Delicado. ¿Cómo afrontar en cine la problemática del autismo sin caer en la parodia de mal gusto sobre un tema del que nadie quiere tomárselo en broma? Pero cómo filmar, también, sin caer en los vicios del melodrama, género que suele abrazar las narraciones que giran en torno a enfermedades o, en este caso y puesto que el autismo no está considero una enfermedad, naturalezas distintas? Todo eso pasó por la mente de Rodolfo Carnevale al momento de filmar El pozo. Que algunas veces consiguió eludir de la trampa, y otra no.

Sinopsis de la película El pozo: Pilar es autista

Franco (Eduardo Blanco) y Estela (Patricia Palmer) conforman están casados desde hace décadas, cuentan con un buen pasar económico y tienen dos hijos: Pilar (Ana Fontán), autista, y Alejo, frustrado por la situación de su familia.

Pero convivir con Pilar no es sencillo. Estela ha dedicado sus días a su hija y Franco es un padre cariñoso. Pero Alejo, en plena etapa escolar y enfrentado a la crueldad de los chicos, está cansado de su hermana. Los problemas aumentan en la familia y en el horizonte surge una alternativa, internar a Pilar.

Una película con una postura válida

El sitio que elige Carnevale (coguionista junto a Nicolás Manservigi) para contar la historia es interesante. Elude la corrección y se posa crítico de la familia unita que todo lo ama y acá está todo bien. El personaje de Alejo (un correcto Tupac Larriera) da sitio a lo innegable de la situación: algo es diferente y es inútil querer preservar la naturalidad. La vida que Estela quiere para su familia, aun intentada e intentada, se vuelve insostenible. Semejante crueldad narrativa le da altura al film y permite buenas escenas.

El pozo, melodrama sobre el autismo

Pero si el sitio desde dónde contar la historia resultaba un punto de partida intenso, las formas adoptadas por el director caen en la trampa: a pesar de la advertencia de tantos filmes anteriores, El pozo cae en el relato melodramático. La alternancia de “momentos buenos” con otros malos comienza a perder su efecto superada la mitad de la película. La cinta comienza a extenderse en subrayados innecesarios y los cambios propuestos para superar los problemas de ritmo (escenas poco trabajadas en los que el mundo interno de Pilar es puesto en imágenes) no consiguen su cometido.

Crítica de la película

Las resoluciones técnicas están impecables. La infraestructura montada en la provincia de San Luis le permite a Carnevale filmar sin limitaciones molestas. Las actuaciones también aportan. Eduardo Blanco, Patricia Palmer y Ana Fontán dan lugar a la cotidianidad de un modo creíble sin recurrir a sobreactuaciones innecesarias. Pero interesante como es, El pozo lucha contra una trampa mortal: con el correr de los minutos comienza a aburrir; algo que, por más noble y compleja sea la problemática a tratar, suele no ser perdonable en cine.