Marche un par de Ays para el cine de Kaurismäki: un Ay por aquello que enfrenta (desigualdades, inmigración, racismo), viejos vicios que el mundo moderno no sabe o no puede o no quiere solucionar, y un Ay para el modo en el que lo hace (con un cine cuyas formas bien podrían haberse filmado medio siglo atrás). El puerto, su nueva película, es un film de nobles propósitos y formas anticuadas.

El puerto, sinopsis de la película de Kaurismaki

Marcel, (André Wilms), viejo bohemio que, puede adivinarse, se preparó para un mundo que nunca llegó, lustra botas en una ciudad portuaria de Francia, vecina al mar y más allá debe andar Inglaterra. En la pobreza extrema, su vida se desarrolla en una casilla del puerto junto a su dedicada esposa Arletty (Katy Outinen), en una irreal armonía que la falta de ingresos no consigue alterar.

Pero la rutina de Marcel se alterará cuando un niño africano aparezca escondido tras amarras, en los muelles del puerto. Marcel y el grupo de vecinos se unirán para evitar que la policía deporte al chico de regreso a su África natal.

El puerto, un film sobre la inmigración

Kaurismäki parece retroceder a momentos anteriores a aquellos que la reciente 35 Rhums (ver crítica), quizá demasiada positiva en su lectura, intenta contar: la inmigración desde países pobres integrada, o no, a las sociedades de los países ricos.

También puede entenderse el film como la contracara perfecta de Elefante Blanco (ver crítica): en aquella, la problemática es expuesta en carne, a pura tensión; en El puerto todo es parsimonia, dulzura y paciencia. Pero también, en El puerto la problemática figura adelante en la trama; en Elefante blanco, la problematica es disimulada en la convivencia de culturas en la villa.

Una película de formas redondeadas para temáticas duras

El puerto tiene un aura de fantasía que sobrevuela aun sobre el realismo extremo de la problemática y las locaciones del film. Con personajes pintorescos hasta lo imposible, con diálogos extraños, actuaciones exageradas, Kaurismaki se las ingenia para sacar jugo de cine reflexivo de un guión naif. La apuesta parece clara: una caricatura de los tiempos para reírnos amargamente de estos, al modo de las tiras que ilustran las contratapas de los matutinos.

Crítica de la película El puerto

Por momentos el objetivo se logra. El film empuja al espectador medio a ponerse del lado del pobre y del inmigrante ilegal (algo que no siempre sucede en la vida real). Por esa caricia al alma y a la tolerancia y la comprensión, El puerto merece un sitio destacado en el panorama del cine actual. Lamentablemente, las formas escogidas por Kaurismaki no tendrán eco en la población que será la encargada de diseñar el futuro. Se hace difícil imaginar chicos jóvenes frente a la pantalla, sentados con expectativa ante una cinta donde el policía parece salido de la Pantera Rosa, donde los tiempos no tiene más apuro que el de disfrutar del desarrollo que contar una historia. Historia de tiempos modernos. De desigualdades y de inmigrantes ilegales. De nuestra historia.