(Artículo publicado en 2012, con motivo del estreno de la obra)

Existe esa idea que sostiene que una persona inteligente no puede ser feliz ¿Por qué no? Porque no. Punto, no hace falta aclararlo: los inteligentes lo entenderán. Algo de eso le pasa a Cynthia, el personaje con el que Dolores Fonzi sale a la cancha del Chacarerean. Vino a Buenos Aires a estudiar geología, adora a Silvio Rodríguez, anda por los veinte y tiene ideales, fuertes convicciones sobre el uso de la tierra y una genuina naturaleza por el saber, pero también por la reflexión existencial. Se encienden las luces de su depto de estudiante, invadido por dos compañeros de la facu: la tontona pero dulce Roberta (Violeta Urtizberea) y Gonzalo (Eze Díaz). Empieza Isósceles, una encantadora comedia que tiene bastante para decir.

Sinopsis de Isósceles, obra de teatro en tono comedia

Época de tepés (¿se sigue diciendo así a los trabajos prácticos?) en la facultad. Los tres amigos se reúnen en casa de Cynthia a dar forma final a una monografía. Apenas salidos de la adolescencia, los jóvenes apenas pueden con su entusiasmo por la vida y con la, ejem, calentura de sus cuerpos. Se trata de una de las edades más bellas de la vida donde todo es posible, sólo es cuestión de buscarlo. Ellas dos compiten, como buenas mujeres que son; y él las desea a las dos, como buen varón que es.

Años después los amigos vuelven a reunirse en el mismo departamento, entonces hogar del matrimonio que Cynthia y Gonzalo han consolidado. Son docentes, tienen un trabajo noble y se quieren. Pero "la boluda" de Roberta fue más pragmática: obtuvo un puesto en una petrolera, lugar que de jóvenes habían jurado no pisar. Ése es el precio a pagar por conservar los ideales y ser inteligente: la plata, los viajes, la champaña y ¿la felicidad? la tienen los tontos.

Mariana Chaud dirige a Fonzi, Urtizberea y Díaz en el Chacarerean

Mariana Chaud ha trazado las líneas de un adorable triángulo amoroso, por llamarlo de alguna manera. Con ciertos guiños televisivos, dos actrices populares (y muy correctas en lo suyo), su comedia ligera, Isósceles, no es tan simple como podría aparentar a primera vista. Debajo de su fachada de gags pavotes (que funcionan olímpicamente) una historia de crecimiento y frustración le sirve de base a los personajes para desarrollar su humor tonto; excelente combinación de chistes llanos que ganan sentido porque tienen un background donde apoyarse.

Isósceles, crítica de la obra de teatro

Lo mismo cuenta a la hora de analizar la obra en detenimiento: la recomposición de la adolescencia se arma de infinitos detalles ("¡Detalles! no se puede ser artista sin cuidar los detalles", explica Norma Aleandro en su brillante Master Class -ver crítica), detalles que podrá reconocer, no sin una gran cuota de nostalgia todo aquel que ha cursado al menos un año de facultad. Luego, el paradero de jóvenes es hogar de adultos: la evolución de los personajes tiene tanto que ver con la idiosincrasia argentina que asusta.

Con todos los rubros técnicos resueltos sin grandes audacias pero sin errores, Isósceles (el triangulo con dos lados iguales, ¿hace falta aclarar?) jamás pierde su forma de comedia. Aún cuando una cruel pizca de drama asome -la cruel distancia entre aquello que, sentimos, podríamos ser y no somos-, la dramaturgia de Chaud permite asociar estas ideas sin resignar lectura, algo que, en temáticas similares, no consigue el musical Frustrados en Baires (ver crítica). Quizá porque hay lugar para todo, humor, reflexión y narración. Chaud ordenó los elementos. Y todo entró.

Violeta Urtizberea ilumina Isósceles

A modo de bonus-track, un último párrafo (y que no se ofendan Dolores y Ezequiel) para Violeta Urtizberea: ella es un faro que todo lo ilumina. O, como buena anti-heroína que es, más bien una linternita. Como sea, Violeta despide luz: luz de teatro.

(La obra se presenta en Chacarerean Teatre, Nicaragua 5565 - Ciudad Autónoma de Buenos AiresFunciones: viernes y sábados 21 hs. Localidades desde $70.)