento, La cabra consigue todos los climas y va aportando las dosis de oxígeno que la obra precisa para desarrollarse narrativamente sin perder ritmo. Pero el mayor beneficiado es la apuesta ponzoñosa que distingue a la obra: La cabra comienza con un humor que podría calificarse ligeramente como humor absurdo, festejado por el público; sin embargo, la obra nunca detiene su ascendente cizaña ética, y a medida que la violencia moral, intelectual ¡escénica! continúan en aumento, las risas menguan en la platea. El texto de Edward Albee consigue, por medio de sus extraños diálogos, mezcla de drama y humor, de lenguaje fuerte sin caer nunca en el desborde, enfrentar al espectador con sus propios valores. Pacatería moral o sencilla normalidad compiten con perversión o simple enamoramiento.

Julio Chávez y Viviana Saccone juntos en La cabra

Ya inserto en pleno clímax, Chávez saca a relucir todo su talento y es la perfecta figura para darle a La cabra esa vaga ambigüedad que el texto declama: ¿hay que reírse u horrorizarse? El tono pausado del actor se sacude con las emociones reprimidas, tras cada silencio, en cada grito. Junto con una Viviana Saccone notablemente alterada, la pareja encuentra, tras un primer acto tímido, su mejor momento en el desenlace, como si ambos actores precisarán de la intensidad para desarrollarse.

Crítica de La cabra, obra de teatro en el Tabaris

Y es que de intensidad respira La cabra. Una obra que se había destacado con una mueca divertida al leer uno, por primera vez, la sinopsis, se convierte con el correr de los minutos en pura incomodidad, el gran mérito de la obra. Antes hubo tiempo para un seguro Vando Villamil, como el amigo de la pareja, y un correcto Santiago García Rosa, el hijo. Y una puesta oportuna, tanto en construcción como en destrucción. Como la vida de Charlie ¿verdad?, tantos años trazando la arquitectura predecible (¿y burguesa?) de su vida para destruirla de un plumazo, dejándolo todo por... por amor.

(La obra La cabra, o ¿quién es Sylvia? se presenta en el Teatro Tabaris, Av. Corrientes 831, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de miércoles a domingo.)